Carta Abierta a la UDI

por Martin Espinoza C

Sobre Martin Espinoza C

Por Martín Espinoza C

Desgraciados somos los que hemos tenido que convivir contigo durante todas nuestras vidas. Desafortunados mucho más, aquellos que tuvieron que compartir época contigo cuando eras un incipiente movimiento fecundado por mezclas homogéneas del conservadurismo. Cuando abrías tus ojos y decías tus primeras palabras bajo el alero de una dictadura omnipotente que, cada vez que tuvo la oportunidad, te extendió el brazo y te invitó a pasar a su casa para disfrutar las bondades de una tibia leche materna con sabor a impunidad.

Qué poca suerte tener que ver cómo las figuras que veían en las isapres una oportunidad, en los centros comerciales el desarrollo, en el mercado un modelo económico y en los pobres a un estorbo, detentaban el poder mientras aumentaban y acaparaban riquezas gracias al patrimonio de todos los chilenos que el Estado les regalaba reclamando autoría en voz baja.

Porque su egoísmo y perversión los dotó de un pudor escaso y de una nula transparencia. Porque han hecho del mal su filosofía de vida y su hoja de ruta y hacer el mal sin consecuencias es, probablemente, una conducta natural en la sociedad que ustedes impusieron y que ahora promueven y defienden con sus pezuñas sucias de sangre añeja.

Por haber visto durante toda mi vida cómo se han destacado como el principal cáncer de la democracia, me atrevo a decir con autoridad que ustedes mienten. Faltan a la verdad cada vez que se hacen llamar un partido que comulga con las demandas populares. Faltan a la verdad, también, en cada ocasión en la que se llenan la boca con el “todos tenemos el mismo fondo pero distinta forma”. Mentira. Eso no es verdad. No es verdad porque el sistema del cual han usufructuado -cual sanguijuela en un cuerpo humano- no anda sin los pobres. No fluye si existe educación de calidad para todos. No rueda con derechos laborales justos. Mienten con su discurso de la libertad. Porque cuando no tengo el poder que ustedes tienen, ni el dinero que ustedes acumulan, ni las ideas que ustedes pregonan no tengo las mismas libertades que ustedes, hipócritas.

Su falso discurso, ese que viene con kilos de arroz y bolsas de pan, con empleos de mala calidad y un montón de saliva, con homenajes a genocidas y un disfraz de tolerancia, ha logrado engatusar hasta a los habitantes más pobres de este país. Eso, UDI, es abuso. Porque mientras de tu boca expulsas conceptos como dignidad y progreso, llenos de optimismo y sonrisas ensayadas, peleas y dejas la vida con tal de no subirles el sueldo, de deslegitimizar sus movilizaciones, de privarlos de educación de calidad y de que sigan viviendo donde están, bien lejos de ti.

De más está hacer referencia a la grotesca contradicción en la que caen aquellos que te rinden culto cada vez que dan cuenta de cuán amenazados se sienten por la delincuencia. Es precisamente esa delincuencia la consecuencia de tus inmundas prácticas y tu agresivo actuar. Al explicitar tu repudio no haces más que evidenciar la inconsecuencia en la que estás sumergida: ese anticuerpo que te generan los pobres –esos que han tenido que soportar vendavales con un bono y una plancha de zinc- y la dependencia que desarrollaste para que te hagan la cama, te laven tu ropa y te críen al hijo.

Todo esto puede sonar violento, puede serlo. Pero violencia real es la que ejerces sobre los que día a día nos vamos dando cuenta de cómo llegaste a tener el poder que tienes y cuáles son las políticas que utilizas para ejercerlo. Me violenta que, cada vez que logro ver un miedoso ápice de luz que apunte a extinguir las injusticias que atentan contra los pobres de este país, pongas de escudo el desarrollo y el crecimiento para aplastarlos y liquidarlos. Sin remordimiento tus devotos discan la contraseña que les dejó Jaime Guzmán para bloquear cualquier intento, por más tímido que sea, de hacer a los pobres menos pobres.

Por tu sucio individualismo, tu desvergonzado egoísmo, tu incuestionable avaricia, tus innumerables abusos hacia los trabajadores y por tus incansables ánimos de seguir haciendo de este país una franja de tierra en donde la riqueza enceguece, acábate. Que se acabe la UDI, tumor maligno en los organismos que velan por la solidaridad, la empatía y el socialismo.




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