Top Ten de lo mejor de Chile en la historia de los Juegos Olímpicos

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

En pleno éxtasis de Londres 2012, mientras el gimnasta Tomás González ilusiona con alimentar la alegría de la estrella solitaria, Noesnalaferia ofrece un documento histórico que hace justicia a lo mejor de lo nuestro, a las glorias de nuestro tiempo, a la historia que permite esta existencia chilena. Este es el Top Ten de lo mejor de Chile en los Juegos Olímpicos:

10- Los caballos: En Helsinki 1952 la equitación le otorgó dos medallas de plata a Chile. En esa época en que las Fuerzas Armadas eran parte de la vida de la República y no avizoraba una posibilidad de traición a la patria, era común que uniformados participaran del deporte de alta competencia. El teniente César Mendoza de Carabineros (a la postre “general rastrero”, por Salvador Allende), junto a Oscar Cristi y Ricardo Echeverría sólo vendrían a sentenciar una historia que había empezado Alberto Larraguibel Morales, el 5 de febrero de 1949, en el regimiento de Coraceros de Viña del Mar.

Larraguibel y su caballo Huaso saltaron 2,47 metros de altura e inmortalizaron un record mundial que, según los expertos, no se romperá.

El caballo del campo chileno fue fundamental para alimentar nuestra vida feudal de la primera mitad del siglo XIX; y su gloria deportiva es sólo una consecuencia de esa forma de vivir. No por nada el rodeo es el segundo “deporte” que más público convoca en el país.

No es de las Olimpiadas, pero DA LO MISMO.

9- Pedro Carcuro: Si bien Pedro nunca practicó profesionalmente un deporte, debido a sus transmisiones se ganó el derecho moral a estar en este ránking. El gran Pietro es parte fundamental para la configuración del deporte en la historia de Chile. Sin su voz; sin su cabellera roji-blanca (dependiendo de la época); sin esa risa embutida hacia adentro, todas las cosas que hemos vividos serían mucho menos bacanes.

Despertarse a las 5 de la mañana a ver los partidos de Zamorano –quien bailó cueca en el partido contra España en Sydney 2000- no hubiese sido tan motivante si uno no se imaginaba tomando desayuno mientras sonara la voz de Pedro.
Es la raja cuando Pedro habla de otro deporte con los mismos códigos del fútbol y nos hace entrar a la misma dinámica dupla Sa-Za aunque esté compitiendo una patinadora. Pietro es la esencia del polideportivo y ojalá nunca el periodismo nacional se profesionalice 100%. La vida, sin esos audífonos gigantes en las orejas de Pietro, en plenas transmisiones de los ’70, no sería lo mismo.

Aquí algunos de sus relatos en la victoria de Sydney a España, por el paso a cuartos:

“Y los españoles diciendo de dónde salió este enano (David Pizarro, asistencia de gol al Choro Navia). A bailar cueca todo el país (el partido se jugó un 18 de septiembre)”, dijo Carcuro, quizás pensando en algún lejano lugar de su memoria, entre los borrachos del Parque O´Higgins, entre las quintas de recreo de la Región de O’Higgins.

“Navia, Navia, Navia, Navia, Navia, Reinaldo, inmenso, enorme, este gol lo grito desde Playa Ancha, desde el cerro Los Placeres, desde Valparaíso, Valparaíso grande, Chile grande, su majestad el contragolpe, yo les decía que no tenía voz, no tenía voz porque estaba muerto de susto, y ahora grito, ahora Chile 3, España 1, Chile en cuartos de final”, agregó el genio.

8-Escalante: Cristián Escalante Carroza es otro de los clásicos del deporte nacional. Tiene la particularidad de haber nacido un 11 de septiembre, fecha que al parecer incidió en su trágico desenlace.

De ser campeón y record panamericano, en los Juegos de Río 2007, pasó a ser visto como un “pichicatero” más. Su ternura de oso cayó en desgracia cuando el Tribunal de Honor y de Arbitraje Deportivo del Comité Olímpico de Chile lo sancionó por dopaje, por lo que lo bajaron de los Panamericanos de Guadalajara 2011 y le dieron el puesto de abanderado a David Dubó, quien jamás estará en algún Feria Top Ten.

