Por qué amamos a Rodrigo Peñailillo

por Romina Reyes

Sobre Romina Reyes

No puedo recordar cuándo fue la primera vez que vi a Rodrigo Peñailillo. Su nombre fue antes que su cara, el asesor del segundo piso donde pasan más cosas de las que la opinión pública alcanza a adivinar, el artífice de un gobierno que al no ser ni viejos ni señoras ni tan pobres no nos gustó mucho, y quizá el chileno que más esperó el regreso de Michelle Bachelet, más incluso que las señoras de todos los colores que se parecen a ella.

No alcancé a conocerlo con el look desordenado de intelectual de izquierda que describió lun en su lejana portada de fondo azul y letras amarillas, como si ser de izquierda fuera sinónimo de ser feo. Pero primero hay que definir qué tan izquierdo y qué tan feo, cosas que por el momento no me interesan. Digamos solo que para LUN esa es la estética de la izquierda: la camisa bellota mal combinada con una corbata. El pelo largo que ya nadie puede ocupar si no quiere ser un doble de MEO (porque acá en Chile todos se parecen a todos). Y los lentes con marco metálico pasados de moda (aunque curioso es que el primer chileno conocido por los lentes de marco grueso, hoy mal llamados “jipsters”, fue el mártir socialista de bigote bicolor).

No lo conocí entonces pero lo conocí ahora, cuando emergió como jefe de gabinete de la Nueva Mayoría. Como el embajador del regreso de los apellidos que la GCU del poniente conoce desde el colegio y con los que se topa toda la vida: Peñailillo. “Ministro mino” le llamó el diario antes citado, y yo concuerdo. Con cada aparición en la prensa, cada vez que habla con esa voz media chillona de feria, yo pienso “mijito rico”. Cada vez que defiende la acción de carabineros, lo amo y lo odio. Porque aunque el mismísimo diario insista en el parecido del ministro Elizalde con Onur, fantasía sexual nacional del 2014, yo quiero defender la belleza pobre del ministro del Interior.

peñajoven

Yo quiero decir: ¿Álvaro Elizalde? Gusto de cuicas.

A falta de Kasts, de Cruz Cokes, de Longueiras y de figuras de la tele resucitadas por el espectáculo de la política (te hablo a ti, Pato Laguna), la Concertación (porque para nosotras es y será siempre la Concertación), ha carecido de hombres cosificables para el voto femenino. Hubo alguna vez un actor de teleseries, ¿Ramón Farías?, me da lata gugliarlo, que dio un respiro a las fealdades de los líderes como Ricardo Lagos o Eduardo Frei.
¿El Chico Zaldívar? Por favor.
¿Álvaro Escobar? Perdió el respeto por aburrirse de la política y ¿a quién le puede aburrir la política?
¿José Antonio Gómez? Como diría un amigo: te la doy. Pero el radical es y será gusto de señoras.

Pero Rodrigo Peñailillo viene a ser la respuesta estética a décadas de fealdades (eso sí, hay que decirlo: Camilo Escalona fue el más mino 1973). Retomo la cadencia: no lo conocí entonces, pero lo conocí ahora con sus trajes de corte italiano, de dos botones, con el pelo engominado. Y lo vi y dije (otra vez): mijito rico. Porque pese a que hay más plata en su pinta, y puta que se nota que hay plata, reconozco en él a la belleza que se me asigna por mi clase. Al mismo mino del que me enamoré en el colegio público para pobres inteligentes, con su uniforme escolar de camisa blanca y corbata, nada de piqué ni otras siutiquerías. Al mismo que me encontré llamándome a la asamblea en la universidad pública y fea donde yo preferí tomar sol en el pasto (pero voté que sí al paro por los compañeros, a veces a mano alzada, a veces por mail). Al mismo que me vendió una sopaipilla con pebre en la peña para juntar fondos para no sé qué chucha (tantas peñas, tanto vino navegado). Rodrigo Peñailillo, con su piel amarilla, su nariz aguileña y su pelo chuzo -porque con todo el gel del mundo sabemos igual que tiene el pelo chuzo-, es la encarnación de la belleza del C3, el feo que le ganó a la vida, el mismo mino al que le ponemos el poto para seducirlo en un suave reggaetón.

Por eso amamos a Rodrigo Peñailillo, porque es posible.

rodrigo



17 comentarios sobre “Por qué amamos a Rodrigo Peñailillo”


  1. Jajajaja cada vez que sale en la tele mi mamá me avisa, lo amo demasiado!!! Mi pololo es el clásico cabro de esfuerzo, tengo un fetiche con eso, así que es como la encarnación de la perfección para mí. Mijito rico máximo! Y la señora REEEEGIA, la hizo el loco más encima. Ídolo

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  2. Claudio

    Me parece divertido el articulo y adhiero a que Peñailillo tiene buena facha. Pero ¿por que recordar y marcar tanto el origen social del personaje? ¿Por qué seguimos siendo tan provincianos? ¿No puede tener buena facha porque sí? Es paradojal que la clase, no solo en lo concreto, sino que tambien en lo simbolico, siga pesando tanto en este país, y lo que es peor, que quienes más lo recuerden es la gente que se autodenomina progresista. El mundo avanza y a un Peñailillo en una sociedad civilizada y progresista de verdad, se le mencionaría por sus logros en política, por su inteligencia, por su atractivo físico, pero nunca porque tiene el pelo “chuzo”, o porque viene de una familia de clase obrera o media baja, o de donde sea. Incluso, si se mencionaran estas últimas caracteristicas, se haria de manera sutil, sin palabrotas que suenan bastante caricaturescas.

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  3. Soy hombre y no tengo problemas en reconocer cuando otro hombre es guapo. Pero a Peñailillo no le encuentro nada. Yo creo que el poder vuelve atractivos a los hombres en general, porque culturalmente no se les pide mucho desplante físico (al revés que a las mujeres).

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  4. Angy Manrrique

    Totalmente de acuerdo con que es el mino “alcanzable”, jaja. Que uno como que no quiere la cosa le conversa en una fiestoca por ahí, porque igual puede ser que enganche. Mijito rico… Pero no lo encuentro feo! No le digáis así, snif.

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