Ignacio Walker es un barsa, un mentiroso y un descarado

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Ignacio Walker es un barsa. Con una actitud de Robin Hood adquirida de la noche a la mañana, lleva dos semanas recorriendo centros de estudios, sedes partidarias y juntas de vecinos propagando su incomensurable temor y dolor “ante la injusticia que significa que miles de estudiantes de CFT e IP” que lucran no reciban gratuidad. Walker es un barsa, y también un descarado, porque sin arrugarse borra con el codo todos los acuerdos programáticos que viene firmando desde 2011 que apuntan a hacer efectivo el fin del lucro en instituciones de educación superior, para obtener réditos políticos en su jugada por convertirse en candidato presidencial. Ignacio Walker también es un desleal, porque colocando en Twitter “Como les explico a los 123.000 alumnos de Inacap que, a diferencia de los 90.000 del Duoc, no van a poder acceder a gratuidad en 2016?” está desconociendo las razones por las cuales participa en una coalición de gobierno, está traicionando a sus propios correligionarios de partido que han dejado los pies en la calle explicando la importancia del fin al lucro y; en última instancia, está contrariando el origen de la realidad agobiada de deudas y sobretrabajo con que cargan las familias de los estudiantes más vulnerables de la educación superior: el libre mercado educativo, la desregulación de matrículas y carreras y el surgimiento de cientos de empresaruchos de la educación fomentados por las políticas de los gobiernos en que él fue ministro y funcionario. Porque en 1990, cuando Walker asumió como asesor político de Patricio Aylwin, bajo el cargo de Director de Relaciones Políticas e Institucionales del Ministerio de la Secretaría General de la Presidencia, el Inacap cumplía su primer año como institución privada desligada completamente de Corfo, organismo de donde surgió. Esa política de Estado, de desprender a la educación de su gratuidad y sentido público, es por la que trabajó el señor Walker bajo el mando de Aylwin, porque en ese cargo en la Segpres es que debió tramitarle a Jorge Arrate la Ley Nº 19.247, de 1993, que dio pie a la explosión del sistema de copago que hoy abarca a 68% de la matrícula del sistema escolar particular subvencionado. Ese tipo de políticas, que tenían como objetivo reducir la participación del Estado en la educación de los niños y jóvenes chilenos, es la que permitió que cualquier mercader cobrara por educación perjudicando a los alumnos más vulnerables, como los del Inacap que hoy sorprenden a Walker. Ese tipo de políticas regresivas en cuanto a derecho son las que dañaron a esos 123 mil alumnos, señor Walker, no las de una gratuidad que no financia el negocio de los dueños del Inacap, que podrían usar recursos del Estado, aportados por los impuestos de todos los chilenos, para renovar el lujoso auto último modelo de las niñitas. ¿Es usted solamente irresponsable o de verdad no hace el ejercicio de lo que significa económicamente financiar el negocio lucrativo de particulares con el dinero de todos, en tiempos en que tanto ha costado captar el apoyo de la egoísta cultura nacional hacia la gratuidad?

Y siguiendo con la historia: 1995, cuando Walker cumplía su segundo año como diputado, coincidió con la autonomía lograda por el Instituto Profesional del Inacap; y 1997, cuando Walker iniciaba su segundo período en la Cámara, coincidía con la autonomía del Centro de Formación Técnica del Inacap. ¿Qué hizo Ignacio Walker en esos años para frenar la proliferación de aranceles en libertad en instituciones paralelas al Estado? Nada.
¿Qué hace hoy Ignacio Walker para garantizar educación de calidad a los estudiantes más vulnerables de Chile que estudian en universidades y CFT que lucran? Nada, porque siguiendo la lógica del nuevo Robin Hood del lucro, a muchas instituciones que no están acreditadas por una cifra decente de años, con nula capacidad de incidencia de los alumnos en las decisiones, con nula investigación y extensión, y con profesores taxis que no logran una pertenencia a un proyecto educativo, hay que seguir dándoles plata para que incrementen su negocio, bajo la pantalla de ser justos con el pobre. No sea descarado señor Walker, la justicia con el pobre no pasa por seguir engañándolo con una educación que se puede caer en cualquier momento, sino por generar, progresivamente, un nuevo sistema de educación superior que supere el financiamiento a la demanda, en el que lo que menos se necesita es parches y oportunismos para eternizar lo que usted ayudó a construir y que sigue generando tanto desamparo: la educación vendida como un automóvil de cristal, sin seguros, proyecciones y seguridad laboral. ¿O acaso fue a la Universidad del Mar para ayudar a sus alumnos -también vulnerables- a encontrar una solución? No.

Porque con su política de seguir regalando nuestra plata al negocio de unos pocos, sólo se ratifica, mediante otro método, lo que con orgullo afirmó hace unas semanas: que “la gratuidad partió hace muchos años con sistema de becas”. Esa política, entreguista del Estado, desreguladora de derechos y que ve la educación como un premio, no es gratuidad: es mantener el origen de todo este negocio: las leyes de Pinochet sucedidas por las de Aylwin, a quien usted ayudó desde el escritorio y la negociación a escondidas.



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