El peor vecino de Chile

por Adrian Prieto Farias



Sobre Adrian Prieto Farias

Al peor vecino de Chile yo lo conocí en Maipú. Viví cuatro años en una casa aledaña a la suya, aunque la verdad es que él era el que estaba en todas partes. Todos quienes nacimos en el barrio lo respiramos y sentimos diariamente, y ahora de grande, entiendo que está presente en todo el país.

Llegó en los años ´30, se introdujo en viviendas sociales, colegios, plazas, buques, recintos deportivos, redes de agua potable, techos, murallas y un largo etcétera. Lo hizo como materia prima para construir gran parte de lo que pueden ver alrededor.

El peor vecino de Chile ha sido capaz de arrebatar más de 1500 vidas de trabajadoras y trabajadores; madres; padres; hermanos y amigos. De manera silenciosa e imperceptible, por años, legitimado para existir entre las sombras; como el mejor amigo de los poderosos; grandes grupos económicos; dueños de medios de comunicación y de los políticos serviles al neoliberalismo, encubierto entre esas redes ajenas al dolor que provocó. Nadie notó ni nota de su existencia.

Fueron esos grupos económicos quienes lo trajeron. Ellos pusieron al Asbesto o Amianto a convivir con nosotros, con los trabajadores de Pizarreño y sus familias en Maipú, en San Pedro de la Paz, en Indubal, en empresas de Tocopilla; Copiapó; Antofagasta y Valparaíso. Lo metieron en los pulmones de los trabajadores de Asmar que se expusieron en el desguace de los barcos en Talcahuano y otras ciudades; en las refinerías de ENAP; el asbesto recorre Chile por las redes de agua potable de ESVAL, AGUAS ANDINAS, AGUAS ANTOFAGASTA y ESSBIO, entre otras sanitarias. Hasta el día de hoy está en las cañerías y muchos no lo saben. Son los mismos que pusieron asbesto en bocamina I, y los mismos que mandaron a la empresa Akeron caf a retirarlo sin medidas de seguridad apropiadas para los trabajadores.

Los responsables del genocidio del asbesto han sabido ocultar el peligro de convivir con el mineral de manera impecable, me atrevería a decir que muchos quienes están leyendo ahora esta columna lo hacen bajo un techo con asbesto, y es primera vez que escuchan hablar de él. Así de eficaz ha sido el bloqueo de la información que mantuvo y mantiene al país ignorante en el tema.

Solo la inmolación de Eduardo Miño logró despertar a Chile en algún momento, y de no haber sido por la llama que se encendió aquel 30 de Noviembre del 2001 frente a la moneda, el asbesto hoy no estaría prohibido.

El Asbesto es un mineral mortal, abolido en más de 70 países del mundo, que provoca enfermedades pulmonares que no tienen cura, las que consumen la vida lenta y dolorosamente; la asbestosis y el Mesotelioma maligno, entre otras. Ambas enfermedades solo son provocadas por el asbesto, no tienen otra causa.

Al igual que la existencia del mineral, estas enfermedades se esconden silenciosamente en los pulmones, pasando desapercibida por décadas, hasta que se decide atacar mortalmente. No son más de diez meses los que vive una persona diagnosticada con un mesotelioma maligno, y en todos los casos en el mundo la enfermedad ha sido imposible de curar.

El peor vecino de Chile, aun provocando tanta muerte y sufrimiento, goza de impunidad y plena vigencia. Aun estando prohibido en Chile, las políticas públicas de remoción del mineral han sido insuficientes para solucionar el problema socioambiental, y las políticas públicas para enfrentar las enfermedades provocadas por el mineral son nulas o desconocidas.

La peor parte se la llevan quienes no son ni fueron trabajadores, porque ellos no están cubiertos por la ley 16.744. En el caso de exponerse y contraer alguna enfermedad, no solo estarás condenado a morir, sino que también a empobrecer a tu familia, a endeudarla y hacer más difícil el proceso de tratamiento y la posterior partida. Porque hasta para morir injustamente es necesario pagar en Chile.

Para llegar a tener conciencia y voluntad para denunciar este genocidio industrial tuve que ver morir a mi papá a los 53 años de edad, y después de 6 años de lucha junto al Movimiento Unidos Contra el Asbesto, sigo viendo injusticia y muerte.

Solo hace un poco más de un mes falleció Claudio, a quien conocí desde niño, nunca trabajó en una fábrica que ocupara asbesto, pero sí su papá. Tenía 47 años, dos hijas, compartí muchas veces con él, y como me ha pasado tantas veces en estos años, desde su funeral tuve que hablarle a mis vecinos, familiares y amigos para remover nuevamente su conciencia y recordarles quiénes son los responsables de tanta muerte, y cuan necesario es enfrentar de pie y luchando el eterno problema que nos persigue. Siempre nos encontramos frente a un ataúd, siempre nos topamos año tras año con la muerte, lamentando otra despedida, arrepentidos de soportar tanta impunidad.

Por el bien de Chile, esto no puede seguir pasando frente a nuestros ojos, sobre todo teniendo en cuenta lo que dicen los investigadores y expertos en las enfermedades que provoca el asbesto, que aún no alcanzamos en Chile el “peak” de enfermos y muertos por mesotelioma pleural.

Yo espero que estas líneas sirvan de alguna manera, para que quien las lea, no permita que nuestro inexorable peregrinar con la injusticia y la muerte sigan quedando impunes en la desinformación y el desinterés. Que se sepa, que otra vez somos los más sencillos quienes seguimos pagando con la vida el precio de la prosperidad de unos pocos.

“Nuestra alma que desborda humanidad, ya no soporta tanta injusticia.” (Eduardo Miño)

Adrián Prieto Farías
Movimiento Unidos Contra el Asbesto (UCA).



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