Atentado contra el embajador de Rusia en Turquía: La guerra en medio oriente continúa

por Javier Pineda Olcay



Sobre Javier Pineda Olcay

Noticias en todos los idiomas sobre el asesinato del Embajador de Rusia en Turquía marcarían la jornada de este lunes 19 de diciembre. Mert Altintas, oficial de Policía turco, disparaba por la espalda de Andréi Kárlov y luego gritaba en turco y en árabe “No se olviden de Alepo y de Siria”, mientras todo quedaba registrado por las cámaras y se difundía rápidamente por las redes digitales.

El atentado se enmarca dentro de la Guerra de Siria, donde las potencias imperialistas se disputan el control de Medio Oriente y cuya última batalla importante fue la masacre de Alepo. Esta ciudad era la más poblada de Siria, superando a la capital Damasco, contando con más de 2 millones de habitantes antes que comenzara la guerra. Asimismo, tiene una posición estratégica, pues conecta la ruta comercial del Mediterráneo con el Éufrates y es la puerta de acceso a la frontera entre Siria y Turquía. Esta ciudad fue invadida en 2012 por los rebeldes sirios y sólo pasaría a control del Ejército de Siria en las últimas semanas. Con la batalla de Alepo favorable a Bashar al Asad, ya se comenzaba a hablar del comienzo del fin de la Guerra Civil en Siria, pues esta ciudad era la más grande controlada por los “rebeldes” sirios y podría transformarse en la capital de un gobierno de oposición, como sucedió con Bengasi en Libia.

Para entender la importancia de la Batalla de Alepo es necesaria una breve revisión del conflicto. La Guerra Civil en Siria comenzó en el 2011, año de las “Primaveras Árabes”. Masivas manifestaciones populares en contra del Gobierno de Bashar Al Asad, quien sucedió a su padre, Hafez al Asad, que gobernó desde 1971 hasta su muerte en el año 2000, serían violentamente reprimidas. Sin embargo, el Gobierno Sirio no corrió igual suerte como el resto de países árabes con protestas populares. Dada su importancia geopolítica y sus reservas de petróleo controladas por una empresa estatal, sería blanco de Estados Unidos al igual que Libia.

Estados Unidos y sus aliados de la zona como Arabia Saudí y Catar, prontamente armarían a la oposición siria, donde las fuerzas principales eran el Frente Al Nusra (sucursal de Al Qaeda y ahora llamado JabhatFateh al-Sham) y el ISIS. La oposición siria entonces estaría conformada por el Ejército de la Conquista, liderado por el Frente Al Nusra; el Ejército Libre Sirio, considerado por Occidente como la “oposición moderada”, compuesto por desertores del Ejército Sirio más mercenarios, pequeñas fuerzas marxistas y voluntarios yihadistas. Estas fuerzas estarían siendo financiadas por Estados Unidos, Catar, Arabia Saudí y Turquía (aunque se dice que estos países también financiarían al ISIS). Por otro lado, estarían los kurdos agrupados en el Partido de la Unión Democrática (PYD) y sus Unidades de Protección Popular (YPG), quienes si bien son oposición al Gobierno de al Asad, se encuentran combatiendo en contra del ISIS y los yihadistas en la zona de la frontera entre Siria y Turquía.

En resumen, de un levantamiento popular se pasó a una guerra civil liderada por fracciones armadas financiadas por el Imperialismo, siendo absolutamente hegemónicas las fuerzas del ISIS y aquellas relacionadas a Al Qaeda. Estas fuerzas han ocupado gran parte del noroeste de Siria e incluso algunas zonas de Damasco (capital de Siria ubicada al sur, cerca de la frontera con Israel y Jordania), sin embargo, a partir de la intervención directa de Rusia desde finales del año 2015, las correlaciones de fuerza han cambiado favorablemente para el régimen de al Asad.

A diferencia de lo que pasó en Libia, Rusia se mantuvo férrea defendiendo sus intereses en Siria. Aliados desde tiempos de la Unión Soviética, Rusia vetó toda intervención militar patrocinada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Junto a Irán y la organización libanesa Hezbolá, países gobernados por chiitas, han aportado con soldados y con armamento a las Fuerzas Armadas Sirias.

