Manual para entender qué es el centro social de Longueira

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

En el planeta chileno de las ideas gremialistas, creado en los albores de la década de los 60 por el abogado constitucionalista Jaime Guzmán Errázuriz, se despliega una dimensión inaudita de la sociedad, inexistente y hasta ese momento inescrutable por un mundo enraizado en las materialistas imágenes de Carlos Marx. Esa dimensión es el centro social y popular.

En el universo del corporativismo, donde la vida se reduce a nichos irreversibles cual tumbas clausuradas con mármol; donde los estudiantes son caballos de feria destinados al estudio y a nada que se escape de las capacidades del lápiz y el cuaderno; se necesitaba la creación, el invento de un cuerpo social que llevara en su espíritu la virtud del hombre como un vividor apolítico, operador de una vida cuyo curso fuera el éxito de la estructura medieval de la existencia. Ricos con ricos, curas con curas, pobres con pobres, todos bajo el yugo de la miseria esporádica; bajo la normalidad del abuso y el maltrato guiado por los designios de Dios.

Ese campo fértil de lo apolítico floreció gracias a un impecable trabajo militante, que captó que sólo metiéndose en el corazón de las masas, en el meollo de las poblaciones, podría cimentar en Chile -quizás la nación más marxista de la Latinoamérica del siglo pasado- la noción de entes etéreos reposados en el no pensar más allá de lo próximo.

Así, apoyados en la inexistencia vía masacre de partidos de izquierda; e incluso de centro (homenaje a la capacidad de despliegue popular de la Democracia Cristiana cc @marchadelapatriajoven), el gremialismo fue construyendo en sombras, bajo el oscuro manto de las noches con toque de queda; de la mano con la pobreza franciscana de un país en dictadura, la fuente de toda su actual riqueza: el centro social y popular, más tarde inscrito con letras doradas como “UDI Popular”.

Y es aquí donde aparece luminosa la figura de un proyecto de mártir, de leyenda política que presume presentarse ante el país como el espíritu santo. Es el nombre de Pablo Longueira Montes, prócer del centro social, ayer obrero diputado, escupido por el pueblo; hoy candidato presidencial amparado en decenas de municipios cooptados por su ideario. Abrazado por la causa de millones de chilenos que piensan como él.

Que el Techo mande
Que el Techo mande

“El centro social popular”, defendido por un Longueira casi caricaturesco en el debate de la derecha desarrollado el último jueves, es la placa del gremialismo, su esencia filosófica; lo que los neoconservadores han querido siempre para un país que, tal como concuerda Don Hermógenez Pérez de Arce, se abrirá en 2014 a un nuevo ciclo histórico que bien podría terminar en caos.

Por lo tanto, están equivocados quienes menosprecian intelectualmente la defensa del concepto “centro social y popular”. Erran, porque aquel no es un mero slogan de campaña, como sí lo son “Yo Quiero” o “Todxs a La Moneda” (“La Constitución la escribiremos con faltas de ortografía, pero la escribirá el pueblo” no clasifica por inmoral). En consecuencia, apelar al “centro social y popular” es la actitud más profundamente ideológica que hemos podido apreciar en lo que va de campaña.

En la práctica, eso se refleja en las juntas de vecinos de los “sectores populares”, al decir de la tienda de Patricio Melero; donde las dirigentas funcionan bajo las lógicas del clientelismo apolítico, desclasado (en el sentido de desapegado de las ideas, no de arribismo), y operador (casi leninista) para mantener el statu quo de la no reflexión.

Enarbolar la bandera del “centro social y popular” es convocar a todos los que se pasaron la vida ratificándose todas las noches tristes que “no importa quién gane, si total mañana hay que trabajar igual”; es, en definitiva, el más viril grito de guerra para aferrarse a la idea de país construida con la constitución de 1980, ante el avasallador paso bélico de las ideas del movimiento social del 2011, que aniquiló la siesta de los apolíticos fundamentalistas.

Política de masas
Política de masas

Francisco Franco vive en las primarias.

 




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