Repudio a la campaña del terror del SENDA

por Paula Reyes

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Por Paula Reyes

Para sorpresa de muchos (y la mía propia) la cámara de diputados aprobó por 68 votos a favor el proyecto de ley que legaliza el consumo medicinal y el autocultivo de hasta 6 plantas por casa. Si bien se trata de una primera instancia, las reacciones de los organismos opositores no esperaron y hoy el SENDA (Servicio Nacional para la Prevención del consumo de Drogas y Alcohol, organismo que desde el gobierno de Piñera pertenece al Ministerio del Interior) levantó un amplio operativo comunicacional que posicionó en los principales medios de circulación nacional la alerta sobre el daño que esta ley provocaría en el país.

En primer lugar, el diario La Tercera publicó una extensa entrevista a Mariano Montenegro, psiquiatra director de la institución, donde asegura que el proyecto de ley amenaza con equiparar los niveles de consumo de marihuana a los de alcohol y tabaco: “En Chile el consumo de marihuana es alto y tenemos que reducirlo. Por ello, todo lo que aumente la disponibilidad, se traduce irremediablemente en más consumo”, asegura, poniendo énfasis en que el problema en Chile no es el narcotráfico, sino el consumo. Que incluso trabajando en políticas de educación y consumo responsable, la gente sentiría que tiene chipe libre para consumir a destajo pues, obvio: si de pronto nos permiten algo que es prohibido y sancionado, todos correremos a drogarnos como locos porque es lo único que nos interesa en la vida, ¿cierto?

Para el SENDA poco importa que el proyecto de ley esté pensado para consumo medicinal y que personas adultas cultiven en sus casas: los adolescentes siguen siendo los más vulnerables a caer en el flagelo de la drogadicción por la terrible inequidad que tenemos en nuestro país. Ok, sí, tiene un punto. Es cierto que las drogas afectan a las poblaciones más vulnerables, pero: ¿En qué momento transparentamos la influencia del narcotráfico aquí? ¿El director sabe lo que es un paragua? ¿Dónde queda ese tórrido mundo donde vas a una plaza y compras un quinazo de una hueá negra que te deja sin habla por horas? Es inconcebible que se trate de desviar el discurso sobre la legalización hacia el peligro del consumo cuando es justamente el círculo de marginalidad y narcotráfico el causante de los problemas más terribles de ñoco en el país.

Ahora, la segunda patita: Justo el día después de que la ley pasa por su primer trámite legislativo importante (no estoy segura de que esto sea así), el organismo lanza un extenso estudio con el cual La Segunda escribe un reportaje de dos páginas demostrándole al país la gravedad de la situación del consumo. En él se asegura que la cifra de consumidores asciende a 1 millón 114 mil personas, de los cuales 200 cuarenta mil lo hacen de manera “problemática”. ¿Qué es problemático para el SENDA? ¿Fumarse un pito al día? ¿Que la marihuana te afecte en tu desempeño laboral? ¿Que hipoteques tu casa para comprar drogas? Seguro eso no le parece mala idea a la UDI.

El reportaje continúa explicando que, además de esta peligrosa realidad, ha habido una importante baja en la en la percepción del riesgo del consumo de esta droga, principalmente debido a los discursos progresistas que instalan la noción de que la marihuana es “buena” para la salud, lo que ha “trivializado” el debate porque no existe información seria sobre los daños que produce el consumo de esta sustancia en jóvenes y adolescentes. También asegura que el proyecto de ley está en contra de los lineamientos políticos del gobierno de Michelle Bachelet sobre el consumo y prevención de drogas, algo consecuente con la decisión de catalogar a la marihuana como droga dura en su primer gobierno (proyecto que contó con la asesoría del actual director) y con el nombramiento del psiquiatra como director del SENDA, mas no con lo que la presidenta ha planteado públicamente en su segundo mandato: la idea de revisar la tipología de la marihuana y abrirse al debate frente a la legalización. Entonces yo le pregunto ¿Qué quiere, presidenta? ¿Por qué nombra a uno de los más férreos opositores a la política de apertura de las drogas como director del centro dedicado a la educación y prevención del consumo si en su campaña dice lo contrario?

