Homenaje a Palestino

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Desde al menos tres cuadras a la redonda de la planta central de la procesadora de pollo Ariztía, se siente un hedor a mierda que nada tiene que envidiar a la Agrosuoper de Freirina. Es El Parrón con Panamericana, frente a la histórica copa de agua que marcó a tantas generaciones de viajeros hacia el centro de la ciudad, de colegiales del margen de la capital que en los 80 agotaron las piedras que patear. Entre todo ese contexto de barrio común, que no alcanza a ser de resistencia heroica ni mucho menos espacio revalorizado por empresarios chic -repudio al barrio Italia- se erige dignísimo el estadio Municipal de La Cisterna, con su entrada tipo castillo, donde se luce incólume la insignia del club deportivo Palestino, local en esas tierras desde 1988. Y cuando digo tierra es literal. Debe haber pocos estadios en el mundo con ese nivel de explanada compuesta de pura tierra, polvo, paja, constante riesgo de incendio forestal que en algunos veranos se han prendido en la mismísima área chica de la cancha central.

Ese es el Palestino que más celebra la clasificación histórica a la fase de grupos de la Copa Libertadores, conseguida en Montevideo ante el tricampeón Nacional. Es el Palestino de los viejitos más humildes del barrio, los que no tienen ni una gota de la libertadora sangre palestina, ni un mísero porcentaje de los millones manejados por los empresarios baisanos que controlan la institución, esos que en los 70 y 80 armaban fiestas de fin de año en el club para, al final de una bien comida y tomada jornada, echar los billetes que serían el presupuesto del año a bandejas que pasaban por las mesas. Esas bandejas generosas permitieron, por ejemplo, traer a Elías Figueroa para ser campeones de Chile en 1978

Han pasado las décadas, han cambiado las estructuras del negocio del fútbol, las formalidades, pero hay cosas que no cambian. Los viejos que se acercan por El Parrón hacia el portón por donde saldrán los autos último modelo de los ídolos del momento -Tiburón Ramos, Nicolás Canales, Diego Rivarola en su momento, Cauteruchi, Roberto Bishara y tantos otros- lo seguirán haciendo con títulos o sin, con Libertadores o peleando la eterna medianía de la tabla, esa que tanto tedio provoca en instantes en que sólo necesitas gloria.

Lo hacen, por la consecuencia natural de haber cumplido con el sino de todo abuelo, padre o tío del Santiago Poniente: llevar al cabro chico bueno para la pelota a probarse a Palestino, y mamarse 35 grados entre las piedras del complejo, comiéndose un completo junto a viejos de otras poblaciones, taxistas, obreros y profesores que miran pichangas inentendibles donde sólo esperan que su querubín toque una pelota, una sola, y no la desperdicie. No hay núcleo familiar de la periferia que no tenga a un cabro que se haya probado en el Tino, y conserve su camiseta marca Training que la muestre con orgullo en la pichanga del domingo. Esa camiseta Pre-Unic. Es que el Tino es cariñoso, tiene sin saberlo una intención social en su convocatoria de sueños. Porque no es la U, no es el Colo Colo, donde van los que se saben superdotados. Al Tino va el Luchito del pasaje, que sabe que su escoliosis lo deja fuera de cualquier elite, va el guatón del arco, al que ya echaron de Cobreloa por mal comportamiento o baja estatura. Van los negros del mundo reflejados en las villas de Los Morros, de la Caro, de Pedro Aguirre Cerda. Palestino es esa noción de la Patria, la que quiere dar el salto sin soberbia, sin mostrar triunfos en copas y peleas de tal y tal campeonato. Palestino es la noción de la Patria que saca de la pasta a cabros en el anonimato, que recibe a adolescentes tajeados por el costo de la vida dura, ruda, de kilos y kilos cargados en la feria. Esos son los cabros que brillan en los ojos de Darío Melo, de César Valenzuela o del Pelao Juan José Albornoz, el jugador más admirablemente choro que he visto en una cancha.

Esa es la guerra ganada por Leonardo Valencia, guerra que se convierte en adorables lágrimas a la hora de agradecer a su familia, a través de Fox, el apoyo y la fe en el conjunto de La Cisterna, que no sólo le regala una alegría para nuestro país de miserables, sino también al quizás pueblo más heroico del mundo, la libre Palestina, que al otro del planeta lo gritó por AL-Jazeera. En El Parrón, en tanto, con o sin agenda noticiosa, los viejos de jockey pegado de por vida en la cabeza, seguirán respirando ganas de salir adelante, con el olor a pollo metido hasta los sesos.




2 comentarios sobre “Homenaje a Palestino”


  1. astromoza

    muy buen articulo don Richard de este fenómeno que está haciendo Palestino en la comunidad.
    ¿y cuando expondrá del resto de los clubes del país,ya que prometiste seguir cuando lo hiciste con el de colocolo?

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