De los 33 a los 81: El verdadero Chile de la injusticia social

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Por Richard Sandoval

 

Que el provecho político aquí, que el provecho político acá. Que la imagen País y la efectividad de un gobierno ejecutivo que muestra al mundo la “mejor” cara de Chile.  El espectáculo de los 33 mineros que enorgulleció a tantos compatriotas que festejaron con gozo en las redes sociales pertenecer a este Estado “líder” en desarrollo latinoamericano, encontró en el nefasto incendio que mató a 81 hermanos que jamás serán considerados hérores, la cruda realidad de nuestro sistema político y social.

Estos hermanos, sin embargo, nunca trabajaron para “hacer crecer el país” en la dificultad de la minería. Estos hermanos, segregados por el sistema competitivo impuesto por el neo liberalismo, se dedicaron, en gran mayoría, a vender películas piratas en la calle, al robo hormiga en Supermercados, y a ser mecheros en los malls capitalinos que adornan nuestra estética que pretende ser primer mundista.

El incendio en la cárcel de San Miguel no contó ni con el mínimo de dedicación del Estado para salvar a los presos. El “campamento San Miguel” no existió, y los miles de periodistas extranjeros ávidos por un nuevo milagro Piñeriano no fueron más que insuficientes gendarmes hacinados, imposibilitados de evacuar a los reos, o, peor aún, no dejándolos huir, por temor a un posible motín que ensuciara la bonita sociedad. De un Golborne ni hablar.

Pero el Chile de acá afuera, lejos de las llamas, continúa en el camino de la falsa felicidad del consumo y la competencia, donde los lanzas deben ser catalogados como la lacra de la sociedad, y acusados a Carabineros para que los consumidores puedan hacer funcionar las dinámicas de crecimiento económico.

Pero el llanto de las madres que han perdido a sus jóvenes hijos estremece a todos. Porque esos jóvenes crecieron en condiciones de riesgo social, en condiciones educativas que han perdido el sentido de formación integral de las personas. A esos jóvenes el sistema no los educó y no les entregó salud, al mismo tiempo que les mostraba una sociedad estrambótica, repleta de lujos y celulares touch que debían conseguir sí o sí para ser mejores personas. El sistema luego los metió a una cárcel hacinada, los marginó y los mató.

Y la cárcel hacinada sólo los hizo retroceder cada día en su desarrollo humano, reprimidos en una isla que sólo reproduce y alimenta sus formas de concepción de la vida. La educación, rehabilitación y reinserción social no estaban permitidas, porque como todos ya sabemos a los delincuentes “se les acabó la fiesta”.

Se les acabó la fiesta, porque comenzó la muerte.

 

Y así fue

Les dejamos ahora este video comparativo entre el tratamiento mediático y gubernamental que se le dio a la tragedia de las niñitas del colegio Cumbres (2008) y el que se le dio a los presos fallecidos (2010).

Video por Paloma Grunert



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