La era de los cobardes

por Tobias Palma


Sobre Tobias Palma

En la era de los cobardes prima el ethos de echarle la culpa al otro. De no asumir responsabilidades. Es la era del Estados Unidos que culpa a latinos, negros y musulmanes, que escoge a Trump, que culpa a su vez a Obama. Es también la era de echarle la culpa a los ignorantes por haber escogido a Trump. Es la era en la que la mitad de los británicos prefiere echarle la culpa a la Unión Europea en lugar de asumir las consecuencias del thatcherismo, y la otra mitad culpa al Brexit de los males que están por venir. Es la era de echarle la culpa al islam y también al capitalismo, a los inmigrantes haitianos por la pobreza, a los colombianos por la delincuencia, a los mapuches por la violencia, a los fachos pobres por la elección de Piñera.

En la era de los cobardes no votamos por. Votamos en contra.

En la era de los cobardes prima el individuo que se esconde del colectivo. Es más fácil que nunca hacerse una opinión sobre cualquier cosa y compartirla con quién sea, donde sea, mientras estemos escondidos detrás del cómodo anonimato digital para no tener que asumir la vergüenza de pensar distinto en público. En las redes somos sólo aquella parte de nosotros que nos gusta. Las grandes masas ya no se encuentran en la calle cara a cara; los medios de comunicación ya no son masivos; las cartas al editor firmadas con nombre y epígrafe dieron paso a comentarios de 140 y 280 caracteres firmados por un avatar. El debate ya no es público y cara a cara; es privado y anónimo.

Es la era de los histéricos, del que grita más fuerte. La era del ruido. Nuestro anonimato social se traduce en información que queda archivada pero desaparece para siempre en una tormenta de millones de otros datos de igual irrelevancia. Nunca antes en la historia de la humanidad hemos tenido la capacidad de almacenar tantos datos; y la usamos para acumular montañas de mierda, de acusaciones cruzadas, virales, cadenas, de anti-vacunas y flat-earthers, de breaking news y clickbaits, de post-truths y fake news.

Es la era del “yo no soy, pero”. Del miedo a la exclusión. De la negación de nuestros defectos y de las polémicas internas. Nuestra moralidad es acomodaticia, se inventa un status-quo en la que la excepción a cada regla justifica el juicio moral. Porque los homofóbicos, racistas y cobardes siempre son otros y nunca yo o los míos.

En la era de la cobardía nos borramos de Facebook cuando opinamos distinto; nos agrupamos sólo los que pensamos igual, en cómodos ghettos comunicacionales disfrazados de redes de contactos a los que Facebook cínicamente llama “amigos”.

En la era de los cobardes, ganan los candidatos que le echan la culpa al otro: el candidato de los cobardes, el que plantea la cobardía como valor moral y ético, para justificar la protección de lo nuestro, del fruto del trabajo individual, de libertad de expresión desvirtuada, incluso si es necesaria violencia, porque los extremistas culpan a otros extremistas de su extremismo, criminalizando toda amenaza que pueda contaminar, “lo nacional”, “lo chileno”, entelequia de la una pureza religiosa, racial y moral que no existe.

Ganó el candidato que nos permite echarle la culpa al resto y que no asume sus responsabilidades.

Pero, en la era de los cobardes votamos en contra y no a favor. La Nueva Mayoría se convirtió en la Concertación de Partidos contra la Derecha. No hay proyecto; sólo el miedo imborrable a repetir la dictadura y estar dispuestos a tranzar hasta los valores para evitarlo. No hay épica sin valores y sin épica no hay revolución. En la era de los cobardes, no votamos por Guillier; votamos contra Piñera. Porque nuestra única opción era echarle la culpa al otro.

Al proyecto de la Concertación el único valor que le queda es el de no ser la derecha. Cualquiera fuera el resultado, no había épica posible. Los valores se jugaron en las parlamentarias. Las coaliciones que llevan nombres de panfletos -“Chile Vamos” y la “Fuerza de la Mayoría”- dan su vieja pelea, la épica la pone el Frente Amplio, la promesa de un proyecto y de una revolución que busca algo más -aunque aún debe sacudirse de esa tentación- que echarle la culpa al otro.

La derecha ganó y hará lo posible por prevalecer su cobardía. La antigua Concertación tiene, una vez más, la oportunidad de trascenderse a sí misma y abandonar un proyecto político que hace años que no existe, que se basa únicamente en el miedo a repetir el pasado y en echarle la culpa a Pinochet y a la derecha. Y el envalentonado Frente Amplio tiene la chance de continuar su épica, de hacer valer su proyecto y evitar la tentación de los cobardes, de echarle la culpa a todo el resto.

Porque en la era de los cobardes, el ethos de los valientes no se basa en destruir al otro, sino en destruirse y reconstruirse constantemente y en poner los valores antes que los miedos. En la era de los cobardes, habrá que volver a encontrarnos en las calles.



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