Homenaje a Zalo Reyes

por Richard Sandoval


Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Esta canción representa a la gente de la cárcel como a nadie, me dijeron los presos cuando les fui a cantar, comentó Zalo Reyes antes de interpretar su último tema en la Fonda Permanente. No sabía por qué, si la canción hablaba de amor, insistió. “Pero luego me di cuenta del por qué”. Así comenzó, con un sol que ya se extinguía en una tarde que anunciaba lluvia, a interpretar “dicen que soy el malo”, “que estoy envenenado” “y que el tiempo ha sido justo amargándome la vida”. La canción, escuchada en los formatos más precarios en penales indignos, habla de todo lo que puede pasar por el sentimiento de un preso. Soy el paria, el que debe morir, el que todos temen, pero al que nadie le ha preguntado cuánto ha sufrido, acorralado entre sus lágrimas, viviendo en silencio su dolor. Por eso los presos amaron a Zalo aquella vez, con tanta pasión como los jóvenes de veinte años lo están amando ahora en la Permanente. “Yo pensé que nadie me iba a venir a ver, entre tanto artista bueno”, dijo Zalo antes de retirarse entre vítores, levantando su bastón derecho para dar las gracias, con nostalgia en los ojos y cariño en la voz, con la dignidad que resguarda la gloria de un artista presente en sus anteojos cancheros, en sus salidas de libreto, en el recuerdo de su señora ”que me está escuchando al frente del Hipódromo, en el patio de mi casa, en Conchalí”, donde también está el recuerdo de su perro Rocky, el canino que apareció justo en escena cuando lo buscaba en televisión. Así es Zalo, espontáneo, auténtico, y esta tarde dieciochera su emoción es genuina. No puede creer que cabros que podrían ser sus nietos canten con el corazón “Acorralado”, la última canción que grabó. Debe ser, quizás, que siente que se está cumpliendo su sueño, ese que expresó cuando estuvo en sus peores momentos de drogadicción. “Me tengo que recuperar, porque siento que me falta algo antes de morir, un final importante”, dijo en la tele, llorando, amputado. Y este es un final importante. Zalo cantando contento, pese a la obligación de estar sentado afirmado en los bastones. Zalo tranquilo y feliz, conforme con la vida, bálsamo de presos, inspiración de nuevos sufrientes, retumbando siempre en Conchalí.



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