Por su parte, El Mercurio también hizo lo suyo: un gran artículo en la sección Vida, Ciencia y Tecnología puso énfasis en los peligros del consumo, sobre todo en jóvenes. Claro está que el consumo desmedido de cualquier sustancia, alimento, incluso personas (sí, a veces consumimos personas) pueden resultar perjudiciales para la salud física y emocional de las personas, pero ¿por qué les dio con la marihuana? ¿por qué no hay control de la publicidad del alcohol, la que llega a niveles tales de festinar con el incidente de Vidal en la Copa América? ¿Por qué hay un doble estándar tal que nos oponemos a la legalización cuando somos uno de los países más curados del mundo?

La psicología ha estudiado este fenómeno desde una pregunta básica: ¿Por qué nos drogamos? Según explica el psicólogo humanista Matías Méndez, las distintas tradiciones en el mundo han desarrollado lo que se conoce como “tecnologías de lo sagrado”: técnicas para alterar la conciencia. Estos pueden ser de diversa índole: meditación, yoga, deprivación sensorial, temazcales, la sobreestimulación sensorial, automutilación, etc. Todos buscan alterar los estados de conciencia. Dentro esas tecnologías de lo sagrado está el uso de psicoactivos.

Según explica, estas tecnologías de lo sagrado fueron evolucionando hacia lo que se conoce como consumo recreativo de drogas, con la diferencia de que hoy no contamos con el contexto cultural que nos permita entender esta dimensión del ser humano, que los psicólogos humanistas denominan “transpersonal”.

“La marihuana te ayuda a entrar en estados ampliados de conciencia, pero la mayoría de los consumidores no lo vive así, porque no existe el marco cultural que provea los recursos conceptuales necesarios para poder significar estas experiencias, que son espirituales”, asegura. Según él, es esta desinformación una de las principales responsabilidades de las adicciones: “las personas se hacen adictas a una droga no sólo porque tienen un trastorno psiquiátrico en el sentido biomédico, sino también es un trastorno espiritual. Porque están enganchados de buscar este espacio sin tener algo que los oriente. Hay algo que tu espíritu anhela, pero nadie te explica eso”.

Méndez profundiza y asegura que la clasificación de drogas duras y blandas responde a una intención política: “por algo el sistema favorece el uso de depresores y no de psicodélicos, porque el alcohol, por ejemplo, también es una herramienta de control del sistema. El poder necesita gente curá que no tiene voluntad. El alcohol no fortalece tu voluntad, al contrario. Es por eso que tenemos clasificadas en la lista n° 1 de las drogas más peligrosas la marihuana, el LSD, el DMT (ambas drogas psicodélicas) junto con la cocaína y la pasta base, lo que no tiene base científica, ninguna, es simplemente un tema político y económico”.

Si bien ambas visiones plantean escenarios completamente opuestos, concuerdan en algo importante: prácticamente no existe un marco cultural que permita significar las experiencias de alteración de conciencia, más allá de lo práctico que es para la economía y el poder que cada cierto tiempo haya celebraciones o motivos a nivel nacional para ahogar las penas en un mar de copete y comida. ¿Ayudaría la marihuana a chantar la moto? Ni idea, pero convengamos que un volao es mucho menos nocivo que un curao. Quizás el problema es que con los pitos legales no hay por donde sacar plata.




1 comentario sobre “Repudio a la campaña del terror del SENDA”


  1. concuerdo con lo expresado pero agregaría solo una corrección: No estamos ni cerca de ser “unos de los países más curados del mundo”. Estamos a la par de nuestos vecinos sudaméricanos y casi toda Europa consume más alcohol que nosotros y ni hablar de Europa del Este (ex URSS), que ellos si que son curados y nos duplican. Así que ese dato lo debemos guardar junto con: “tenemos la bandera más linda” y el segundo lugar en himno nacional.

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