La desigualdad detrás del humo

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

¿A nadie le llama la atención que la mierda de toda una gran capital se deposite sólo en las comunas del sector poniente de la región Metropolitana? Porque las 4200 toneladas diarias de plástico que ya no se podrán llevar –producto del incendio- a Santa Marta, en el límite entre Talagante y San Bernardo, irán a parar mañana y pasado mañana a los vertederos de Til Til y de Santiago poniente. ¿A nadie le llama la atención que la comunidad entera de los poblados afectados por la construcción del vertedero Santa Marta, los mismos poblados que hoy se llenaron de moscas y colapsaron consultorios con aumento de infecciones respiratorias, se hayan opuesto a la instalación, en 2002? Parece que a nadie, porque en Chile sólo se presta atención a los problemas cuando estallan en la cara de los centros de administración y poder. El asunto del vertedero es noticia y moviliza al Estado porque el humo llegó a Santiago, porque el despertar fue con una nube que no corresponde a las comunas del centro. Pero, cuando la nube sea parte del recuerdo ¿impactará el hecho de que el sistema de evaluación de impacto ambiental no escuchó los reclamos de los vecinos, quienes se tuvieron que contentar con que la empresa concesionaria les arreglara la iglesia de Lo Herrera y les pavimentara un par de calles? Todo parece indicar que no, porque parece estar asumido que en Chile el derecho a la calidad de vida lo tienen sólo los de una parte, los de esa parte donde da la impresión que el pasto y los árboles surgen de forma natural, sin necesidad de inversión en áreas verdes ni recursos para el riego. Por esa normalidad de la desigualdad es que ni siquiera se nos pasaría por la cabeza la posibilidad de instalar un vertedero en Las Condes o Vitacura. Qué ordinariez más grande sería irse para la casa después de la pega y encontrarse en las esquinas con camiones recolectores de Puente Alto o Quinta Normal. Porque eso es lo que deben aguantar todos los días los habitantes de San Bernardo, Lonquén, La Pintana y las zonas más afectadas por el incendio: la toxicidad de 19 comunas que hoy les explotó sucesivamente generando un humo que sólo en la mente de Claudio Orrego no puede ser tóxica.

¿Creerá Claudio Orrego, autor de la declaración más tonta de una autoridad pública en lo que va del año, que los aumentos de atenciones respiratorias en San Bernardo fueron un capricho de los niños y ancianos irritados por una mezcla de monóxido de carbono con hidrocarburos imaginarios? ¿creerá Claudio Orrego que las crisis de descompensación registradas este martes en los pacientes asmáticos en la misma comuna fueron provocados por el espíritu santo? Lo peor de estos casos, le podríamos decir a Orrego, es comprobar lo que estamos seguros no fue provocado por el espíritu santo, sino por la mano de un Estado entregado a los privados. Escozor debe causar escuchar a una señora con los ojos llorosos en la tele, angustiada porque los dos médicos del consultorio de su barrio no dan abasto con la emergencia. Escozor debe causar que en plena pelea por la instalación del vertedero Santa Marta, la empresa sanitaria se vendía como la más segura de la región, para hoy demostrar que ni siquiera consideraron la variable del calor en la construcción, variable que con una mísera ola de altas temperaturas provocó un derrumbe de tantas toneladas de basura en descomposición que obligó a evacuar una decena de niños de Lonquèn Sur la noche del lunes. Indignación debe causar, también, escuchar al alcalde de Maipú, Cristián Vittori, hablar de basura en un matinal, y que nadie le pregunte por los $1600 millones extras que su municipio pagó a la empresa recolectora de basura de su comuna y que lo llevaron a ser formalizado. Indignación debe causar que hasta esta hora, cuando la autoridad informa que el nivel de contaminación en el aire empeoró desde regular, aún no se declara ninguna medida de excepción. Es que esperar a la tragedia parece ser la tónica de cuando los afectados son gente que no pertenece al mando económico nacional. Indignación debe causar que la comuna que solucionará de forma parche la emergencia sea Til Til, la misma que más sufre las alzas de temperatura y que cuenta con una de las más bajas cifras de árboles por persona en la región. Indignación debe causar que el jefe de la Onemi Metropolitana, Sergio Rebolledo, diga que el humo “no genera ningún tipo de daño nocivo hacia la salud”, y que después el presidente del Departamento de Medioambiente del Colegio Médico, Andrei Tchernitchin, responda tajante en Eldesconcierto que “el efecto más grave es sobre la mujer embarazada en los tres últimos meses de embarazo y lo niños de pequeña edad, hasta los dos años, que quedan marcados en distintas células. Con eso se alteran sus programas para desarrollar el número de receptores que tiene que tener normalmente para distintas hormonas y para neurotransmisores. Esto significa que van a actuar mal, van a regular mal las funciones y van a traducirse en distintas enfermedades en la vida adulta. Por ejemplo, deficiencia intelectual, en la memoria, niños agresivos, fallas inmunológicas y más infecciones respiratorias”. Indignación debe causar que una vez más, ante una emergencia, se comprueba la desigualdad detrás del humo. Una comprobación que ojalá no dure sólo los tres días que arderá la mierda de todos en Santa Marta.




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