Hasta siempre 2015: No nos has vencido

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

El 2015 no lo vamos a olvidar jamás. Nos atacó a lo más profundo de nuestra chilenidad. Fue un año chileno. El año en que quedamos desnudos ante lo que somos y tenemos. Lo bueno y lo malo. Porque sería egoísta quedarnos con la pura imagen de Matte, Rossi y Dávalos. Chile es mucho más que la maldad, el chanterío o el aprovechamiento. En 2015 Chile nos dio un mazazo de su verdad también con el Tío Lucho, llorando sin consuelo por el derrumbe de su casa abatida por las olas de un mar enojado con sus costas. Chile, ese Chile televisivo y televisado que se conmueve más por un meme o un video de Facebook que por cifras duras y secas, se vio puro y cristalino en las manos del Tío Lucho, en Los Vilos, alzándose temblorosas para afirmar que de aquí se sale. Que con 80 años se va a salir adelante, se va a volver a reconstruir la casa de nuestros sueños. Cómo no vamos a salir adelante a los 80 años, si cargamos sobre el cuerpo tanta venganza, tanta crueldad de ejércitos y banqueros dispuestos a matarnos y torturarnos para hacer de Chile el palacete de sus caprichos. Cómo no vamos a salir adelante, si miles han tenido que hacerse a la idea de vivir, sin saber aún dónde están sus hermanos, padres y madres, desaparecidos y masacrados. Vamos a salir adelante porque el balance de lo bueno y lo malo no puede terminar con el rostro cobarde y rastrero de Jovino Novoa, detrás de un abogado, rogando a Dios que le den tres años de condena en lugar de tres años y un día. No, Chile no es ese rostro, y lo sabemos cuando vamos cansados en la micro, y entre las cien personas por metro cuadrado un obrero lanza una talla para reírse de la paradoja de ir apretados como sardinas. Y todos se ríen. Se ríen porque queremos ser felices. Los chilenos queremos ser felices. Y para eso luchamos, y para eso acusamos y gritamos. Para eso resistimos en las calles de Valparaíso contra un guanaco, protegidos sólo por el lienzo de una consigna de cambio. Para ser felices es que sacamos 200 mil a la calle en una noche de invierno para pedir justicia para Rodrigo Avilés, no sin antes desplegar su rostro inmenso en el frontis de la casa central de la Universidad de Chile, y con ese sentirnos vivos, enviar la vibra de una magia de años de lucha hasta su sala en el hospital. Chile quiere ser feliz porque la recuperación de Rodrigo no fue en vano. Como tampoco fue en vano la partida de dos niños baleados por el desquicio de un egoísta que no entendió que los malos son los coludidos, los corruptos y los que se arrancan a Miami negando hasta subirse al avión su culpabilidad en la red criminal de la Fifa. Esos dos niños, estudiantes de la Universidad Santo Tomás; esos dos niños alegres, Diego en la militancia y Ezequiel en la belleza de una naricita de payaso, nacieron para ser felices y para demostrar a este país que tantas veces parece hundirse en la mierda, que no vale la pena vivir para no cumplirlo. Ellos cumplieron, murieron marchando, murieron con las banderas en alto, murieron con la esperanza intacta de que su lucha no es ni siquiera por ellos mismos, sino por los que vienen. Que sepan los 200 mil chilenos que tras décadas de dictadura económica recuperarán en 2016 la gratuidad, que ese derecho no se ganó sólo con creatividad. Se ganó también con sangre.

