Luto por viviendas sociales en Las Condes: que los pobres se vayan a la mierda

por Richard Sandoval



Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Asco al diferente, repugnancia al que viene con menos plata, miedo a que quizás sean tan pobres y negros que les ensucien el paisaje, que les contaminen con su tono la piel. Eso es lo que sienten los vecinos de Las Condes cuando llaman a unirse, a unirse para defender el privilegio de no ver gente que consideran fea en las mañanas, caminando junto a sus autos con sus ropas compradas a cuotas. Qué cuma que se pondrá el barrio por Dios. No defienden ningún derecho, como dicen, defienden como fieras principescas el deseo de no encontrarse en las tardes con alguien que es de la misma comuna pero que pudiera ser tan diferente en sus rasgos físicos, que pudiera emprender camino a una pega de tan bajo sueldo, a hacer aseo y atender cajas, que logre hacerme sentir amenazado. Cómo es posible que en mi misma cuadra yo, que pagué tanto por tener este espacio libre, bonito y verde, me encuentre comprando el pan con los que llegan hasta aquí con subsidio, con categoría de vulnerable y clase media, con ayuda del Estado luego de juntar peso por peso en una cuenta. Qué ordinariez. Qué diría mi abuelita, mis parientes del sur. No señor, mi bello y pulcro cuerpo no puede cruzar vista con los que por llegar así al deseo de la casa propia deben irse a la mierda, al último rincón de Pudahuel o Puente Alto, ojalá sin pasto, contaminados y lejos de farmacias, clínicas, trabajo y universidades. Bueno, que allá lejos se despierten más temprano, que se la arreglen como puedan. No es problema mío. Es de ellos y de las comunas que por ser como son les corresponden. Mi problema es tratar de evitarlos. Echarlos, como en la dictadura y en los noventa. Por eso me uno y me organizo. Porque en el fondo de mis intenciones sé que con viviendas sociales aquí en el barrio no va a bajar la plusvalía de las casas, o si pasa es lo que menos me interesa, la plusvalía que de verdad va a bajar es la de mi decencia, de mi imagen frente a la familia de las compañeras de las niñitas, a quienes no sé con qué cara diré que los paseos de domingo los daré mirando jugar a los hijos de unos don nadie que se han atrevido a seguir viviendo aquí, en Las Condes, en viviendas sociales. Descarados que se han entrometido en mi jardín. Descarados que merecen ser espantados, o por lo menos recibidos con globos negros, con el luto que merece su atrevimiento de meterse sin pedir permiso en nuestras narices.



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