Lo que hay detrás del Stalingrado kurdo

por Felipe Ramírez

Sobre Felipe Ramírez

Por Felipe Ramírez

La resistencia protagonizada por las y los miembros de las “Unidades de Protección Popular” (YPG) del pueblo kurdo en la pequeña ciudad de Kobane, al norte de Siria, frontera con Turquía, ha atraído todas las miradas. Los milicianos, pobremente armados, atacados por el sur, el este y el oeste por el Estado Islámico (EI) equipado con armamento moderno y tanques, y encerrados contra la cerrada frontera turca, venden muy caro cada metro de territorio.

La gesta que protagonizan ha sido comparada con la resistencia del Madrid republicano en la guerra civil española, y con el sitio de Leningrado y el ataque a Stalingrado en la segunda guerra mundial. Pero ¿quiénes son esos hombres y mujeres que, armados con viejos fusiles kalashnikov y sus ansias de libertad, enfrentan al fundamentalismo retrógrado del EI?

La revolución de Rojava y las esperanzas del Kurdistán

Cuando el año 2011 se desató una cruenta guerra civil en Siria entre fuerzas opositoras y el gobierno de Bashar Al-Assad, la población kurda eligió una tercera vía. Constituyendo el 9% de la población del país –alrededor de 2 millones de personas- y siendo relegados por el Estado a una ciudadanía de segunda categoría, decidieron no comprometerse ni con un gobierno que los había reprimido ni con una oposición nacionalista árabe que les negaba sus derechos como pueblo.

Ante la situación, los kurdos sirios, mayoritariamente agrupados tras el Partido de la Unión Democrática (PYD), ocuparon los territorios de mayoría kurda en Afrin, Kobane y Yazira (Qamishli y Hasaka) e instalaron una administración autónoma dividida en 3 cantones. El principio fundante es el “Confederalismo Democrático”, que impulsa la convivencia de los distintos pueblos de la región: kurdos, árabes, turcomanos, asirios, en un plano de igualdad y autonomía. De esta manera, los kurdos se han mantenido fuera del Ejército Libre Sirio (FSA), la coalición opositora apoyada por la OTAN, y no se han aliado con el gobierno, aunque ha colaborado en operaciones puntuales en contra de extremistas islámicos y se ha enfrentado en ocasiones con fuerzas nacionalistas árabes del FSA que los acusan de no apoyar la derrota del gobierno.

Su posición socialista, laica y fuertemente defensora de los derechos de las mujeres le ha hecho entrar en directo enfrentamiento con las varias milicias yihadistas del país como el Frente Al Nusra –ligado a Al-Qaeda-, el Frente Islámico y el Estado Islámico. En las zonas de Rojava (la región norte de Siria de mayoría kurda) que pertenecen a estos cantones, se inició un proceso de educación en kurdo, lo que estaba prohibido por el gobierno, y se estimuló el surgimiento de centros de cultura y artes en las principales ciudades.

Además, la reivindicación de la mujer es piedra angular de la nueva administración. Todas las organizaciones políticas ligadas al PKK tienen un sistema de doble presidencia con un hombre y una mujer, y en las YPG el número de mujeres en armas y en cargos de responsabilidad y decisión alcanza más del 40%, existiendo unidades únicamente femeninas: las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ). En Rojava existen co-presidentes mujeres en todos los niveles de la administración, y en el sistema educativo se enseña libertad de la mujer y se problematiza la estructura social desde lo social y el género, algo inédito en la región.

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Divisiones entre los kurdos

El pueblo kurdo está constituido por alrededor de 35 ó 40 millones de personas, repartidos entre Turquía, Irán, Irak y Siria, siendo uno de los pueblos más grandes sin Estado. Si bien las potencias aliadas les prometieron la conformación de un Estado independiente en el Tratado de Sevres en 1920, fueron rápidamente traicionados por los mismos países en 1923 con el Tratado de Lausana. En los 4 Estados mencionados han sido históricamente discriminados, muchas veces sin siquiera poder utilizar su idioma. Ya sea por el panarabismo del Partido Baath en Siria e Irak o el Kemalismo en Turquía (ambos nacionalistas y laicos), los kurdos siempre fueron una minoría que vieron sus derechos como nación postergados.

En 1946 vivieron el primer intento de vida independiente. Gracias a la presencia de militares soviéticos en Irán durante la segunda guerra mundial, ocuparon la región del Azerbaiyán Occidental y fundaron la República de Mahabad. Sin embargo, pocos meses después, tras la presión de Estados Unidos, la URSS se retiró, dejando a los kurdos sin su principal apoyo y el gobierno rápidamente avanzó venciendo la débil resistencia de las tribus locales. Qazi Muhammad, el principal líder del movimiento, fue ahorcado por traición el 31 de marzo de 1947.