Sin embargo, Escalante, con su habitual calidez, asegura que “lo único que quiero que sepan es que en mis 22 años de carrera nunca consumí una sustancia para beneficiarme”. “Consumí un producto sin saber que tenía esta sustancia (Methylhexaneamine), y al darme cuenta de eso, de inmediato di aviso de la situación, pues nunca hubo intencionalidad de sacar provecho deportivo”, agregó.

Pero el juicio mediático fue inmediato, y como es tradición de Chile, la condena y el olvido acompañaron su nombre desde su caída. En un gesto de nobleza, Escalante remató sus más de 20 medallas para donarlas a algún hogar solidario. “Remato todas mis medallas al mejor postor, el dinero debe ser donado a institución de caridad, las medallas las financió todo Chile”. Más allá de lo justo o no del fallo, el caso de Cristián Escalante refleja lo que nuestros padres nos enseñaron como “el pago de Chile”, el olvido y abandono para los que alguna vez nos llenaron de gloria.

7- Los canoistas: Dicen que una de las riquezas de este país es su abundancia de recursos; y entre ellos sus innumerables ríos y lagos. Soraya Jadue, Oscar Vásquez y Jonathan Tafra son un orgullo de Valdivia, del Calle Calle y de la gente del sur. Es bacán esa particularidad que se da en el sur de Chile, que a partir de sus características geográficas y sociales desarrolla deportes que en Santiago dan lo mismo. El boxeo en la pobre y alcohólica Osorno es el remo en Valdivia.

Los Juegos Olímpicos son el mayor evento mundial del deporte y nuestro país siempre lleva una delegación decente, con exponentes importantes en la región. Entre esos que hacen patria siempre están estos exponentes del agua, los remeros con sus caras huesudas y largas, con sus trajes tricolores del Chile profundo.

Los canoístas Álvaro Torres y Jonathan Tafra.
Los canoístas Álvaro Torres y Jonathan Tafra.

6- Los ciclistas: El caso del ciclismo es para ponerse a llorar. Esta disciplina es la hueá más chilena de nuestra sufrida historia. Desde los ruteros que llevaban los cómputos al comando del NO hasta los evangélicos que se pasean por la carretera con su chaqueta beige. Chile total, humildad y pobreza, orgullo y amor en cada pedaleo, en cada freno Shimano, Bianchi u Oxford. En cada Juanito Mena recibida en navidad.

Marco Arriagada, Patricio Almonacid y Gonzalo Garrido han llegado a diferentes avenidas del mundo salidos directamente de la VUELTA CICLISTICA DE CHILE: un montón de cabros y jóvenes padres de familia que recorren el país con la ilusión de la gloria, en equipos con nombre tipo “EKONO” o “LIDER”.

Como muestra de la chilenidad del ciclismo quedará en la historia la participación de Patricio Almonacid en Beijing 2008. En plena Muralla China se escapó entre los primeros lugares de la competencia de ruta. Cuando Pietro ya se ponía de pie para cantar el oro, finalmente no llegó a la meta; y ante las críticas respondió con toda tranquilidad que lo hizo para mostrarse, para tener más auspiciadores que lo ayuden a hacer carrera. VIVA CHILE.

Vida
Vida

5-Berta Rodríguez: ¿Por qué el pin pon es tan chileno? ¿Será por qué somos flojos y en cada lugar de trabajo/estudio es la actividad deportiva más sedentaria para sacar la vuelta? Como sea, estamos seguros, tras estudiar su fenotipo, que si no fuera por la llama olímpica, Berta Rodríguez competiría por el oro en las máquinas tragamonedas de los almacenes de Puente Alto, su comuna.

Berta Rodríguez es un eterno premio al esfuerzo y un orgullo social de Chile. Compitió en cuatro Juegos Olímpicos sin haberse dedicado nunca de forma profesional a la actividad. Siempre trabajando en cualquier otra cosa (fue reponedora en el Homecenter en la mañana, para poder entrenar en las tardes) para sacar adelante su vida. Probablemente, Berta supo bien entrada en edad que su disciplina se llamaba tenis de mesa; y eso la hace aún más noble.

