Carta abierta a José Antonio Kast

por Erenchun Sarzosa



Sobre Erenchun Sarzosa

Señor Kast:
Junto con saludarlo, le envío la presente epístola con motivo de la presentación de su candidatura presidencial por parte de la derecha. Derecha. No centro-derecha. Y hago el referido hincapié ya que en entrevistas por televisión (“Mejor Hablar”, TVN/Canal 24 hrs., domingo 9 de abril) usted ha señalado ser un candidato que presenta sus ideas de manera honesta y directa, sin eufemismos ni medias tintas. En ese sentido, no ha dudado en señalar ser un personero defensor de los intereses de las Fuerzas Armadas de Chile, de su participación en nuestra historia política reciente, e incluso pregona que la Unión “Demócrata” Independiente, su ex partido fundado por el fenecido Jaime Guzmán, nunca aceptaría utilizar la vía armada para conseguir el poder político, en contraposición a las ideas del marxismo leninismo de las que fue consultado en el programa de TV.

Si usted conociera la historia de Chile, sabría que dicha vía armada sí aconteció, que se le conoce como dictadura cívico militar de Pinochet, que duró diecisiete años, que torturó y asesinó a miles de chilenos y que, hasta el día de hoy, mantiene sus ejes ideológicos mediante la Constitución de 1980, las AFPs, las ISAPRES, el mercado en la Educación, el Estado subsidiario, entre otras.

Es por eso que claramente podemos ubicarlo en la extrema derecha chilena, si de un tablero político, con la multiplicidad de colores, habláramos. En consecuencia, sostiene ideas más conservadores que Manuel José Ossandon, más liberales que su sobrino Felipe Kast y más empresariales que el candidato Piñera. Y más allá de la crítica política que le pueda hacer a programas como la baja en los impuestos a las empresas o la constricción al aparato del Estado, me gustaría detenerme en atacar el sustento teórico de los dichos de su carrera política y presidencial.

Y es que la presentación de tales ideas, creo yo, ha requerido que usted se arrime a una mal entendida comprensión de la libertad de expresión y la idea de democracia, dos elementos que, cabe destacar, no operaban en el periodo dictatorial referido que tanto defiende. Bajo esa óptica, usted debería esperar que el resto de actores políticos acepten y reconozcan como válidas ideas suyas que atentan contra la dignidad de grupos objetivamente oprimidos y marginados, como las mujeres y la comunidad LGTBI.

Dentro de la discusión sobre la despenalización del aborto en tres causales propuesto por el Gobierno de Bachelet, usted dijo como diputado: “Solo una maquinación intelectual es capaz de decir que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo (…) Hoy día es un momento crucial, hoy día se firma la sentencia de muerte, la ejecución de millones de chilenos hacia el futuro…”. Además, tengo noticia de que usted, el 22 de noviembre de 2016, solicitó a la Contraloría General de la República que declarara ilegal el acuerdo de solución amistosa sobre el matrimonio igualitario que sellaron el Estado de Chile y el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) con la mediación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, es decir, manteniendo una actitud discriminatoria contra la nombrada comunidad. Sus dichos no son democráticos, aunque acredite con innumerables firmas –de aquellas que lo apoyan como candidato- que esas opiniones son válidas.

Y para aclarar mayormente el punto, presento la siguiente metáfora que le escuché a mi buen amigo Matías Valenzuela, dirigente de la Nueva Mayoría. Él propone imaginar un escenario político en el que se consultara a la ciudadanía, por medio de referéndums u otros medios, sobre la idea de prohibir el derecho a voto de las mujeres. Agrega que la decisión es votada y una alta mayoría propone eliminar la categoría de ciudadanas, es decir, prohíbe el voto femenino. La pregunta es: ¿Es acaso esa decisión, una decisión democrática? Si entendemos la democracia como un mero procedimiento donde opera la mayoría y define la elección de representantes y convenciones políticas generales, tal vez sí sería válida. En cambio, si la entendemos como tal mecanismo más una dimensión sustantiva, de fondo, que reconoce en su esencia importantes valores como la igualdad, la justicia, la fraternidad y la libertad, eso no sería democracia por ningún motivo.

¿Entiende la crítica señor Kast? No está siendo democrático cuando emite ese tipo de planteamientos. Y es que nosotros, los demócratas, no podemos aceptar tolerar a los que no son tolerantes con el resto, como usted.
Mi consejo: renuncie a esta ridícula campaña presidencial, dedíquese a jugar al sudoku para mantener su salud mental, disfrute de su familia, busque nuevos hobbies, gaste sus millones y manténgase en un necesario silencio político. Además, le sugiero que ande con cuidado, edúquese lo que más pueda –le falta-, respete para que lo respeten y que Dios nos ampare de personas como usted.

Atentamente,
José Tomás Erenchun Sarzosa.



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