Por Chile, por todos los caídos: renuncie Jacqueline Van Rysselberghe

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

A los movimientos sociales de Chile, a las agrupaciones que luchan por los derechos de minorías históricamente desplazadas, les han faltado tanto el respeto que a veces pareciera que perdemos la capacidad de asombro ante un nuevo y miserable pisoteo de quienes ostentan el poder. Tristemente, a veces pareciera que nos acostumbramos a que los pobres sean basureados por el retail (Paullman ofreciendo tres cuotas precio contado a los afectados del incendio el año pasado); pareciera que nos acostumbramos a que a los electores se los paseen los grupos económicos, que terminan dirigiendo el Estado a través de sus parlamentarios coimeados (Penta); a que el hijo de la Presidenta gane $2 mil millones a través de un crédito obtenido con $6 millones de capital, y a que la diversidad sexual sea calificada como enfermedad por la senadora más votada de la derecha nacional, Jacqueline Van Rysselberghe.

Ante tanto disparo recibido diariamente por los pastores Soto del establishment (esos que dicen barbaridades similares a las del desquiciado religioso, pero que ocupan cargos públicos) da la impresión de que los oprimidos han sido obligados a adquirir cuero de chancho; han restringido sus sensibilidades y han asumido inconscientemente que “bueno, la vida es así y hay que seguir trabajando, estudiando y caminando con la discriminación como parte del paisaje de un país levantado con los valores del pinochetismo”.

A veces, esa sensación de normalidad del abuso nos envuelve de tristeza. Tristeza silenciosa aparecida por las noches, recordándonos que no podemos ser lo que verdaderamente queremos por el miedo a ser pisoteados con más y más fuerza por los controladores de la moral. Nos llenamos de fragilidad en la micro, en el metro y en las clases, cuidando no exacerbar gestos o palabras que puedan despertar la ira en los que siempre están atentos para recordarnos que estamos equivocados, que no estamos haciendo lo que el Dios de los fácticos exige en sus interpretadas escrituras.

Esa es la más común violación de nuestros Derechos Humanos: la mordaza a la libre expresión de nuestras identidades, que no son más que nuestros derechos a reclamar un sueldo justo, una jubilación digna o a poder besar a quien se nos dé la gana en la esquina sin ser apuntados con el dedo. Pero esa mordaza no es casual.

El vacío más profundo de esta normalización del palabreo contra “maricones”, “comunistas”, “abortistas” y cuanto oprobio pueda salir de los labios, es la verdad que más duele: pareciera que el sentido común de Chile en algún minuto se acostumbró a no hacer valer el respeto de sus Derechos Humanos. Ese sentido común, marcado con sangre y fuego en 17 años de dictadura, es el que hace posible que hoy presida la comisión de DDHH del Senado Jacqueline Van Rysselberghe, dueña de las frases más discriminadoras de su sector hacia todas las minorías (salvo la de los sostenedores) en la más absoluta gratuidad. Y ese sentido común, acechado por los miles de manifestantes que han dejado chicas las calles pidiendo dignidad, es el que permite a esa señora declarar que ha sido víctima de una “intolerancia feroz” por quienes solicitan su salida de esa testera. Ese es el sentido común que le permite decir que “si piensan que con este nivel de agresividad me va a dejar callada, están absolutamente equivocados”. Amenazante.

¿Perdón? ¿Intolerancia feroz? Señora Van Rysselberga, intolerancia feroz es preguntar, como usted lo hizo, “¿Qué culpa tiene un niño de que lo adopte una pareja homosexual?”.

Intolerancia feroz, señora, es declarar que “el derecho a casarse no creo que esté dentro de los derechos humanos, el casarse es un contrato” ¿Sabía usted, señora, que los cientos de miles de chilenos que han marchado por el matrimonio igualitario lo hacen no por una necesidad de vínculo religioso, sino porque precisamente hay aspectos de la vida en pareja que sólo se pueden regular con la categoría de cónyugue, la que no está presente en el Acuerdo de Unión Civil? Sentido jurídico, Jacquie.

Intolerancia feroz, y además cruel, es negarse al aborto terapéutico diciendo que las guaguas “van a morir descuartizadas”. El lenguaje criminal también es intolerancia feroz, señora.

Intolerancia feroz es negarse a la repartición de la píldora del día después en los consultorios pobres, pero no haciendo nada con que igual se puedan comprar en las farmacias por quienes tienen plata. Dividir los derechos de la mujer entre ricas y pobres es intolerancia feroz.

Intolerancia feroz es no cumplir los conductos regulares del Estado e inventar historias para beneficiar injustificadamente a familias de poblaciones para luego conseguir el voto de esos electores, en perjuicio de otros masacrados por el terremoto. Eso es lo que le descubrieron en 2010.

Por todos estos datos, y por ninguna fijación con su persona, su estilo, la ropa que vende en su boutique o su postura individual frente a la vida, es que su personalidad política NO está capacitada para asumir la presidencia de la comisión de Derechos Humanos del Senado de Todos los chilenos. Porque, a partir de su historial político, de sus frases registradas en actas y votaciones, se demuestra que usted no cree en los derechos elementales para todos los individuos, sino que sólo para los que se enmarcan en la moral religiosa que usted profesa.

No es para esta realidad concreta de discriminación que lucharon, dando la vida en ello, las agrupaciones que han puesto el tema de los Derechos Humanos como aspecto fundamental para hacer justicia y democracia en Chile. Renuncie. Por Ana González, por Viviana Díaz, por Lorena Pizarro, por Alicia Lira, por Carmen Hertz. Renuncie por el bien de la sanación de Chile, que tanto y tanto ha costado. Renuncie por la memoria de los caídos, y por el presente de los que mueren asesinados en poblaciones por vestirse de falda o pantalón. Renuncie por Daniel Zamudio, por Víctor Lomboí, por Dilán Vera Parra, todos asesinados por la homo y transfobia difundida por palabras como las suyas, esas que no tardan en convertirse en disparos. Renuncie por la niña de 11 años embarazada producto de reiteradas violaciones de su padrastro. Renuncie por ese feto y esa niña imposibilitada de elegir una vida libre de mayores traumas y karmas. Renuncie por la sencilla razón de que ya no queremos más humillaciones. No queremos más dolor.




2 comentarios sobre “Por Chile, por todos los caídos: renuncie Jacqueline Van Rysselberghe”


  1. Diego Luna

    Pido la misma consecuencia de quienes se dicen defensores de los derechos humanos ,que la mayoria de las veces es una estrategia de marketing ,que levanten sus voces por lo que esta pasando en Venezuela y la violacion de los derechos humanos por el regimen de Maduro .

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