Mi padre y el 11

por Eleanor Rigby

Sobre Eleanor Rigby

Por Eleanor Rigby

Mi papá, el Osvaldo, es un hombre sencillo, quitado de bulla, los que lo conocen, sabrán que es tímido y que lo dice todo sólo con sus ojos grandes. Él nunca habla mucho, me pregunta si falta pan y si quiero leer el diario o que este se le quedó en el negocio, o que mañana hay protesta, o que va a llover. Él no sale mucho de la casa, excepto para trabajar, fue vendedor ambulante por años y hoy sigue trabajando en estación central. Casi todas las noches se va a su pieza y después de cabecear viendo las noticias, pone su dvd comprado en la feria de los Intillimani, de su Victor Jara, de Sol y Lluvia y a veces, lo acompaña con su piscola, siempre calladito, siempre en su ritual nocturno. Él no dice mucho, pero yo sé que esta fecha lo toca, que prepara septiembre con sus nuevos dvd’s piratas, que no va a discutir con los nuevos iluminados de izquierda si el programa de la UP era el que izquierda necesitaba, que si desarmó a los marinos, que si el mir tenía razón o si Allende se suicidó o lo mataron, pero lo que si sé, es que al final de cada 11 septiembre, es el aniversario de la muerte de muchos de sus sueños, de su esperanza tímida, la que se le quedó en las canciones, la que ve a lo lejos en una marcha que no se atreve a caminar, y él, es mi pueblo, es mi amor, y por él yo sé que esta lucha nunca estará terminada, hasta que su música salga de estas paredes, y el vuelva a salir a la calle, marchando, saltando, soñando, con sus ojitos grandes de pueblo.




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