Por qué Sampaoli no es Bielsa

por Martin Espinoza C

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Por Martín Espinoza

Pasó hace poco rato. Jorge Sampaoli entraba al Palacio de Congresos de Zúrich de impecable terno negro con la débil esperanza de quedarse con el galardón al mejor director técnico de fútbol del año 2015. Desde que se oficializó la entrega del reconocimiento, nunca un entrenador que en su carrera hubiese tenido un mínimo vínculo con Chile había estado dentro de los tres nominados. El argentino terminaría en tercer lugar, detrás de Luis Enrique y Pep Guardiola.

Los méritos son obvios e irrebatibles. El casildense, a través de un trabajo metódico, estricto y altamente obsesivo, logró darle a una selección mediana la talla de una de las grandes. Después de un sobresaliente desempeño en las clasificatorias al mundial de Brasil 2014, una digna presentación en la cita planetaria y la consecución de la Copa América de Chile el año recién pasado como guinda de la torta, Sampaoli no dejó muchas dudas sobre las razones por las que había sido nominado.

Ultra conocida es la devoción del seleccionador nacional por el profe Marcelo Bielsa. Desde su estreno en Chile, el calvo DT se hacía conocido por darle buen uso a una de las marcas registradas del entrenador rosarino. Con un vertiginoso planteamiento le sacaba trote a un otrora opaco equipo de O’Higgins gracias al 4-3-3 que popularizó el mismo Bielsa. Fue Sampaoli quien admitió abiertamente saberse de memoria conferencias y charlas de su mentor. Ambos técnicos imponían un sistema de juego revolucionario. Uno bajo el papel de creador y otro como discípulo de su escuela.

Pero lo de revolucionario no llegó sólo por la disposición dentro de la cancha. Ambos también coincidieron en la articulación de un discurso con contenido social fuera de ella. Es en el desglose de éste y la coherencia de la que dan cuenta sus conductas en donde se comienzan a percibir las principales distancias entre ambos personajes.

Sampaoli ha sido explícito en su apoyo al movimiento estudiantil. Cercano a Camila Vallejo y Giorgio Jackson, dio muestras de respaldo recibiendo en Pinto Durán a líderes secundarios e hilando –con bastante más esfuerzo que Bielsa- frases que sirvieran como espaldarazo para el movimiento social. Al mismo tiempo, firmaba un contrato por poco menos de un millón de dólares para ser el rostro del Banco Santander a poco de comenzar el mundial de Brasil.

Marcelo Bielsa ya tenía un nombre ganado en el fútbol mundial. Con un palmarés que no rebozaba reconocimientos -pero sí seguidores- se embarcó en un proyecto que partió desde cero. Con un sello de austeridad, se encerró para vivir en Pinto Durán lejos de las excentricidades propias del mundo del fútbol y dedicarle tiempo completo al análisis y edición de cientos de videos de los jugadores chilenos que militaban en todo el globo.

El historial político de Bielsa es relativamente extenso. Embolsándose cerca de 1,5 millón de dólares por dirigir a la selección chilena, el rosarino casi avergonzado tildó de “ofensivo” su propio sueldo en la primera conferencia que dio en el país. Célebre fue el episodio en que, llegando de Sudáfrica, obvió un apretón de manos con el subsecretario de Deportes -y expresidente de Blanco y Negro- Gabriel Ruiz Tagle. Aún más polémico fue el instante en el que, segundos después, trató de hacer lo mismo –sin éxito- con el expresidente Sebastián Piñera despertando un sinnúmero de críticas por “haberle faltado el respeto al país”.

En un fiel reflejo de su línea, Bielsa puso fin a su vínculo con la selección chilena una vez que Sergio Jadue y la banda de delincuentes que lo apoyaban se hicieron de la ANFP. “Sergio Jadue actuó para que yo entendiera que no debía confiar en él”, declararía a comienzos de 2011.

Fueron varios los que aplaudieron, en 2012, el momento en que celebró desde la banca del Athletic de Bilbao la expropiación que el gobierno de Cristina Fernández había impulsado para repatriar la empresa YPF. “No corresponde ni que usted la haga ni que yo la responda (la pregunta) pero celebro que mi país haya recuperado una fuente tan importante para su futuro” le dijo al periodista en dicha instancia.

Hablamos de Bielsa como un teórico de fútbol. Un pensante. Uno de los pocos que le ha puesto filosofía al asunto. Sampaoli, en cambio, vendría siendo el new rich de los entrenadores bielsistas. Con un capital cultural menor, aplicó su modelo (casi) mejor que él, pero hay algo en lo que no le pudo seguir el trote: la consistencia.

Como me dijo con precisión un amigo, “Sampaoli es el perfecto Bielsa neoliberal”. Es decir, de todo lo que implica la corriente iniciada por el rosarino, el casildense toma la gran mayoría desechando el sustento ético que completa la tendencia.

¿Es el amateurismo lo que llevó a Jorge Sampaoli a, después de recibir un premio individual de 3,1 millones de dólares por ganar la Copa América, imponer como una obligación el que se le baje la cláusula de recesión de 6,3 millones de dólares que él mismo firmó hace un par de meses? ¿Es el mismo amateurismo con el que hace gárgaras lo que llevó a Sampaoli a crear una sociedad en un paraíso fiscal para recibir los pagos de la ANFP?

“Nunca imaginé que en tan poco tiempo se iba a destruir la imagen de un ídolo que tanto le dio al fútbol chileno”, acaba de declarar Sampaoli. Mejor será responderle con palabras de su propio mentor:
“El éxito es deformante”, dijo Bielsa en 2002. “Relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos. El fracaso es todo lo contrario; es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes”, agregó. Qué acotación más certera para describir el momento que vive nuestro seleccionador nacional que, nublado por las bocanadas de éxito que provee su implacable campaña, no hace más que prostituir sus convicciones por preseas y bolsas de billetes. Es que el trasandino ha mostrado evidencias del pragmatismo y el exitismo propios de su persona que, a la hora de conseguir la gloria, no vacila en transar su doctrina. Peor si de pasada lo hace auto adjudicándose el mote de ídolo.

Bielsa se fue de Chile con la cabeza en alto, sincerando su postura –sin esgrimir excusas baratas (repudio al “No quiero trabajar ni vivir en Chile pero soy un rehén” de Sampaoli)- y actuando acorde a sus principios. Es por eso que su legado siempre va a ser objeto de reconocimiento infinito por parte de los que pensamos que su escuela tiene más valor que una copa. A Sampaoli lo recordaremos por la Copa América, por la descollante campaña con la U, por haber sido nominado como el mejor técnico del año por la FIFA y por haber hecho jugar a la selección como nunca antes. Lo recordaremos como uno de los mejores entrenadores que ha pisado el país, pero más que cualquier otra cosa, lo recordaremos como el discípulo incompleto del gran Marcelo Bielsa.



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