Terror en Cataluña: La democracia de los hipócritas

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Patadas en la cabeza a mujeres catalanas sentadas en paz, patadas embestidas con tanta ira que fueron capaces de dejarlas con rostro y pecho llenos de sangre, en llanto quieto, despojado, con la dignidad del voto arrebatada a punta de balines de goma amenazantes; pisotones con botas militares en los rostros de ancianas de ochenta años, viejas vestidas como viejas que podrían ser las abuelas de los animales venenosos enviados por el Estado; golpes con palos en la cabeza de jóvenes que podrían fácilmente provocar la muerte, la peor de las agonías y la muerte. Bates destruyendo la silla de ruedas de un hombre demócrata desplazándose libre por la calle. Puñetazos a niñas seguidos de agarrones y lanzamientos de cuerpos afuera de los colegios como si se tratara de botar basura. Con odio nacionalista, con venganza imperialista. Esa es la democracia de los hipócritas. Esa es la democracia que hoy quiso defender Mariano Rajoy. Esa es la democracia que les gusta a los líderes de Chile y el mundo que se pasan todo el año apuntando con el dedo a los países que nos les gustan pero que ahora callan como el más mudo de los mudos. La democracia del crimen y la violencia que es válida cuando se trata de defender los intereses del poder, la democracia de la tortura -porque lo que hoy el mundo vio contra el pueblo catalán fue tortura- que es reivindicada y celebrada por el presidente porque prácticamente “los insurgentes” se lo buscaron. La democracia que no duda en castigar al que aspira a ejercer con acción y voluntad su soberanía, su elección de forma de vida. La democracia del orden que sólo es orden si los que están tranquilos son los de la minoría, la minoría del control económico, simbólico y cultural. La democracia de los hipócritas.

La democracia de los hipócritas es la de los líderes de la derecha de la Democracia Cristiana, del Canciller y todos los voceros del orden de la Derecha nacional que siguen pensando en cómo hacer caer gobiernos de Latinoamérica pero que nada dicen sobre la masacre represiva que hoy dejó más de 800 heridas y heridos en Barcelona y sus alrededores. La democracia de los hipócritas es la de los que buscan la paja en el ojo ajeno y que a la vez aplauden la aplicación de la Ley antiterrorista contra comuneros mapuche aquí en Chile, esa Ley que viola todos los derechos de un proceso judicial justo y que casi mató a cuatro encarcelados en huelga de hambre esta semana. Pero eso no le importa a la democracia de los hipócritas, esa democracia que grita como el mejor de los golazos la puesta en escena del show de la Operación Huracán, esa que fija culpables antes de una investigación y los vende al país como si se tratara de la captura de los más peligrosos narcotraficantes. La democracia de los hipócritas es la que va a seguir poniendo el grito en el cielo por “presos políticos” de países no neoliberales, pero que muy cómoda va a cambiar de canal la televisión cuando -si es que aparecen- muestren a los niños y jóvenes que reciben perdigones en sus propias escuelas sólo por ser mapuche, sólo por llevar sangre el color del terrorismo con que los pintó un Estado, aliado con la prensa y el empresariado, que antes de personas los va a mirar como los hijos de los culpables de ayer, los hermanos de los sospechosos de hoy y los más probables enemigos del mañana.

La democracia de los hipócritas es insensible, sea donde sea que se ejerza. Si tiene que hacerse la loca se hace. Si manda a reprimir con tal brutalidad que resulta desaparecido un joven, como Santiago Maldonado en una marcha de respaldo al pueblo mapuche en Argentina, será responsabilidad de cualquiera menos de quien está a cargo de Gendarmería. Y si esa desaparición forzada, por la que este domingo se movilizaron cientos de miles en doscientas ciudades del mundo, se suma el trato inhumano a la dirigenta Milagro Sala, en prisión preventiva hace años con pruebas más precarias que dudosos mensajes de Whatsapp, el problema es de los desordenados que demasiado se desordenaron. Porque para los hipócritas -los que se pasean por las grandes capitales asistiendo a foros para enseñar qué es una buena democracia, los cobardes que escriben con la máxima publicidad en los principales diarios de los países del primer y tercer mundo nunca criticando con fiereza a las fuerzas financieras que los financian- en sus feudos siempre se gozará de la mejor democracia, aunque mueran pobres en el silencio, aunque ancianas sigan a esta hora sangrando en Terragona, aunque desaparecidos desaparezcan un poquito más a cada segundo, por ser marginales, por ser amigos de los equivocados, por no estar de sus lados en la disputa ideológica de este pedazo de historia.

Esta es la democracia de los hipócritas, la de los que siguen su curso campantes cargando con los 43 de Ayotzinapa a sus espaldas, la que tritura psicológicamente a una machi en la Araucanía con un juicio años atrasado, la que hace cuarenta años ejecutó a treinta mil argentinos y que hoy no se hace problema por uno más en la cuenta, la que a esta hora aún no es capaz de cicatrizar las heridas que causó en la mañana en octogenarios diabéticos que sólo buscaban tomar un lápiz para en Cataluña por su independencia votar. Aunque los sintamos lejos y separados, ellos, los hipócritas, están más conectados que nunca, y ya están planeando los argumentos de su defensa. Pero tranquilos, que mañana los hipócritas van a despertar más sonrientes que nunca para volver a decirnos qué es y qué no es democracia, a quién condenar por llevarnos al precipicio de la tiranía y a quién celebrar por mantenernos en el reino de lo justo. Aunque sea con muertos, presos desnutridos, mujeres machucadas y malditos desaparecidos.



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