Feliz aniversario, Colo Colo

por Javier Manriquez


Sobre Javier Manriquez

Charles Aznavour, en su canción “Buen aniversario”, canta sobre un día en que todo salió mal, pero los amantes son felices al final porque se tienen el uno al otro, y el fútbol es un poco eso, relaciones de amor, distintas formas de amor, románticas, fraternales, entre la institución y la hinchada, entre la gente y los futbolistas, entre el técnico, compañeros, un dirigente, o una historia; con la pelota, con los campeonatos, con finales perdidas, con eliminaciones, con sequías, con bonanzas; amor, con altos y bajos, con distancias, con intensidad, con alegría, con calma, con convicción; amor, ese sentimiento que parece tan inasible para definir y que al mismo tiempo todo el mundo pareciera entender.

No es casualidad que la primera semilla haya nacido en el bar “Quita penas”, porque de eso ha sido este relato. Hace 93 años, David Arellano renunció a su club Magallanes (con el famoso “vámonos Quiñones”, “que jueguen los viejos”) y con un grupo de disconformes inventó un equipo que lleva en su uniforme la nobleza de las intenciones (el blanco) junto a la seriedad del proyecto (el negro). Un equipo nuevo lejos de las malas prácticas entre dirigentes, y con el nombre en homenaje a un cacique mapuche. Hay pocos clubes en el mundo con historia tan bonita, con un capitán que murió en cancha poco tiempo después. Colo Colo lleva en el escudo el luto eterno por su fundador.

“Colo Colo es Colo Colo” se escucha siempre, cuando viene un clásico, cuando ocurre alguna polémica. Nadie lo puede definir, pero todos entendemos a lo que se refiere, nuevamente, como el amor, o la libertad. Yo no puedo decir lo que significa Colo Colo para su gente, pero sí puedo decir lo que significa para mí.

Colo Colo ha sido sacar la rabia de la semana puteando a jugadores, dirigentes, pases mal hechos y goles errados. Colo Colo ha sido calmar la frustración, ha sido aplacar la desazón,y ha sido un abrazo y un consuelo con un golazo de Esteban Paredes cuando ya no quedaba nada, ha sido gritar con todo, Colo Colo es gritar, es devolver por un segundo la paz al cuerpo mientras todo lo demás sale. Cuando faltan las lucas, cuando cuesta hablar, se habla de Colo Colo, cuando falta la pega, cuando hay demasiada pega, cuando suben las cuentas, se ve a Colo Colo, desde siempre, desde que nació y salió campeón invicto, desde que perdió finales, desde que ganó otras, ahí está el Cacique.

Colo Colo es el popular no solo por la cantidad de gente que mueve, sino también por el tipo de personas que atrae. Se ven banderas en cada tragedia, se ven camisetas en todos los barrios, se ve el escudo en imágenes de cariño, de violencia, a veces de delincuencia.
No es casualidad. Como tampoco es casualidad el clasismo y el odio que genera (que son formas de lo mismo, al final). Es imposible obviar el Chile que nos toca vivir, por lo menos a mi generación, que nacimos con el retorno de la democracia. Un Chile salvajemente competitivo, donde los niños entran a pelear a los tres o cuatro años por un buen colegio que les definirá la vida, y donde quedan marcados como “ganadores” o “perdedores” de inmediato. Una democracia donde todo el poder es económico, y por lo tanto, si tengo plata, es menos probable que muera. Y si no tengo, es más probable que se acaben mis días esperando en hospitales, que me dé un ataque al corazón endeudado y tenso, estresado, es más probable que choque curado, que me atropelle alguien curado, porque al final esos son los escapes que nos quedan. Engañados con la ilusión de la tele grande, del celular 4k, uno se frustra, y nadie nos enseñó a vivir con esa frustración. Porque como la Educación es otra forma de competencia, en la competencia no hay espacio para los sentimientos, ni la pena, ni la alegría, sólo cifras, ganar, y me lo compro, y me lo creo, y pago, pago el doble porque las empresas se coluden, pago quince millones de pesos por una “oportunidad” que es en realidad mejores contactos, para “surgir”, para jugar en Europa; pago una comida rica porque me lo merezco, porque no tengo la plata pero me compro una comida rica porque merezco un descanso, un cariño, un abrazo, con plata inexistente que en el futuro tendré que pagar con plata real.

Y en la violencia, superficial o soterrada, el amor sigue, a pesar de, o quizás justamente por eso, ese sentimiento inexplicable de compañía continúa, y si no se va al estadio, se ve en la casa (a través del canal privado), o en una schoppería (viendo los otros partidos por otro canal privado, gastando más plata todavía).

