Diputado Estay y los síntomas del fin del consenso

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

No fue casualidad la pataleta del diputado Enrique Estay la tarde del 6 de octubre en el Congreso Nacional, cuando tras intensos forcejeos con la secretaria del diputado Guillermo Teillier, provocó el posterior aborto de ésta. Es un síntoma, una muestra violenta del desmoronamiento moral del sistema hegemónico que ha dominado la actividad política chilena posdictadura. Es la señal rasca, poco sutil, descontrolada, iracunda, de la fractura inevitable del consenso.La fractura del acuerdo tácito entre la falsa socialdemocracia chilena y la derecha que protege el modelo neoliberal a través de un legalizado esquema “por el bien de Chile”. La imagen de los tres náufragos diputados del Partido Comunista desplegando una bandera a favor de la educación pública (diputados durante veinte años extraños para el edificio porteño y la institucionalidad naturalizada del duopolio político nacional) es insoportable para el estatu quo minoritario que ha controlado al país en base a la eliminación de los discursos disidentes y de la mitigación de otros proyectos de desarrollo más allá del libertinaje económico extremo.
Esta explosión social, de la que tanto se ha hablado en columnas, entrevistas y mea culpas, no es más que el sinceramiento del sistema de la orquestación. Cuando la Concertación sale el 5 de octubre a presentar su nueva propuesta de proyecto país, lamentando no haberse “opuesto con fuerza” a las condiciones semidemocráticas que ofrecía la Constitución desde el gobierno de Aylwin en adelante, lo que hace es informar a la ciudadanía que sus veinte años de gobierno fueron la aceptación de una alianza de reconstrucción nacional, por vía democrática, a través del modelo inaugurado y perpetuado por la revolución capitalista de Pinochet. En el documento, se leen entre líneas disculpas ante la muerte de la política en el país, ante el olvido y el entierro del ciudadano, de la noción de lo público, reemplazado por el omnipresente consumidor.
También mucho se ha hablado de que lo ocurrido en las calles durante 2011 responde a una rebelión de la clase media empoderada producto del crecimiento material en base a crédito. Sin embargo, este empoderamiento nacido a raíz de la no satisfacción en el juego de la oferta y la demanda, se enmarca dentro de una estructura superior que hace crisis. Esa estructura superior va más allá de ese débil mito llamado con orgullo clase media. Es la estructura de la mercantilización de todas las actividades de la vida. Entonces, las demandas ciudadanas que exigen educación gratuita más allá del beneficio individual inmediato (pues los beneficios obtenidos serán para “los que vienen”) explican la ira bruta del diputado Estay.
Estay se enajena porque en Chile se vislumbra, tras décadas de tortura institucional, la noción de lo colectivo. Ese es el sentido de la recuperación de lo público, y el mayor valor de las innumerables marchas que superan a los cien mil convocados. Por eso se encrispa la UDI popular, porque se ha develado que de popular no tiene nada. Porque se ha comprendido que hemos sido gobernados por la ficción. Sólo la revelación de la mentira hace posible el documento concertacionista del 5 de octubre, inconsecuente si se le compara con los conservadores “reload” propuestos por sus líderes hace sólo unos meses, cuando los criterios para mejorar al país seguían siendo maquillajes técnicos lejanos a un verdadero renacer de la política de las ideas y los argumentos.
El oscurantismo y el adormecimiento de la era del consenso, no soportán más en el secreto, y la hegemonía de la disputa del poder a través del debate real, de la deliberación de representantes populares, necesita retornar. Es el consumidor exigiendo ciudadanía. Es el Estado subsidiario agotado, enajenado, siendo increpado para que se haga responsable.



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