Homenaje a Carmen Hertz

por Richard Sandoval


Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Carmen Hertz yo te amo. Te amo por esa capacidad bestial de acallar, con argumentos precisos, estudios acabados, datos de la historia y los más sencillos números a quienes intentan relativizar el crimen de la dictadura, desde la mísera tarea de la búsqueda del empate en derechos humanos, del olvido ligero y estúpido de los corvos arrancando corazones en pausa, de las ratas escarbando vaginas, de las balas dinamitando sesos. Te amo, Carmen Hertz, por tu paz, que no es una tenue paz misericordiosa, no es la paz teatralizada de las voces de los curas, no es la paz desnuda, entregada, débil, que lleva con vendas en los ojos a regalar los indultos y amnistías que exigen los cómplices de la masacre. Te amo por tu paz que es de guerrilla, de la más preparada y legal de las guerrillas. Porque esa, tu paz, es una paz inobjetable. Porque solo puede ser inobjetable la paz que aduce lo que tus labios furiosos, deseosos de justicia en medio del desierto, aducen: no es sólo a mi compañero a quien mataron los que están siendo liberados en Punta Peuco; acribillaron a la humanidad; y dan lo mismo las opiniones sobre los perdones; las subjetividades importan un pepino; los genocidas están libres; no han colaborado y no se han arrepentido; y con sus pasos cansinos en los jardines de sus casas dan la señal del permiso para volver a matar cuando las soluciones no se hallen conversando. Y lo dices con mesura, con claridad, con la dureza justa y necesaria, con sonrisas sinuosas que sólo bordean la ironía. Lo dices con un temple que desespera al que ha asistido a la pelea con las manos vacías. Lo dices hasta con pedagogía, acogiendo la ignorancia del oponente, convenciendo por el solo peso de las palabras al obstinado que en el diálogo ha perdido, al terco que se ha agarrado de lo que ha podido para evitar el naufragio. Tu intervención ha terminado, el salón ha quedado en silencio, da la impresión de que lo que corresponde ahora es un aplauso. Tu boca se ha cerrado y ahora son tus ojos los que brillan, iluminando un porvenir impregnado de impunidad, de defensores de asesinos que se seguirán cruzando en el camino, en tu camino. Pero tú estás lista, Carmen. Lo dice tu paz. Ellos lo saben. Lo dicen tus ojos. Que vengan de a uno.



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