Uno de los líderes guerrilleros kurdos, Mustafá Barzani, fundó en esos tiempos el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), que reuniría hasta los años 50 al conjunto de los nacionalistas kurdos de Irak. Sus bases sociales de apoyo eran las tribus más tradicionales del norte del Kurdistán iraquí (ligadas a Barzani) y los sectores urbanosdel centro y sur del territorio, más proclives a las posturas del intelectual de izquierda Ibrahim Ahmad y Jalal Talabani.

Luego de que el partido Baath tomara el control del país en los 60, los conflictos entre Bagdad y el PDK aumentaron rápidamente. Para 1974 la guerra fue inevitable entre los kurdos y los nacionalistas árabes, terminando con una dura derrota de los kurdos al año siguiente. En ese momento las tensiones al interior del partido entre su ala conservadora y tribal ligada a Barzani y el sector izquierdista encabezado por Talabani se hicieron insoportables. Debido a esto, Talabani fundó la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), partido que ha pasado desde el marxismo leninismo a la socialdemocracia, formando parte hoy de la Internacional Socialista. Durante la guerra entre Irán e Irak, en donde la dictadura de Saddam Hussein era respaldada por Estados Unidos para enfrentar a la República Islámica, el régimen del partido Baath atacó con armas químicas la ciudad de Halabja, en 1988. Al menos 5 mil personas murieron en los ataques, que sólo fueron condenados a nivel internacional cuando la OTAN abandonó a su antiguo aliado iraquí.

Ambos partidos aprovecharon la 1ª guerra del golfo para avanzar en la concreción de su autonomía en Irak. Si bien el levantamiento fue aplastado por el ejército iraquí, la creación de una zona de exclusión aérea permitió consolidar un incipiente Estado. Este sólo se oficializará luego de la definitiva caída del régimen en 2003, creándose el actual Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) iraquí basado en la alianza entre el PDK y la UPK (a pesar de la guerra civil que los enfrentó entre 1994 y 1995), representando uno de los grandes polos políticos del Kurdistán histórico.

El otro, se articula en torno al Partido de los Trabajadores del Kurdistan (PKK). Creado en Turquía en 1978 bajo principios marxistas-leninistas, inició una guerra de guerrillas en 1984 en contra del gobierno para lograr la independencia de los kurdos en ese país. Su líder, Abdullah Öcalan está condenado a cadena perpetua en la cárcel de Imrali desde 1999 por cargos de terrorismo. El Estado turco no sólo ha desplegado al ejército para combatir la guerrilla y sus bases de apoyo, sino que ha impulsado organizaciones paramilitares como los “Lobos grises” (de corte neofascista) y “Hizbullah” (sin relación con la organización libanesa, es un grupo extremista sunita).

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El movimiento de liberación kurdo en Turquía cuenta con amplias expresiones políticas que  giran en torno al PKK. Entre ellas están la Unión de Comunidades del Kurdistán (KCK), que agrupa a todas las organizaciones que asumen los postulados del Confederalismo Democrático, el Partido Paz y Democracia (BDP) que cuenta con representación parlamentaria y numerosos alcaldes y concejales en Turquía, aunque ha sufrido en numerosas ocasiones la represión del Estado, y sus Fuerzas de Defensa Popular (HPG). De igual manera tanto el PYD de Siria como el Partido Vida Libre del Kurdistán (PJAK) de Irán se reconocen como seguidores de las posiciones políticas del PKK. Ambos polos mantienen hasta hoy fuertes diferencias políticas y desconfianzas. Faltaba un factor externo para que la cooperación reemplazara a la competencia.

La guerra contra el Estado Islámico

La ofensiva del Estado Islámico y el derrumbe del ejército de Irak, entregó precisamente esa oportunidad. Si bien en Rojava el PYD impulsaba una revolución desde hace dos años en el contexto de los procesos de cambio en Oriente Medio y el GRK de Barzani consolidaba su autonomía, tal como comenté en un artículo el año pasado, la rivalidad entre ambos sectores era amplia.

Mientras el PKK se encontraba iniciando un tenso proceso de diálogo y un alto al fuego con Turquía, marcado por las desconfianzas y esporádicos enfrentamientos, el GRK tenía precisamente en Turquía su principal aliado. A través de puertos turcos el GRK exporta petróleo por fuera del control del gobierno de Bagdad y cientos de empresas privadas turcas y occidentales se han instalado en su capital, Erbil. Esa cooperación contrasta con la dura actitud del GRK y sus fuerzas militares (los peshmerga) hacia Rojava, donde cerraron la frontera impidiendo el paso de provisiones, llegando hasta a cavar zanjas para impedir el paso de las guerrillas del PKK para luchar en contra de las milicias islámicas.

