De buses, libertades y alitas rotas

por Felipe Vega Leiva



Sobre Felipe Vega Leiva

Iba en el auto con mi madre, sub directora de un colegio en la comuna de Puente Alto, Educadora de párvulos de profesión, y toqué el tema del denominado Bus de la Libertad. Sin descuidar las curvas del catorce de Vicuña Mackenna, sus ojos se cristalizaron, sus manos al volante se empuñaron como ahorcando al asesino de sus hijos, como queriendo devolver con la misma tiranía la violencia que recibe a diario cada estudiante transgénero que pasa por su oficina.

Al cambiar la marcha del vehículo extiendo mi mano izquierda para contenerla, y revivo en segundos la historia que nos une. El llamado de salir (o de quemar) el clóset que hace casi diez años vivimos, fue un paso en conjunto que muchas familias dan: aceptar al hijx gay, vivir como lesbiana, resistir como transexual, romper el silencio bisexual, destruir la normatividad; un proceso que aguantamos con cicatrices de risas en la espalda(1), y que también nuestras madres y padres, nuestras familias y nuestrxs amigxs en su medida vivieron, o deben algún día vivir. Todo el dolor y el rechazo, la resiliencia característica de esta patria, taconeada y zapateada, pateada en la cara, sangrentada incluso como los mártires de la Diversidad con sus nombre en la Ley; todo el dolor que parece esta tierra tiende siempre a olvidar. Porque de nada sirve que la Intendencia de Santiago permita marchas multicolores, que el MINEDUC hoy nos hable de diversidades, que la Ley de inclusión y los baños mixtos… si al primer puñalazo de la orquesta conservadora internacional el gobierno aceptaría el pase matonesco del bus transfóbico.

El bus de la libertad nos sacó lágrimas. Nos conmueve porque nos destruye, porque retrocedemos. Escribo con rabia y con pena por el país que tenemos. Por esa libre expresión tan manoseada por la ultraderecha conservadora. Por esta franja triste que a usanza de la libertad de expresión permite que, por ejemplo, un hombre de más de cincuenta años, el jueves en la manifestación contra la violencia de Género gatillada por el caso de Tea Time –repudio–, nos gritara en la calle “les pasa por meterse con tanto hueón”, endosando una vez más las responsabilidades de la violencia hacia las víctimas.

El bus de origen español viene bajando por Latinoamérica como replicando la historia que hace quinientos años nuestra Abya Ayala sufría en la colonización y destrucción de la diversidad etnográfica del continente. El bus viene bajando por la cordillera matando los derechos de los niños y las niñas que no se ajustan a la norma de este sistema, contra las niñas y los niños que sólo pueden descubrir el amor y la libertad siendo aceptados con los colores que ellxs han decididos para su vida. El bus viene a toda velocidad, tan rápido como las palabras de su vocera histérica, acusando que el feminismo empoderado ha corrompido la vida de lxs niñxs, como si los muertos de nuestra historia no tuvieran en sus tumbas las marcas de su ideología.

Lo de hoy es un escenario asqueroso, incitante al odio y el menosprecio de niñxs cada día menos libres, es transfóbico; denigrante a más no poder. Me siento impotente y triste por quienes festinan con esta lumbrera de violencia contra las diversidades sexuales; me siento asqueado de tanto comentario en internet comparando un bus discriminador y coartador de derechos humanos y educativos, con una marcha Gay que promueve y exige derechos civiles. Me repugnan los comentarios que hablan del supuesto Lobby Gay porque un par de homosexuales tengan la necesidad social y económica de unirse en el matrimonio, que se compare nuestra réplica contra el Bus naranjo –color más facho, porfa– con las acciones militares de este país hace más de treinta años. Me da rabia leer adultos y jóvenes defendiendo el tránsito libre de esta comarca asesina, haciendo hincapié en nuestra intolerancia, como si besarnos en la calle fuera reprochable, como si al ver a dos mujeres expresándose cariños callejeros, sus hijos dejasen de tener derechos, dejasen de tener un nombre, dejasen de poder soñar con su futuro. Chilenos y chilenas detrás de una foto de facebook, ofendidos por nuestro amor y añoranza libertaria, sin cuestionar jamás las letras misóginas de la música de la Radio Carolina o las tetas sueltas en las teleseries de la tarde. Me da vergüenza este país ignorante e intolerante, capaz de caer curtido en el freno de las libertades fomentadas por los grupos conservadores.

Tengo rabia incendiaria en mis manos. Vergüenza por este Chile, jaguar de fútbol y lombriz de derechos, campeón de américa en la desigualdad económica. Chile de incompetentes, gobernado por hombres que darán un sí al mejor postor (o pastor, qué se yo). Tengo lástima de que se nos pase la vida luchando y marchando y jamás veamos a niñas y niños no-heterosexuales pudiendo de verdad vivir bien, educándose de igual a igual; sin obligaciones en su actuar, en sus ademanes; sin colores determinados.

Tengo pena por lxs niñxs que seguirán naciendo aturdidxs por la idea nefasta de que hay una sola forma de ser hombre, y otra sola forma de ser mujer. Porque esa es la única ideología del género, la ideología impuesta de cómo tenemos que ser; la ideología impuesta que tenemos que hacer arder.

(1)Referencia a Lemebel



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