Sueldo mínimo y naranjas

por Richard Sandoval


Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Da vergüenza ser chileno cuando al terminar la jornada te das cuentas que lo más ordinario que pasó ayer en nuestra política no fueron las naranjas colgadas con gancho de los árboles de La Moneda para que no se notara pobreza, sino que la porfía de un gobierno que en el afán de pasar la máquina en la discusión del salario mínimo -el que quería amarrar sin discusión hasta diciembre de 2020 sujeto al crecimiento de la economía- rechazó el acuerdo al que habían llegado diputados y senadores: alcanzar los 300 mil pesos en marzo del próximo año -misma cifra indicada por el Ejecutivo- para luego volver a negociar. Querían pasar gato por liebre, hacer creer que daban un gran reajuste a los trabajadores que viven en la pobreza, y en los años siguientes -cuando la insuficiencia de los aumentos quedara en evidencia- lavarse las manos diciendo que la famosa “plurianualidad” fue un gran acuerdo nacional. Y encima le echan la culpa a la oposición mintiendo descaradamente, como lo hizo el ministro Monckeberg apuntando que la izquierda rechazó el aumento a $320 mil, que ni siquiera está asegurado si en medio de todo aparece una crisis. Da vergüenza ser chileno cuando te encuentras con la noticia de que ante el rechazo del Congreso a la trampa antidemocrática de la plurianualidad -porque esto no se hizo con la venia de los trabajadores- el Gobierno insiste con su fórmula, vetando a los legisladores y aumentando en una luca el salario para marzo: UNA LUCA. ¿No es acaso esa una provocación, una burla destemplada para sacar ronchas en quienes debes mirar como tus respetables interlocutores? ¿No es tratar como estropajo al cerca de millón de trabajadores que está a la espera de una resolución? Ni para dos viajes en Transantiago alcanza el esfuerzo del Ministerio de Hacienda, que durante la semana usará todos los medios disponibles para acusar a la mayoría válida del Congreso de obstruccionistas, cuando la responsabilidad primera de esta materia es del gobierno, mandatado siempre a negociar para dar con un resultado, resultado que por primera vez no se logra desde 1990. Porque esta es una democracia en que se cede, no la sala de una gerencia donde el patrón toma siempre las decisiones porque simplemente es el dueño. Que la gerencia mande a decorar el patio con naranjas, esa ordinariez por lo menos no daña a nadie, pero que se acuerde que no está en una reunión de directorio cuando se trata de los trabajadores del país que gobierna, los trabajadores que con o sin reajuste seguirán viviendo en la pobreza.



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