Los chilenos queremos ser felices, porque sólo quienes quieren ser felices no descansan por semanas metidos en el barro, removiendo todo lo destruido por más de veinte aluviones, para dar con el cuerpo de un hermano que ha partido. Sólo el indescriptible deseo de bondad mueve los brazos de cientos de Bomberos con el único fin de que una madre dé sepultura a su crío. Sólo el insuperable hambre de superación permite seguir de pie a un viejito que se quedó sólo con una foto de su infancia colgada en una pared tambaleante, en Diego de Almagro. Esa hambre, tan orgullosa de nuestro trabajo y honradez, es la que nos hizo despreciar con tanta fuerza a un senador como Jorge Pizarro, que en plena emergencia por el terremoto en su región se fue a disfrutar de su deporte favorito al extranjero. Esa hambre de justicia no nos permitió aceptar la descarada mentira de Matías Walker, quien dijo que se enteró del terremoto en el avión, cuando el avión salió horas después del movimiento de la tierra. Esa convicción en la verdadera dignidad de Chile nos llevó a sentir alegría al ver a Délano y Lavín esposados y vestidos de amarillo, iniciando el pago de haber financiado por décadas a la UDI para luego pedir por correo que no cambien una letra del negocio de la Salud del que son parte. Esa convicción nos llevó a no hacer diferencias políticas a la hora de la condena: lo de Dávalos es una humillación a la Patria y una sinvergüenzura. Seis mil millones de ganancias regaladas por un préstamo que jamás le darán al kioskero de la esquina es una bofetada a un país al que se le dijo que la tarea del año es no dejarle pasar ninguna a la desigualdad. Desigualdad que nos quiso quitar el hambre de gloria tantas veces, con la innumerable lista de políticos de la Nueva Mayoría financiados por el nieto de Pinochet; con la impresentable cara de Jaime Orpis sentado en la Comisión de Pesca del Senado mientras recibía sueldos de Corpesca; con los imperdonables correos de Ezzatti y Errázuriz encubriendo a un violador para en la misa de Navidad pedir por la unidad de los hermanos; con la colusión de los confores que nos dijo que el empresariado que forjó el estado actual de Chile no escatimará en recursos para pisotearnos y que así se nos quite el hambre de justicia. Pero no estamos dispuestos. Si no, no aguantaríamos una erupción volcánica al año. Si no, no seríamos el último país del planeta en descubrir un nuevo dinosaurio. El más quiltro en la historia de los dinosaurios. Nada nos va a frenar. Ni las decenas de despidos en TVN, el abandonado canal del Estado; ni los allanamientos a las comunidades mapuche; ni el robo de los equipos de las radios comunitarias del sur; ni el abandono de la ciencia y la cultura, que mientras celebra la construcción de la segunda parte del GAM mantiene en paro a los trabajadores de la Dibam.

Si algo demostró Chile en 2015 es que está hecho de acero. Porque en ningún otro año reciente aguantamos tanto. El senador Bianchi pagando el triple de arriendo por su sede senatorial a un familiar. Marisol Turres diciendo que hay violaciones no violentas. Gustavo Hasbún justificando el casi asesinato de Rodrigo. El Chispa mostrando a un delincuente en redes sociales como un animal cazado. La tele transmitiendo en vivo todos los portonazos de la temporada, pero ni el 1% de las colas en los hospitales. Milicos despilfarrando $20 mil millones del Fisco en el casino.

Somos de acero, porque sólo un país de acero puede seguir funcionando, luchando, aguerrido y con coraje, sabiendo que en las movilizaciones te matan a la gente, como a Nelson Quichillao, trabajador subcontratado del norte, cuya “justicia” la hará un tribunal militar. Hay que ser de acero, y hay que tener demasiado amor para seguir viviendo aquí. Pero lo hacemos, por una u otra razón. Por la memoria de un Chile distinto, por la victoria que quisieron alcanzar nuestros abuelos, padres y tíos. Por el orgullo de no dejar que la derrota sea siempre derrota.
Hasta siempre, 2015: No nos has vencido.




2 comentarios sobre “Hasta siempre 2015: No nos has vencido”


  1. Roxana

    Solamente gracias por recordarnos que estaos hechos de fuerza y amor para seguir viviendo, para seguir luchando y construyendo sueños colectivos y personales.

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