En cada muere/muere, de cada partido que se juegue en la cotidianeidad nacional, se debe enarbolar el nombre de esta morenaza.

PD: Homenaje a los talleres de pin pon los sábados en la mañana en cada colegio decente de Chile.

2014
2014

4-Don Nelson: El catedrático de la mediocridad es la idiosincrasia nacional hecha cuerpo. Nelson Bonifacio Acosta López, de 68 años, no hizo la revolución bielsista, ni mucho menos la de Fernando Riera. El tantas veces cuestionado Pelao, quien ya es más chileno que todos nosotros juntos, llegó de la nada a la Selección. Una buena campaña en la Unión Española era su único cartel.

Luego de la paradigmática participación en Francia ’98 el futuro era promisorio para nuestro fútbol. Además de los héroes populares, Marcelo Salas e Ivan Luis, venía una nueva camada que hacía suspirar a Pietro en el Canal de Todos. Pizarro, Choro Navia y OLARRA eran algunos de los “jóvenes” que nos llevaron a Sydney 2000. Y sí, al nuevo milenio llegamos de la mano de Don Nelson y Frei. Eso era Chile hace doce años.

Mucho menos contaminados por la competitividad y el exitismo; la buena onda, las patá en la raja, el tenis-fútbol y las salidas al mall eran la esencia de nuestro proyecto. El Pelao, hoy pisoteado por el hiperbolizado “legado” de Bielsa, fue medallista olímpico, a lo Usain Bolt y Michael Phelps.

Esa celebración con los brazos hacia delante como haciendo “urra” es un gesto que habla de cómo somos. Don Nelson es la esencia del chileno, porque aparte de ser un relajado simpático, es un hombre sensible, cariñoso, que sólo quiere vivir tranquilo.

La mítica celebración
La mítica celebración

3-Erika Olivera: En Chile maratón es igual a Erika Olivera. La Rusia de pelo corto comenzó a fines de los ‘80 a aplanar las calles de Puente Alto, Santa Rosa y toda la zona periférica del Gran Santiago, cuando las poblaciones se llamaban “callampas” y los flaites eran “patos malos”. En esos tiempos en que te podía llevar el viejo del saco, la Erika no dejó nunca de desafiar los peligros de la noche y el frío terrible del invierno santiaguino.

De Puente Alto para el mundo, Erika se convirtió en cuádruple plusmarquista nacional de fondo, campeona panamericana de maratón en Winnipeg ’97, alcanzó 28 récords y decenas de medallas nacionales.

Nunca se colgó una presea en una olimpiada, pero su fuerza guerrera es tan inagotable que hoy a los 36 años está en Londres esperando mostrar nuevamente nuestra bandera al planeta.

Zona F
Zona F

2- Los boxeadores: Lluvia, viento y sueldo mínimo. Estadio México, La Pintana y puños. El boxeo, sus moretones y maderas fueron en su momento el único soporte de nuestra efímera resistencia deportiva. En los juegos Olímpicos de Melbourne 1956, cuando Chile vivía con un PIB per cápita que no superaba los tres mil dólares; cuando el porcentaje de analfabetismo superaba el 50%; cuando los femicidios no se contaban; cuando la brutalidad era la normalidad del feudo, la dignidad se medía por nocaut. Antes de Massú y González (financiados por sus familias pudientes), el deporte gloria de Chile en las olimpiadas fue el boxeo; y hasta el día de hoy es la disciplina que con más medallas ha adornado nuestro escurridizo palmarés, junto al tenis.

El himno nacional nunca acompañó el izamiento de un oro boxeador en Juegos Olímpicos, pero eso no hace más que corroborar el espíritu de nuestra deportividad precaria. El boxeo chileno, gloria de masas hasta la época Martín Vargas, hizo patria más allá de nuestra pobreza, porque las enseñanzas no se materializaron en mercado.