Imagínate alguien que no fue al colegio, alguien que no estudió, alguien que delinque. Cada uno de nosotros se las arregla como puede y al final, si te gusta el fútbol, lo único que va quedando es Colo Colo, o el club de tus amores.

Colo Colo es el equipo de muchos, entre ellos los pobres, y esta clase acomodada los odia, y odia a Colo Colo, porque les recuerda todo lo que tratan de olvidar.

Colo Colo, a esta altura una de las instituciones más influyentes del país (por la gente que moviliza, por la plata que mueve, por la atención que genera) cumple 93 años y no hay mucho que celebrar. Es administrado por una sociedad anónima que, naturalmente, vela por sus propios intereses, transformando la insignia en una marca, y los valores en cifras. La actual dirigencia en su momento no quiso renovar a Esteban Paredes, ni tampoco quiso que volviera Jorge Valdivia porque son viejos y no se pueden vender después. Muy caros. Claro, porque no se puede cuantificar económicamente la mística. ¿De qué le sirve a Leonidas Vial un jugador de 38 años? ¿En cuanto lo puede vender si es que no se retira antes? Porque en la lógica de los números se acaban los sentimientos, y resulta que los seres humanos tienen mente y corazón, y fíjense que ambos pesan lo mismo. Qué va a entender este caballero lo que significa ganar un clásico si su única meta es acumular más riqueza. No le entra en la cabeza ni en el pecho la emoción de estar en un barco que se hunde y hacerle un golazo a Johnny Herrera, que debe ser de los más clasistas oradores dentro del deporte.

Gabriel Ruiz Tagle es el hoy presidente de esa concesionaria, y es el mismo personaje que sin asco subió el precio del confort (fallo del tribunal confirmó que fue responsable del acuerdo, junto con Jorge Morel, tras lindo almuerzo en el club de Golf Las Brisas de Chicureo), financió a las barras, un tipo que estaba a cargo del IND cuando $1480 millones de pesos fueron entregados pero nunca rendidos. Hoy vuelve a Colo Colo con la estrategia de siempre: decir lo políticamente correcto para hacer de lo incorrecto su política silenciosa. Qué fácil es llegar a una presidencia hablando de “unidad”, “respeto”, “un plan ambicioso y grande donde todos están invitados” cuando debajo de la mesa se cocina la vileza. Qué fácil es hacerlo cuando todos medios de comunicación están de tu lado (que no se nos olvide ese salamero “Don Gabriel” de La Cuarta, versus el simple “Aníbal Mosa” del vilipendiado dirigente anterior; periodismo que le hace frente al poder).
Gabriel Ruiz Tagle simboliza cómo en este país gana la vileza, la mezquindad, el ego, la ambición y el individualismo. Y lo peor, es que si le llega a ir bien al equipo, todo esto se borra de un plumazo con la neblina triste del éxito conseguido por los medios de la maldad, como el humo después del fuego. Los famosos tiempos mejores.

Es un triste aniversario para Colo Colo y es un triste aniversario para nosotros, que también somos Colo Colo.

Pero ahí estamos.Colo Colo no es esta manga de empresarios que no saben de fútbol ni menos de la vida, Colo Colo está afuera, en la calle, en las miradas de los hombres y mujeres que preguntan cada fin de semana cómo salió el Colo, de los hinchas de toda la vida, de la gente que va al estadio, de los micreros, de los trabajadores, de los estudiantes , de los jefes, de los empleados, de todos los que no pertenecen a ese 1%, Colo Colo vale mucho más que sus acciones en la bolsa.

Hoy Colo Colo, el de los mandamientos de Arellano, es algo más que fútbol, es también alentar valores que se están perdiendo, alentar lo poco que algunos tienen para aferrarse. El fútbol es un simple juego, claro, y es un juego que contiene en sí mismo la alegría de mucha gente. Y qué importante es la alegría cuando hasta eso se compra. Cuánto pesa esa alegría y pucha que la necesitamos. Aún cuando los poderosos traten de olvidarse de nuestra historia y de nuestras tragedias y la insulten sin verguenza en el Congreso. Hay que seguir ahí, sufriendo, puteando, alentando. Queriendo. Amando. Y peleando, peleando por lo que vale la pena.

Como la canción de Aznavour, la noche está arruinada pero tenemos suerte. Como nos amamos, el amor es más fuerte.

Buen aniversario.



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