Todo cambió cuando el EI irrumpió en el norte de Irak derrotando en pocos días al ejército financiado por Estados Unidos y la OTAN. Ante la emergencia, los peshmerga debieron asegurar amplias zonas de mayoría kurda fuera de sus fronteras, y entrar rápidamente en combate para defenderlas. Si bien estaban bien equipados, las tropas del PDK y la UPK debieron retroceder ante los ataques extremistas en la zona de Shingal y Mahmur, generándose una crisis humanitaria ante los crímenes del EI contra miles de habitantes yazidíes kurdos en la zona. Muchos murieron de hambre y sed escondidos en las montañas mientras eran acosados por las milicias, hasta que las YPG y miembros del PKK provenientes de Siria lograron abrir un corredor humanitario. Todo, mientras las fuerzas de Estados Unidos debatían sobre cómo avanzar hacia la zona sin apoyarse en los “terroristas” de la guerrilla kurda.

La batalla de Kobane

Es así como se llega a la ofensiva que el Estado Islámico ha desatado desde hace casi un mes en contra del cantón de Kobane.  Aprovechando el moderno equipo militar adquirido tras la derrota del ejército iraquí, los extremistas islámicos movilizaron potente artillería, tanques y numerosos contingentes de tropas hacia Siria, en un intento de ocupar sin interrupción toda la frontera norte con Turquía, eliminando de paso una de las bases de las YPG. Durante su ataque, el EI ha podido sacar beneficio del doble juego de Turquía (miembro de la OTAN con el segundo ejército más grande después de EE.UU. y candidato a incorporarse a la UE) para consolidar sus posiciones. El gobierno turco, encabezado por un partido islámico y conservador (AKP), tiene no disimuladas simpatías por el EI y apoya desde el principio a las distintas milicias sunitas en la guerra civil. Sus milicianos tienen libre paso por la frontera, reciben pertrechos, provisiones e incluso sus heridos son atendidos en los hospitales turcos.

Por el contrario, para Turquía la autonomía kurda representa un peligro por su relación con el PKK. Incluso, durante el debate en el parlamento de la autorización para que el ejército turco actúe en Siria “contra el terrorismo” el EI ni siquiera fue mencionado, mientras fue establecido que las FF.AA. turcas pueden atacar al PKK. Cuando ante la presión internacional, Estados Unidos le pidió a Turquía que abriera su frontera para los refugiados de Kobane, el Presidente Erdogan condicionó su acción a que la coalición atacara no sólo al EI sino que también al gobierno de Al-Assad.

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Ante la difícil situación, miles han salido a protestar en todo el Kurdistán turco, falleciendo más de 40 personas en enfrentamientos con la policía, el ejército, y las bandas paramilitares de Hizbulla y los Lobos grises. Se estableció el toque de queda en una decena de ciudades y la Fuerza Aérea bombardeó posiciones del PKK en el país a pesar del proceso de paz en curso. A nivel internacional, la amplia diáspora kurda en Europa y Estados Unidos ha protagonizado masivas marchas exigiendo que la coalición no sólo bombardee al EI si no que entregue armas a las YPG –tal como hizo con los peshmergas del gobierno kurdo de Irak-.

A pesar de lo desesperada de la situación debido al bloqueo turco y a la negativa de Estados Unidos de entregar armamento al PKK y las YPG, la fuerte resistencia de los kurdos pareciera haber logrado dar vuelta las cosas. Según informó la agencia de noticias ligada al PKK (Firat News) informó que la iniciativa militar se encuentra en manos de las YPG, que han recuperado la mayoría de la ciudad, con grandes bajas para el Estado Islámico. Mehmud Berxwedan, uno de los comandantes en Kobane, afirmó que se encuentran realizando una operación de limpieza en la ciudad y que la ciudad “se transformó en la tumba del EI”. En la frontera, ubicada a escasos metros, cientos de kurdos provenientes de toda Turquía se enfrentan diariamente a la policía y soldados turcos para cruzar a Siria, mientras los fusiles y las bombas no dejan de atronar en el ambiente.




1 comentario sobre “Lo que hay detrás del Stalingrado kurdo”


  1. Comparto el espiritu del articulo, pero cuidado con las simplificaciones y la idealización: 1) El tratado de Sevres implicaba la ocupacion colonial de Turquia y su repartición. No se pudo cumplir ya que el pueblo turco mostro voluntad de resistir y expulso militarmente a los invasores, obligando a las potencias europeas a corregir sus intenciones en el tratado de Lausana. No fue una simple traición. 2) Los americanos ya empezaron a entregar armas, o al menos a utilizar sus aviones para segurar la llegada de armas desde el Kurdistan iraqui a las fuerzas en Kobane. 3) La resistencia en Kobane es merito de los kurdos, pero no hay que omitir el bombardeo gringo sobre el material de guerra islamista mas desequlibrante (tanques y artillería). 4) El FSA ocasionalmente se a quejado de que lo kurods no buscaron una tercera vía, sino que simplemente ocuparon los vacios de poder dejados por el gobierno sirio, sin combatirlo activamente, además de denunciar sus negativas a una alianza formal.

    Los kurdos son una fuerza positiva, pero no son los salvadores de Medio Oriente.

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