Viejos de mierda

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Uno mira la discusión por el aborto en el Senado y se pregunta,
Qué se creen estos viejos de mierda,
Qué saben del dolor físico, del drama emocional de un aborto,
Para acusar bañados de virilidad vencida a las mujeres como mentirosas,
Objetos eternos de sospecha, de su oscura sospecha, sospecha de su maldad inherente que las llevará a engañarnos a nosotros los hombres de la ranciedad decimonónica.
Viejos de mierda, como el Chico Zaldívar, enano maldito, como le dicen desde hace medio siglo.
Cómo no te aburres, Chico, de medio siglo molestando. Cómo no te aburres Chico Zaldívar de inventarle trampas a cada proyecto de ley que signifique progreso para esta República.
Cómo no te aburres de vivir y morir en una cocina, con secretos, triquiñuelas que descubres en el aburrimiento de pensar que te está superando la Historia.
Viejos de mierda son. Viejos de mierda son los que colocan el fundo por sobre el respeto, los que como Alejandro García Huidobro acusan que con la causal de peligro de vida de la madre ahora “cualquier mujer puede argumentar que su vida está en riesgo, argumentar una depresión o intento de suicidio”, como si morir fuera un deporte.
Qué sabes tú del riesgo, qué sabes tú de amenazas fúnebres en cuerpos que no te pertenecen, en mentes y en espíritus, fuertes, frágiles, que ves como instrumentos, como la desobediencia que escapa de tu propiedad.
Viejos de mierda, acostumbrados a ser dueños.
Dueños del diferente, dueños del que no tiene, dueños de todo y de todas.
Viejos de mierda, como Hernán Larraín, otro dueño de todo, de todas, que vomita en el dolor vivo cuando dice que la despenalización “se abre al abuso para que, en nombre de la inviabilidad, muchas personas, muchos niños que están por nacer no puedan hacerlo bajo ese pretexto”, como si las mujeres fueran diablos, demonios, las brujas de la edad media, insensibles, que botan a la basura a los hijos si vienen con un síndrome especial.
Viejos de mierda, con el corazón arrancado, arrancado y destrozado, como Juan Antonio Coloma gritando que “bien presas están” las personas que han realizado abortos dañando la “moral”.
Viejos de mierda, frescos de nazismo, naturalizados en el desprecio, en la normalización del asco por los fuera de la norma.
De mierda Alberto Espina, cazador de brujas del siglo XXI, fiscal inquisidor de todas las mujeres de Chile, a las que acusa de prestarse para mentir cuando aborten por violación, a las que acusa de incubar un “círculo de impunidad”.
Ojalá se acaben pronto, viejos de mierda,
Ojalá se cansen de infectar al universo
De suspicacia,
De esa hombría de guasca poseyendo a “chinas del carajo”,
De esa dependencia del poder violento,
De verbo y obra,
Que los mantiene vivos dando las batallas más ruines,
Las batallas del desprecio a sus supuestos inferiores,
Las batallas del lado equivocado de la Historia,
Esas que inscribirán en sus epitafios las frases más absurdas de un siglo que no les reservará gloria.



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