El rescate tras del rescate de los 33 mineros

por Bruno Córdova

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Por Bruno Córdova
(@huracanpop)


Han pasado cinco años del derrumbe de la mina San José, excavación propiedad de la empresa San Esteban, cuyos socios eran Alejandro Bohn y Marcelo Kemeny, una mina que estuvo cerrada por cuestiones de seguridad durante todo 2007. Incluso, un derrumbe menor ocasionó la amputación de la pierna del trabajador Gino Cortés, cinco semanas antes del atrapamiento de 33 mineros, refugiados en las profundidades de un pique a más de 700 metros de la superficie.

Los 33 mineros no fueron víctimas de un accidente. No se le puede llamar “accidente” a algo evidentemente evitable. No se le puede llamar “accidente” a la consecuencia de la codicia de empresarios que escatimaron inversiones en seguridad, en planificar que los piques no se derrumbaran merced a la debilidad del subsuelo.

No hay épica en este rescate; una vez ocurrido el derrumbe, el gobierno de Sebastián Piñera decide convertirse en el accionista mayoritario de la cruzada de un rescate ocasionado por la negligencia de un privado. Codelco, la minera estatal, pone su logística al servicio de la causa. De hecho, el líder de la llamada operación San Lorenzo fue André Sougarret, ingeniero en la división El Teniente.

La célebre sonda T-130 salvó a los 33 mineros atrapados. El evento fue visto por más de mil millones de personas alrededor del mundo. Chile se convirtió en la tierra de la “esperanza”, nombre mismo del campamento en donde los familiares de los 33 esperaban atentos novedades sobre los suyos. Una esperanza que fue máscara de la impunidad.

Visto con la distancia del tiempo, el rescate minero no vale tanto por las consecuencias, sino por las motivaciones para ejecutarlo. Dicho de otro modo, ¿qué habría pasado si los 33 mineros terminaban muertos, sin épica ni esperanza? Una posible muerte de los 33, habría encendido la mecha para una rearticulación del movimiento sindical obrero. Esto habría sido la peor pesadilla para un gobierno de derecha que apenas llevaba seis meses de asumido, terremoto mediante. Primero, se unirían los mineros privados; luego, adherirían los mineros del Estado; finalmente, otros gremios se habrían plegado para reclamar en contra de la inseguridad en sus lugares de trabajo. Los estudiantes no habrían estado ajenos a esta causa y también se habrían movilizado.

El gobierno de Piñera venía recién superando las magulladuras tras las movilizaciones en contra de la instalación de la central termoeléctrica Barrancones a 25 kilómetros de Punta de Choros, región de Coquimbo. El advenimiento de un movimiento sindical fuerte y movilizado era una amenaza potencial. ¿Será por ello que decidieron financiar un rescate como un blindaje para posibles cuestionamientos ideológicos, en los momentos cuando los ocupantes del gobierno eran los mismos que promovían y avalaban El Ladrillo y el plan laboral?

La felicidad pirotécnica del rescate encubrió el inminente regreso a sus vidas proletarias, sin indemnización alguna ni ninguna sensación de justicia: en julio de 2013, la Fiscalía de Atacama decidió no continuar el proceso, pues estimó que no había antecedentes suficientes para efectuar una investigación.

El hecho de que los 33 estén vivos fue el atenuante para los castigos de la negligencia. Al final, estas víctimas de la codicia fueron desechadas de la misma forma como ocurre con los chicos de un reality show de alta audiencia. Suena cruel, pero no es lejano decir que apostaron a la vida de los 33 mineros porque precisamente vivos, ellos no valían nada.

 




1 comentario sobre “El rescate tras del rescate de los 33 mineros”


  1. cristian

    que algo sea evitable no hace que deje de ser un accidente. TODOS los accidentes son evitables. un accidente de tránsito, por ejemplo, se evita si todos manejan bien y tomando las precauciones debidas. y sigue siendo un accidente.

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