Homenaje a Pedro Lemebel

por Mauricio Diaz

Sobre Mauricio Diaz

Por Mauricio Díaz

Cómo es la vida: yo arrancando del sida y me agarra el cáncer.

Escribo con la certeza y la vergüenza de no hacerle justicia a Pedro Lemebel con estas palabras. También lo hago con el dolor de sentir esta pérdida como si fuese mía. Durante la madrugada del 23 de enero, luego de luchar durante mucho tiempo contra un cáncer de laringe que ya le había quitado la voz, Pedro dejó este mundo y se llevó consigo un pedacito de los corazones de miles que lloramos su partida.

Conocí a Lemebel a partir de la lectura de La esquina es mi corazón hace muchos años atrás. Tantos que no recuerdo cuántos con exactitud. Era chico y no entendía mucho, y de hecho creo que no me gustó el libro en ese momento. Tengo conciencia, eso sí, de que fue el primer libro que leía en mi vida que abordaba la temática cola de manera tan cruda, tan fea pero a la vez tan real que dolía en la carne. Nunca antes había leído algo parecido. Fue chocante y extraño leerlo: las crónicas eran cochinas y su lenguaje era bien enrevesado, amariconado al igual que las temáticas de las mismas. Chica como era, nunca llegué a pensar que esa lectura y las posteriores me iban a marcar tanto. Y me marcaron no sólo por la calidad artística de sus crónicas, sino también por su contenido político, que no se quedaba en el escrito mismo sino que trascendían a la vida cotidiana. Lemebel, así, es una de las últimas expresiones vivas en Chile de una relación indisoluble entre arte y praxis política.

La muerte de Pedro Lemebel me provoca una sensación de orfandad que me es difícil de describir. Orfandad porque muchas colas y tortas de mi generación lo sentimos como una especie de reina madre. Para muchas de nosotras que siendo fuertonas decidimos asumir una militancia de izquierda, y que no vivimos la dictadura sino a través del relato de nuestros padres y compañeros más grandes, la Pedro es un ejemplo porque tuvo el coraje de enfrentarse cara a cara al poder y a una izquierda profundamente machista. En 1986, cuando muchas de nosotras todavía ni siquiera habíamos nacido, leía su “Manifiesto” –uno de sus textos más hermosos, en mi opinión– en un acto político de la izquierda, denunciando la homofobia y la violencia que existe entre los compañeros. La misma violencia que hoy pervive en la izquierda en formas mucho más solapadas y que la gran mayoría prefiere callar.

Por otra parte, quienes vivimos el día a día como fletos en nuestros barrios y poblaciones sabemos que ser cola está lejos de la estética artificial de los fletos cota mil de la Fundación Iguales, el MOVILH y el Gobierno. La genialidad de Pedro Lemebel radica en enrostrarle al mundo esa marginalidad que nadie quiere ver: que las colas vivimos en poblaciones, que tenemos que escondernos, que estamos expuestas todos los días a que nos insulten o nos saquen la chucha, que muchas de las nuestras se prostituyen por droga, que vivimos cagás de susto arrancando de la pandemia del SIDA. En palabras del mismo Pedro, “se acepta el gay profesional, el gay televisivo, el gay farandulesco, el gay de gimnasio, pero la loca triste, evidente y furiosa de la población sigue siendo estigmatizada”. Porque en Chile ser cola es un problema de clase: los que mueren baleados, acuchillados, rociados con ácido o pedidos por “el chiste” son los que viven en San Bernardo, Puente Alto, Maipú, Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda. Lemebel es, en definitiva, cada uno de esos colas, es cada marginado y marginada de esta sociedad. Es el vocero de quienes históricamente hemos sido acallados: colas, tortilleras, travestis, mujeres, pobres, negros, latinos y oprimidos en general. Por eso, condolerse de su partida es un gesto político: es reconocer en él a un luchador, a un ejemplo para toda la izquierda y para todas las colas revolucionarias de esta larga y angosta faja (facha) de tierra.

Hace unos treinta años atrás, mientras Lemebel y tantos otros luchaban contra la dictadura aquí en Chile, Rocío Dúrcal, cantante española y reconocida diva cola, cantaba “Ya lo ves, la vida es así / tú te vas y yo me quedo aquí”. Tú te vas, Pedro, y nosotras nos quedamos acá abajo, con el corazón colita hecho pedazos, pero con la convicción de que el mejor homenaje que podemos rendirte es luchando por la transformación radical de esta sociedad. Gracias por enseñarnos tanto, por enseñarnos que el derecho a vivir felices y libres es inalienable. Gracias por todo y hasta siempre, amado Pedro.




2 comentarios sobre “Homenaje a Pedro Lemebel”


  1. Está hermoso, te felicito. Estaba esperando que la Feria le escribiera un homenaje a Lemebel. Estaba esperando que tú lo escribieras. No tengo palabras, es muy emocionante y refleja mucho de lo que sentimos quienes vimos partir a uno de los nuestros. Hay personas que nunca mueren, Pedro Lemebel es uno de ellos.

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  2. Paulina

    Que lindo homenaje. De hecho creo que es una de las despedidas más lindas.
    Desde lo mas profundo comparto el sentimiento de perder un padre-madre, el sentimiento de sentir que uno de los últimos combatiente de una de las causas mas escondidas en el país se fue, en el medio de una noche, sin el reconocimiento que se merecía como tantas veces sucede en este país. Sin embargo quienes realmente lo sentimos estamos de luto, sin saber todavía la magnitud de esta perdida.

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