Carta a mi papá facho

Tenía once años la primera vez que discutí con alguien de política. Fue con una compañera de colegio: ella defendía a Ricardo Lagos y yo a Joaquín Lavín. Claramente, ninguna tenía argumentos decentes para sostener su posición. Yo, por lo menos, me limitaba a repetir el discurso que escuchaba en mi casa: Lavín era bueno y Lagos, malo. Pasaba lo...


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