Colusión del confort: Nos cagaron, nos cagaron, nos cagaron

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Ya dan ganas de llorar. Cómo es posible que la casta dueña de todos los privilegios de esta Patria se siga burlando, una y otra vez en la cara de todos los pobres, de todos los del medio, de todos los que no cacharon que este país es de los vivos, de las ratas, de los inescrupulosos que han perdido toda humanidad. De los mercaderes que nos tratan como esclavos de acuerdos tan truchos como ordinarios y miserables. Porque no hay que tener corazón para juntarse en un club de golf a diseñar un plan que impedirá la baja en los precios de algo tan básico como el confort. ¡El papel Confort po hueón! Ese es el nivel de la miseria de Ruiz-Tagle y Matte, muestras expresas del alma de un país que sale en los diarios del mundo por ser el más desigual en educación, por estar en los 23 mil dólares per cápita pero con sueldos que no alcanzan para cargar la tarejta BIP, por tener un millón doscientos mil estudiantes en educación superior, pero obligándolos a empacar en un supermercado o a ganar ochocientos pesos la hora en el Mc Donald para llenarse la guata de sopaipas mientras pasan y pasan las micros, siempre llenas. A ese país te cagaste, Matte y Ruiz-Tagle, muestras cúlmine de una realidad que aún tantos se niegan a ver: este país está lleno de ratas, este país lo construyeron las ratas, y la pobreza disfrazada de Smartphone sin médicos especialistas revienta en los ojos con cada golpe noticioso de colusión, estafa y soborno. Porque el 2015 es el año del fin de la moral del empresariado que nos puso una pila en el hoyo para que operáramos máquinas como animales, para que dijéramos sí patrón como en los tiempos de la hacienda, para que le peguemos al viejo de al lado si nos pasa a llevar en la micro. De pura rabia y resentimiento.

A ese motor de emprendimiento, que con balas vivas en la impunidad de milicos traidores nos obligó –en una especie de ética del progreso- a trabajar con la cabeza baja para cuidar la peguita, se le acabó el chipe libre, se le acabó el descaro de tratarnos como la última pulga del perro. Porque así nos trataron estos conshesumadres, no lo olvidemos jamás. Ni hoy ni mañana ni jamás: con la colusión de los confores, del pollo y de las farmacias, los mercaderes de la mafia llamada Chile nos lapidaron como imbéciles, nos condenaron a la estupidez, a asumirnos como tontos por los siglos de su riqueza extendida a las próximas tres generaciones. En cada rostro de Ruiz-Tagle aparecido en diarios y noticias recordemos, una y otra vez: esos ojos azules nos violaron, esos ojos azules nos tiraron a la basura del miedo, a la desesperanza del desclasamiento, al canal lleno de mierda de la individualidad. Porque en cada mirada de Matte está la gloria de su lujo, financiado por la falta de sindicatos fuertes, por la ausencia de huelgas sin reemplazo, por las muertes y la represión de las fuerzas públicas desplegadas para cuidar de sus templos. Cuando miremos a Matte y a Ruiz-Tagle miremos al empresario que llama a no hacer reformas porque hay que cuidar la economía. Y digámosles, en voz alta ¿Me estai hueviando conchetumare? Porque estos personajes ya no merecen el respeto de nadie, la diplomacia de nadie, la cordialidad de nadie. Ellos son los que le mienten a las ancianas con pensiones de setenta lucas con comerciales de las AFP pasadas por la tele. Ellos son los que se benefician con la clase obrera reducida a guetos territoriales de resistencia, entre la pasta, entre la falopa. Ellos son los que ganan con niños “delincuentes” protagonizando estelares en Chilevisión. Ellos son los que ganan con la violencia en los estadios que compraron. Porque de ellos es autoría la desarticulación y el miedo. En esa colusión, en ese plan modelo elaborado chabacanamente con correos falsos y celulares de prepago, se muestra para la eternidad el germen de este Chile de mentira, sufriente y oculto en las deudas de mujeres y hombres que agonizan en máquinas tragamonedas y cañas de vino tinto. En este burdo e insólito episodio de nuestra versión de El Padrino se explica, literalmente, el por qué de todos nuestros males: Nos cagaron. En un país donde la oportunidad hace al ladrón, Ruiz-Tagle y Matte se juntaron a crear la oportunidad, con la venia de todos los poderes, con la venia de una ética de desarrollo que si no la terminamos hoy no la terminamos nunca. Nos cagaron, nos cagaron, nos cagaron.




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