Carlos Larraín: El último Alessandri posible

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Por Emilia Lara Negro

Si hasta el 2010 uno pensaba que el cupo al mandatario más ridículo ya había sido colmado, cuatro años después, los esfuerzos de una derecha insulsa dan cabida a la superación del título con el ex biministro Laurence Golborne, quién llega a demostrar con su campaña del es posible que los límites del espectáculo son efímeros y que sí, siempre es posible superarlos. A estas alturas, esa que gustan llamar la coalición por el cambio, calza bastante bien en las vestiduras de un chiste fome que hacia el final termina dando pena. Golborne es sólo la imagen de una derecha decadente de la que el almacén político de los terratenientes se burla indiscretamente. En ese sentido si se quisiera para este país un republicano de derechas como los de la vieja escuela, la única opción sería Carlos Larraín.

Es este personaje de 70 años y 12 hijos el último Alessandri posible que va quedando sobre la mesa política oficial de Chile. Los datos duros alrededor de los que bailan los tecnócratas le avalan su status: Miembro del Opus Dei, escorpión, ex militante del Partido Nacional y actual presidente de una Renovación de lo Nacional, Don Carlos, como le llaman por ahí al senador designado por Los Ríos, tiene una labia rápida a la que mucho eco le persigue. Reconocido por haber comparado la homosexualidad con la zoofilia, por el terror que le infunde la idea de un plebiscito, o por haber acuñado espontáneamente la idea de una población inútil y subversiva, pareciera que la sonrisa de Don Carlos hace propia la máxima del creador del Opus cuando este señala: “Está seguro de que eres hombre de Dios si llevas con alegría y silencio la injusticia”. Alegría y silencio, Don Carlos, esas son las claves. Y no se lo digo yo sino Escrivá en el 672 de Camino. Y acuérdese que cuando el maestro habla, convendría escucharlo sumisamente. Después de todo, usted mismo lo dijo: Si no estuviera en el Opus, podría haber sido perfectamente una rana.

Propongo, pues, un salud por Carlos Larraín, el patrón de este fundo largo y delgado, por ser un animal en peligro de extinción. El único capaz de renunciar a la dirección de un partido y volver a las pocas horas con su objetivo cumplido. El que financia campañas como una reparte volantes. Un salud por Don Carlos, porque no necesita ser candidato presidencial para dirigir este país.  ¿Se imaginan acaso a un Milhouse irónico de setenta años en las candidaturas? De seguro esta chusma inconsciente de inútiles y subversivos no le escogería. En el fundo de Chile, donde los únicos derechos asegurados son los derechos del consumidor, sus palabras homofóbicas no serían bien recibidas. Al fin y al cabo, mientras los homosexuales puedan consumir y producir como cualquier otro, no hay problema. Así piensan por acá, Don Carlos, pero no importa. A ellos yo también les hablo con alegría y silencio. Les pregunto, como en el video de Lorenzo, si será posible. Y todo el fundo asiente, con sus cabezas envueltas en bolsas de supermercado.

 



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