Dussel sostiene que luego de la Guerra Fría, el imperialismo sigue midiéndose en última instancia en cuantas ojivas nucleares se tiene. Y en ese sentido, Rusia debe seguir siendo considerada como una potencia imperial. Pero, más allá del conflicto imperial entre Rusia y Estados Unidos (con el apoyo de la OTAN), la Guerra de Siria también está siendo escenario del reacomodo de las fuerzas semi-periféricas de Medio Oriente. Por un lado, está el proyecto wahabista (que poco dista de lo que plantea el ISIS) liderado por Arabia Saudí y secundado por Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Omán y Kuwait (todos ellos aliados de Estados Unidos y donde no les importa instalar un proyecto democratizador y defensor de los derechos humanos). Todos estos países son gobernados por monarquías sunitas. Y por el otro lado, tenemos a Irán, secundado por el Líbano (Hezbolá), liderados por fuerzas chiitas, a la cual también pertenecería Bashar al-Asad, quien es alauita-chiita. Esta disputa no sólo se está dando en Siria, sino también en Yemen, país en Guerra Civil desde el año 2015.

Más allá del atentado de ayer, la Guerra en Siria continúa. Las Fuerzas Armadas de Siria intentan recuperar la ciudad de Palmira, controlada por el ISIS, como también pretenden avanzar hacia la provincia de Idlib, donde estaría la ciudad más grande controlada por los rebeldes sirios. Asimismo, en la zona sur cercana a la capital Damasco, al Asad tiene que enfrentar a rebeldes apoyados por Israel, país con quien mantiene una disputa por los Altos del Golán y que se ha visto beneficiado por la guerra civil en Siria. En cuanto al norte de Siria, la mayor disputa se está dando entre las fuerzas kurdas (PYD-YPG) y el ISIS. Es de esperar que en virtud de la recuperación de Alepo y el apoyo dado por Rusia, Israel y el Líbano, Bashar al Asad vaya retomando el control de gran parte del territorio sirio hasta que se negocie un “tratado de paz” que incorpore subordinadamente a las fuerzas de oposición, pero manteniéndose a la cabeza al Asad.

En cuanto a las relaciones ruso-turcas, a pesar de la tensión del último año luego de que el Ejército Turco derribara un avión de guerra ruso que transitaba en territorio sirio, las sanciones económicas de Rusia a Turquía produjeron efectos. Erdogan, Presidente de Turquía, se vio obligado a pedir disculpas a Rusia y a morigerar sus pretensiones de derrocar a Bashar al Asad. La diplomacia rusa puso paños fríos al atentado de ayer, Turquía pidió disculpas y se anunció la creación de una comisión investigadora para esclarecer quien estaría detrás del atentado al Embajador ruso. Declarar la Guerra a Turquía no es gratuito, puesto que esta pertenece a la OTAN y en virtud de la cláusula de defensa mutua, los ejércitos de los países aliados, incluyendo a Estados Unidos y las potencias europeas, tendrían que acudir en su ayuda.

Conclusión: Es importante sacarse de la cabeza que las guerras se inician azarosamente, como el típico ejemplo del asesinato del Archiduque Francisco Fernando de Austria que habría dado origen a la Primera Guerra Mundial. El capitalismo siempre requiere de constante expansión y eso lo realiza en gran medida a través de la guerra. La excusa siempre es perfecta: un accidente, un atentado o un auto-atentado.

Algunos hablan de la Tercera Guerra Mundial, otros de la tercera ola de expansión del imperialismo. Lo cierto es que desde la Segunda Guerra Mundial no existían tantos conflictos bélicos. Algunos declarados “oficiales”, como las Guerras Civiles de Siria, Yemen, Somalia, República Centroafricana, entre varias otras. Otros conflictos son llamados Guerra contra el Terrorismo como en Medio Oriente, Afganistán e Irak. Otros son invisibilizados como la ocupación de Palestina por Israel. Otros son denominados Guerras contra el Narcotráfico, que en América Latina bien conocemos, la cual deja más de 100.000 muertos y muertas cada año.

La guerra es la continuación de la política por otros medios, como decía Clausewitz. Y el capital no duda en recurrir a la Guerra para defender sus intereses, sobre todo en tiempos de crisis (en este caso para asegurar el gas y petróleo de Medio Oriente). Lamentablemente, los muertos siempre los pone el pueblo. En el caso de Siria ya van más de 300.000 muertos y más de 5 millones de refugiados: los “daños colaterales” del “desarrollo”.



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