Oscuridad que tu riqueza oscura suele provocar: A propósito de Lavín, la inseguridad y la criminalización de la pobreza

por Cristobal Palma



Sobre Cristobal Palma

Corrían los años 80, la dictadura expulsaba a los pobres del sector oriente de la ciudad. En camiones militares acarreaban a centenares de familias bajo la promesa de algo propio y una vida mejor. Hace un par de meses, en su casa en la población El Castillo, Miguel me contaba sobre el campamento donde vivió su infancia, en lo que actualmente es el mall Alto Las Condes. “Aún quedan algunas viejas pitucas acá en la población que venían de Vitacura o Las Condes”, dicen otras vecinas, como si el fugaz contagio con la cultura de la élite, aun viviendo en un campamento, les hubiese permitido asimilar sus costumbres y su forma de vida. A pesar de la hora y media en micro que hoy separan a Las Condes de La Pintana, el vínculo continúa. Muchos jóvenes y mujeres prestan servicios de construcción, jardinería, aseo y cuidados en dicha comuna. Más de alguno roba. Al revés, más de algún joven de buenos sentimientos viaja a La Pintana a trabajar de voluntario en alguna Fundación u ONG, siempre tuteando a las señoras de la Junta de Vecinos, siempre sonrientes y dispuestos a enseñar a los insuficientemente socializados.

La convivencia entre ricos y pobres en la ciudad siempre ha sido problemática. El utopista liberal Benjamín Vicuña Mackenna, bien lo sabía. Para el intendente, el progreso de Santiago dependía de extirpar y alejar determinadas formas de vida y hábitat que se contraponían a la civilidad. Separar a la ciudad propia, moderna y europea, de la ciudad bárbara, pobre, viciosa, demasiado indígena, culturalmente rural. En adelante, Operaciones sitio, reubicaciones, erradicaciones. Blocks coléricamente rojos, escaleras de tijera, y muchas, muchas flechas de oriente a sur.

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En la universidad hice amigos y conocí a bastantes personas que venden o han vendido drogas. Muchos de ellos de familias de buen pasar, más de una generación de profesionales, buenos colegios, buenas casas, y hasta de veraneo, buena situación económica, excelente en algunos casos. La mayoría progresistas o de izquierda. Con las ganancias de su ilícito, han costeado toda clase de viajes al extranjero, arriendos de departamentos, ropa de la más selecta y algunos cuantos lujos. Nunca el GOPE los despertó de madrugada. Nunca nadie los llamó traficantes, ni en la formalización de cargos. Ninguno de ellos, creo, necesitaría jamás postular a un beneficio del Estado, a menos que fueran becas para estudios de posgrado, quizás para investigar sobre la segregación.

En La Pintana, específicamente en la población El Castillo, conocí a una mujer de 30 años, con cuatro hijos a cuestas y educación básica incompleta. Su único bien raíz: una casa con tres cuartas partes de material sólido, el resto planchas de OSB, Zinc y hasta cartones que se desvanecen en el aire. Sus padres la obtuvieron como recompensa a la erradicación forzosa. Hace unos años estuvo procesada por ley 20.000, vendió por un tiempo papelillos de marihuana prensada, fue encarcelada, y rápidamente amenazada con perder la custodia de sus hijos. Hoy, vive únicamente con “el familiar” (o el Beneficio de Asignación Familiar) que otorga el Estado, unos 50.000 pesos. A pesar de su experiencia con la ley, ella no se “rehabilitó”, es difícil “rehabilitarse”, cuando el hambre y la enfermedad apremian como pesadilla.

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Joaquín Lavín es el alcalde de Las Condes, ha propuesto quitar los beneficios sociales a los procesados por la ley 20.000. Es católico, más específicamente del Opus Dei. El Opus dei, tiene dos colegios en la población el Castillo. El Nocedal, para niños, y el Almendral, Para niñas. El nieto de Manuel entró este año al Nocedal. Muchos vecinos consideran que es un lujo tener ese colegio en el lugar. Otros algo sospechan, demasiada buena voluntad, demasiado disciplinamiento. Los niños llevan overol de trabajo a clases. No se acepta ningún tipo de desorden y la enseñanza es estrictamente católica. Alguna vez, vi a escolares rubios de Siempre Por la Vida paseando por las calles de la población, invitando a las vecinas a seguir pariendo mano de obra. También, mientras acompañaba a unas amigas a una funa feminista a la marcha “pro-vida” en la plaza de la Constitución, conocí a un adolescente del colegio Nocedal que vivía en La Pintana. Mis amigas gritaban a los poleras rojas “cuica, cuica, cuica, nariz respingada, vo te hacís aborto en clínica privada”, el joven devuelve el grito diciendo, “seguro somos cuicos”. Conversamos, me contó que lo habían llevado obligado desde el colegio a gritar contra las abortistas, que él no estaba claro de su posición sobre el aborto, pero algo tenía claro: no era cuico.

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Joaquín Lavín no quiere pobres en su ciudad, afirmación parcial. Joaquín Lavín ha iniciado una guerra contra los pobres en la comuna de Las Condes, contra los que limpian vidrios y están a la base de la sensación de inseguridad de la población. Bastones con electricidad, gas pimienta, prohibiciones y ordenanzas. El problema no es con todos los pobres, sino contra los pobres ociosos, los que no ayudan al progreso, los que están parados en las esquinas, los que limpian vidrios y ensucian el paisaje, los que andan ojeando las casas, los que quieren fumar marihuana, o venderla, y encima tener beneficios del Estado. Quieren vivir en Las Condes para no viajar dos horas diarias en dirección a sus trabajos. Tengo amigos que viven en su comuna, no en viviendas sociales, venden drogas y no sólo marihuana. Tengo amigos que no viven en su comuna, son de La Pintana, se levantan a las 6 am, o antes, para ir a trabajar de jornales a Las Condes, sus padres o abuelos vivieron en un campamento, los erradicaron. Tengo amigos que van a robar a Las Condes.

Desde el siglo XVIII en adelante los teóricos sociales fueron clasificando los tipos de pobreza en dos categorías centrales. Por una parte la pobreza digna, aquella donde los pobres están adaptados a la sociedad, cumplen los deberes, trabajan y se acomodan a la moral social; y, por otra la pobreza indigna, asociada a los que lindan con prácticas delictivas, vicios, prostitución, criminalidad y vagabundeo, generalmente clasificados como individualistas y antisociales, carne de presidio, objeto de la criminología. Lo vemos en los tempranos trabajos de economistas y pensadores como Smith, Malthus, y el mismo Karl Marx, pensador crítico del capitalismo, para quién existía una clara barrera entre el proletariado, fuerza motriz de la revolución, y el lumpen proletariado, “ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad”.

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Lavín quiere devolver a los pobres indignos a las fábricas y poblaciones, donde ya los mandaron otros en el pasado, a punta de picana y gas pimienta. La izquierda quiere devolverlos a la centralidad del trabajo, a la conciencia de clase, que se eduquen lo más que puedan, como dice la doctora Polo. No es posible, son Ejército Industrial de Reserva excesivo. Masa marginal para los intereses del capital. Su problema es multidimensional, dice un sociólogo en Radio Biobío. No será que su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer, nos recuerda Galeano desde el más allá. Porque tú eres un rico pero temes la oscuridad, oscuridad que tu riqueza oscura suele provocar, nos recuerda Evaristo de La Polla Records. Antes de hablar de la inseguridad de los ricos y cómo solucionarla ¿No sería bueno comenzar por la riqueza y sus privilegios? (materiales y simbólicos, para quedar bien con Bourdieu).



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