Por mí que el Papa no venga

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

El mensajero de la paz, el Papa Francisco, trae un mensaje que cuesta cuatro mil millones de pesos -55 millones cada hora en el país, doscientos sueldos mínimos cada sesenta minutos-, mensaje que va a ser en buena parte financiado a expensas de todos los chilenos, católicos, ateos, satánicos, de secta de profetas o lo que sea, porque ¿Sabía usted que avanza velozmente en el Congreso un proyecto de Ley que permitirá reducir impuestos a las empresas privadas que aporten a la venida del hombre “más austero del mundo”? este cariñito a los personajes más poderosos y privilegiados de Chile -que según los cálculos más modestos significarían una merma de $500 millones para el Fisco- se debe a que la multi-mega-millonaria visita del sumo pontífice es considerada por el gobierno como un GASTO PÚBLICO ¡PÚBLICO! como los gastos en salud, en educación, en seguridad. Gasto público ¿no le da a usted amigo, amiga, sea o no católico -lo que para el caso da lo mismo-, un poco de rabia? Y menos mal que somos un Estado laico que se separó de la inquisición de la iglesia hace casi un siglo. Y menos mal que no es el mismísimo Jesucristo el que viene a decir su palabra, porque ahí capaz que nos hagan trabajar horas extras para financiar la fe de otros y de otras. Harta rabia da pues, porque uno se imagina que hasta empresas como Cruz Verde y SalcoBrand -farmacias que nos estafaron hasta matarnos hace un par de años con su colusión y que esta semana sufrieron la clausura de varios de sus locales por pagar a sus vendedores para que nos vendan los productos más caros- podrían verse beneficiadas por nuestra dádiva si se les ocurre aportar; porque ojo, hay algo que no podemos olvidar: que a estos gallos les reduzcan impuestos por su generosidad con el Vaticano, es una dádiva de todos los ciudadanos, porque es a nosotros a quienes serviría el uso de la plata que los empresarios van a ahorrar por hacer la vaquita para el Papa. Una vaquita que es francamente un despropósito.

¿No les causa un poco de escozor que la palabra del señor necesite de cuatro mil millones de pesos para entregarse? ¿No servirá más a la fe cristiana usar esa tremenda cantidad de plata en millones de desayunos para la gente que vive en la calle y con la que se llenan la boca? si hasta casas les podrían construir a los indigentes de los que tanto hablará el Jefe de Estado en nuestras ciudades. Claro, porque esa plata alcanza para construir doscientas viviendas sociales, o para entregar a pueblos necesitados unas sesenta ambulancias, o incluso para construir dos Cesfam de alta tecnología en barrios que no conocen de la presencia de médicos ni enfermerías. No sé, me parece extraña forma de ensalzar el amor, la paz, la caridad. Esa forma que necesita de 80 kilómetros de vallas papales, de la elaboración de 600 mil hostias y de tres millones de litros de agua. Y más extraña me parece si a uno lo quieren hacer parte del financiamiento, directa o indirectamente, cuando el Vaticano es un Estado independiente, cuando la iglesia es una de las instituciones más millonarias del planeta, usufructuando desde hace milenios con los territorios que a punta de sangre y asesinatos ha conquistado por el mundo. Y más extraña me parece la actitud de este gobierno, que pregona de luchar tenazmente contra la desigualdad, que hizo historia aprobando la despenalización del aborto en tres causales, y que ahora se arrodilla como el más sumiso de los feligreses ante los que continúan avalando la muerte de mujeres con su negación a practicar abortos en sus clínicas, ante los que hicieron el más feroz de los lobbys para detener la Ley de Aborto hace sólo quince años, ante los que ahora se alían con el mundo privado para beneficiarse de una fiesta comunicacional que no tiene por qué importarle al que no cree en un ser divino llamado Dios.

Si es así, por mí que el Papa no venga, y que mejor mande un video pidiendo disculpas a la gente de Osorno, a la que trató de tonta por exigir la salida del obispo Barros, ese al que Juan Carlos Cruz denunció de ser testigo -sin hacer absolutamente nada- de cómo Karadima lo abusaba cuantas veces quisiera. Yo no sé, si es así, por mí que el Papa no venga.



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