El caso de Libia: Cómo hacer la guerra en tres simples pasos

por Franco Pardo

Sobre Franco Pardo

La guerra de Libia y el derrocamiento de Gadafi evidenciaron de manera clara cómo las potencias occidentales crean las condiciones para emprender una guerra: la primera batalla se libra en nuestras mentes, a través de los grandes conglomerados comunicaciones que sólo reproducen las informaciones oficiales de Washington y compañía. Desde allí manipulan los sentidos comunes en pos de amoldar voluntades y pensamientos a sus objetivos, para así justificar futuras acciones militares en cuanto defensoras de “la libertad y la democracia”.

Lo más fácil es crear un demonio de turno, sanguinario dictador que encarne todos los males de la humanidad, en este caso representado por el coronel Gadafi. Tarea nada fácil, dado que hasta sólo un par de años, para conseguir unos cuantos petrodólares,  la mayoría de los líderes occidentales le besaban sin asco la mano y el turbante.

Con el "cavalieri " eran uña y mugre

El siguiente paso es el desarrollo de un marco jurídico que legitime una guerra cocinada desde mucho antes. Para esta ocasión, la justificación fue un supuesto bombardeo de las fuerzas de Gadafi contra sus propios ciudadanos, información que luego fue desmentida por China y Rusia, que monitoreaban la zona. De todas formas, el consejo de seguridad de la ONU aprobó una acción de carácter “humanitario”, encomendando a la OTAN el control del espacio aéreo libio con el fin de proteger a los civiles. En la práctica, actuaron como fuerza aérea de uno de los grupos beligerantes, dejando un “humanitario” saldo de 50 mil muertos gracias a ocho meses de incesantes bombardeos. Cumplidos estos dos simples pasos, sólo queda dar rienda suelta al horror y la muerte, claro que dotados de una legitimidad mediática y legal entendida como violencia  ejercida de forma “civilizada”.

Gracias por tanta "humanidad"

En el caso de fracasar en el frente legal, por lo menos Estados Unidos no tiene problemas en proceder de todas formas, como ocurrió con la invasión a Irak. Incluso, para ciertas acciones selectivas este paso es completamente obviado.  Cátedra de ello dio el premio nobel de la paz  Barack Obama con la ejecución de Osama Bin Laden, violando la soberanía de un tercer país, ejecutando a un prisionero sin un juicio previo y  para finalizar,  lanzando su cuerpo al mar.

¿De qué Derecho Internacional hablan entonces estos señores? A la luz de la evidencia, éste sólo corre para las naciones pequeñas, utilizándolo las grandes potencias en función de sus intereses, o directamente violándolo con completa impunidad cuando no les es funcional. ¿Qué ocurriría, si por ejemplo un comando cubano, pasando a llevar la soberanía de Estados Unidos, ingresara a su territorio y asesinara al terrorista Posada Carriles? Seguramente se desataría una respuesta algo menos tibia por parte de la comunidad internacional que las meras consideraciones formales con las que fue recibido el asesinato del líder de Al Qaeda.

La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es una gran virtud en la política, decía Francisco de Quevedo. Pareciera ser que Obama, Sarkozy y el resto de los promotores de la guerra comprendieron plenamente sus palabras. Mientras para Libia la repartija de su rico subsuelo recién comienza, los hombres y mujeres de a pie presenciamos cómo el mundo sigue siendo gobernado por el poder económico global y sus brazos armados, pero ahora utilizando descaradamente los mismos mecanismos que deberían servir para proteger la paz y la soberanía de los pueblos.




1 comentario sobre “El caso de Libia: Cómo hacer la guerra en tres simples pasos”


  1. Discrepo un poco del tono en el que está escrita la nota. Me parece que en general los conflictos en Oriente Medio no pueden estar basados en un “buenos” y “malos” que nos retrotraen a la guerra fría. Gadaffi el 2010 no era el Gadaffi de los 70 y 80 y eso está claro. De hecho, tanto su régimen como el de Ben Alí en Túnez, el régimen de Argelia y el de Mubarak en Egipto eran la mejor línea de defensa de Occidente en contra de las milicas islamistas ligadas a Al-Qaeda.

    Aquí el asunto es mucho más complejo, con presencia de fuerzas islámicas moderadas (más cercanas al modelo del actual gobierno de Turquía y que ahora intenta replicar el partido de los Hermanos Musulmanes en Egipto) y otras más fundamentalistas ligadas a algunas expresiones de Al-Qaeda, o de los Ayatollás de Irán (que son muy diferentes entre sí). Por otro lado regímenes militares indudablemente dictatoriales, con orígenes seculares, y que con un discursoteñido de izquierda nunca pasaron de tibias reformas liberales hacia propuestas verdaderamente socialistas.

    Para qué hablar de cómo en Irán hay cientos de presos políticos de izquierda, o cómo los “Hermanos Musulmanes” de Egipto encierran y asesinan a militantes de grupos de izquierda y anarquistas, repitiendo las mismas actividades de Mubarak. En el cas ode Gadaffi, si bien es evidente un interés material claro de Occidente por asegurar el petróleo, también es cierto que su régimen no logró atenuar las tensiones tribales entre los habitantes de las regiones cercanas a Trípoli con las de Cirenaica (Benghasi y Tobruk), principal conflicto que desató esta guerra civil, que fue aprovechada luego por EE.UU. y sus amigos.

    La izquierda y las fuerzas populares no pueden cifrar sus esperanzas en regímenes autoritarios laicos como el de Mubarak o Gadaffi (o de Assad en Siria), mucho menos en los teocráticos al estilo Irán, pero tampoco los moderados tipo Hermanos Musulmanes o el gobierno turco, que sin asco combate brutalmente a las guerrillas de izquierda del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK).

    Nuestro único camino es la organización desde abajo, los primeros consejos populares en Libia lo demostraron (lamentablemente luego cooptados por grupos islamistas con apoyo occidental, incluyendo a ex dirigentes de Al-Qaeda en sus filas), lo demuestra el PKK en el Kurdistán iraní, iraquí y turco, y lo demuestran las masas insurrectas de Egipto que no permiten que los militares se afirmen en el poder.

    Ahí está la esperanza, no en dictadorcillos populistas ni islamistas moderados.

    Saludos =)

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