Hoy, las glorias de este deporte se observan como la nostalgia de una circunstancia necesitada. Sin embargo, la humedad de esas imágenes en blanco y negro, el sudor de Claudio Barrientos, Ramón Tapia y Carlos Lucas en la insólita isla oceánica, reflejan la victoria de nuestros padres que vinieron desde el Maule, el Bío Bío o la Araucanía. Estos medallistas anónimos grafican la migración campo ciudad, el paso de la historia por la tierra de los ancestros. Los golpes de la miseria al mundo del futuro. Viva el boxeo.

Chile profundo
Chile profundo

1-Nicolás Massú: Jamás tuvo el talento de un top ten. Ese mito ordinario de “la mejor devolución del mundo” habla por sí mismo de lo que fue este prócer del sacrificio. Siempre iluminado por la magia maternal de la Tía Sonia (genio), el “Vampiro” luchó una y mil veces por demostrarle a las leyes de la física y la ciencia que el esfuerzo es el valor número uno de este país.

Fernando González, quien efectivamente tuvo en un minuto la mejor derecha del circuito, no fue un crack porque no tuvo lo de Massú; garra y orgullo moral para levantar cada match point cual pueblo del Maule se levanta de un terremoto. Si el viñamarino no hubiera porfiado por ser alguien, se habría quedado feliz como multicampeón de copas Milo y de cuánto challanger se le ocurra a la ITF. Sin embargo, su chilenidad fue tan pura, que en la legendaria ciudad de Atenas logró lo imposible para entregarle al país las dos primeras medallas de oro de la historia.

Llantos de Solabarrieta mediantes, las jornadas fueron la máxima proeza en la historia deportiva de nuestra República. Y no podía ser otro. El talento chileno nunca logra la cima, porque nosotros alcanzamos la cima cuando está involucrado el sufrimiento. Si no era con lágrimas, si no era con la sensación de Onemi, no podíamos ser los mejores del mundo.

En el llanto de Mardy Fish, aquel 16 de agosto del 2004, brillan las epopeyas del maratonista Manuel Plaza y la jabalina de Malene Ahrens.

Massú es el ícono universal del arte como consecuencia de trabajo. Porque esos oros griegos son el coronario de 108 años de historia. De fracaso tras fracaso, de caída tras caída, de cuántos kilómetros de viaje, de cuántas ciudades recorridas.

Por primera vez en los Juegos Olímpicos se escuchó el himno nacional en una ceremonia de premiación. Sacándose cuatro puntos de partido en la final del dobles, Nicolás demostró que la derrota no estaba escrita en su corazón. Massú aleonaba a González y a la vez a un pueblo incrédulo, pisoteado por la historia. Hasta que llegó el momento luminoso en que esas estrofas que sonaron tantas veces en nuestras mañanas de escuela pública, colapsaron el estadio de Atenas. “Puro Chile es tu cielo azulado” llegó a las estrellas desde este rincón de tierra olvidada, desde esta extensa faja de terreno que los españoles no vinieron a descubrir.

La euforia sacudió a millones de abuelitas en cada pueblo de mierda que cobija nuestras vidas. Viva Chile conchetumare.

Todas las medallas chilenas (13):

-Manuel Plaza, plata en la maratón de Amsterdan 1928
-Mendoza, Cristi y Echeverría, plata en la equitación por equipos de Helsinki 1952.
-Cristi, plata en la equitación individual de Helsinki 1952.
-Marlene Ahrens, plata en el lanzamiento de la jabalina de Melbourne 1956.
-Claudio Barrientos, bronce en boxeo (peso gallo) de Melbourne 1956.
-Ramón Tapia, plata en boxeo (peso mediano) de Melbourne 1956.
-Carlos Lucas, bronce en boxeo (peso medio mediano) de Melbourne 1956.
-Alfonso de Iruarrizaga, plata en tiro Skeet de Seúl 1988.
-Chile sub 23, bronce en fútbol masculino en Sydney 2000.
-Nicolás Massú, oro en el tenis individual de Atenas 2004.
-Nicolás Massú y Fernando González, oro en el dobles masculino de tenis de Atenas 2004.
-Fernando González, bronce en tenis individual de Atenas 2004.
-Fernando González, plata en tenis masculino de Beijing 2008.




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