Venezuela: ¿Quién piensa por nosotros?

por Javier Pineda Olcay



Sobre Javier Pineda Olcay

Si le preguntamos a nuestros familiares o amigos por el peor gobierno del mundo probablemente nos respondan Venezuela. No importa que los estándares internacionales de desarrollo humano de Venezuela estén por sobre el promedio de los países de América Latina. Tampoco parece importar que en México mueran 23.000 personas al año (más que en Afganistán e Irak) o que sea el país con más periodistas muertos. No importa que en la mayoría de los países del Caribe y Centroamérica hayan altísimos niveles de desnutrición infantil o los índices de pobreza alcancen a cerca de la mitad de la población, a diferencia de Venezuela.

Pareciera no importar que en Brasil el actual presidente, Michel Temer, esté ahí a través de un golpe de Estado blando o que esté acusado por corrupción. No importa que las medidas económicas de Macri en Argentina tengan a la mitad de la población en la pobreza. No importa que en Colombia maten todas las semanas a dirigentes sociales. El peor Gobierno sigue siendo el de Venezuela.

¿Por qué la mayoría de las personas sigue pensando que es el peor Gobierno del mundo si el 99% de ellos nunca ha estado ahí? Por la prensa, quizás. Todos los días vemos en los noticiarios televisivos y en las portadas de los periódicos malas noticias sobre Venezuela. No importan las atrocidades que se cometan en otros países, siempre son más importantes las “heroicas” manifestaciones venezolanas (sólo de la oposición, porque ni siquiera muestran las multitudinarias marchas del chavismo).

Los mismos medios de comunicación que criminalizan a los estudiantes y mapuches en Chile por manifestarse tratan a los encapuchados que QUEMAN PERSONAS como luchadores por la libertad. Las bombas mólotovs lanzadas que incendian instituciones públicas en Venezuela y ponen en riesgo la vida de personas son justificadas, mientras que esa misma molotov que se lanza en contra del capital forestal en el Wallmapu es un arma terrorista. El actuar de la policía venezolana para disolver las manifestaciones que alteran al orden público es considerado como un acto represivo y tiránico, mientras que el actuar de la policía que golpea a mujeres, niñas y niños, estudiantes, mapuches en Chile es considerado como un deber que permita restaurar el orden público y “defienda” a esas mayorías silenciosas que no se manifiestan.

Lo mismo hicieron con Libia. Un país absolutamente desconocido en el norte de África pasó de un día para otro a ser preocupación mundial. Aquellos países que no se quejaban hace unos años cuando tenían acuerdos comerciales con Gaddafi, ahora lo consideraban un tirano del cual debían proteger al pueblo libio. No importaba que la mayoría de los gobernantes del “primer mundo” que apoyaban (y siguen apoyando) en África y Medio Oriente sean dictadores. El único país en el cual importaban sus “condiciones humanitarias” era Libia, a pesar de que sus índices de desarrollo humano hayan sido los más altos de toda África. Vaya coincidencia: Libia era uno de los mayores exportadores de petróleo y sus recursos se encontraban en manos del Estado.

Puesta en escena conocida: (1) desprestigio en la prensa; (2) financiamiento a oposición y mercenarios contratados para desestabilizar algunas zonas del país; (3) reconocimiento como interlocutor válido a la oposición; (4) inventos de ataques o auto-atentados de la oposición y generación de clima de “intervención humanitaria”; (5) decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para “intervenir humanitariamente” (a veces se pueden saltar este paso, como en Irak); (6) asesinar al “dictador”; (7) privatizar el petróleo. Y pareciera que este último es el objetivo: luego de la “intervención humanitaria” en Libia, a nadie le importa que el país esté sumido en el caos, que gran parte de su territorio esté controlado por mercenarios y por organizaciones terroristas como Al Qaeda. Tampoco importa la crisis de refugiados ni que las condiciones de vida de las personas en Libia sean mucho peor a los momentos anteriores al bombardeo “humanitario”.

Vaya coincidencia: Venezuela es el país con mayor reserva de petróleo del mundo y su explotación se encuentra en manos del Estado desde el Gobierno de Hugo Chávez. A diferencia de los más de 30 días que se demora en llegar el petróleo de Medio Oriente a Estados Unidos, el petróleo de Venezuela tarda menos de 5 días. ¿Será esa la verdadera razón del ataque mediático a Venezuela?

Hace unos días un inspector de la policía científica de Venezuela se robaba un helicóptero para disparar ráfagas de balas y lanzar granadas en contra del Tribunal Supremo de Justicia. Este hecho hubiese sido condenado por toda la comunidad internacional si se hubiese tratado de otro país, pero como se trataba de Venezuela los gobiernos autodenominados como democráticos guardaron silencio. Los medios de comunicación trataron el hecho prácticamente como una anécdota, destacando que el autor de los hechos era actor, además de inspector de la policía científica de Venezuela.

Las editoriales y noticias en contra del Gobierno venezolano no paran. El boicot económico tampoco. Mientras en los supermercados y locales de abastecimiento los productos escasean, en los barrios altos los almacenes no tienen problemas. Como siempre, el pueblo es el que sufre las consecuencias de las acciones de los poderosos para recuperar sus intereses. Al igual que en Libia y en Irak, están creando las condiciones para intervenir militarmente a Venezuela. Da igual si el discurso de la oposición sea ahora “más democracia”, “más libertad” o “más comida”. Están decididos a destituir al Gobierno de Maduro cueste lo que cueste. No dudan en sacrificar a un pueblo para recuperar las riquezas del petróleo en beneficio propio. Esto lo vivimos en Chile. Los poderosos de siempre se dedicaron a desabastecer la economía local para que hubiese grandes filas buscando alimentos y se acrecentara el descontento popular, mientras que los ricos nunca pasaron hambre. Al día siguiente del golpe de Estado todos los mercados se encontraban con alimentos. Miles de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos fueron el precio a pagar para “eliminar las colas” para la comida y saquear hasta el último recurso del país.

Frente a la guerra sin cuartel de los poderosos del mundo y de Venezuela en contra del pueblo venezolano no se puede ser vacilante. Venezuela está lejos de ser el paraíso y como todo proceso de transformaciones sociales está lleno de tensiones y se han cometidos errores. Pero el proceso bolivariano ha significado que Venezuela se haya transformado en un pueblo soberano y un apoyo vital para los procesos transformadores en toda Nuestra América, además de lograr un avance notable en el acceso a derechos sociales y derechos humanos en general del pueblo venezolano.

Sabemos que cuando el Imperio mete mano, los que sufren son los pueblos. No les bastará con privatizar el petróleo y privatizar los derechos sociales, también comenzarán con los asesinatos y desapariciones como ha sido lamentablemente frecuente en los países de la periferia.

Y si esto es así, ¿por qué seguimos odiando a Venezuela? No dejemos que piensen por nosotros los medios de comunicación que están al servicio de los poderosos: nos hacen amar al opresor y odiar al oprimido. En estos momentos de crisis en que están en juego las posibilidades de éxito de los procesos revolucionarios en Nuestra América, no podemos ser indiferentes y tenemos el deber de solidarizar activamente con el pueblo venezolano.



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