Ser honorario en Chile: la pesada carga del “boletariado”

por Mario Arredondo

Sobre Mario Arredondo

Por Mario Arredondo
Vicepresidente del Sindicato de Trabajadores a Honorarios de la U. de Chile

 

Para nadie es un misterio que el trabajo en Chile es precario. Desde la dictadura y el macabro Plan Laboral de José Piñera, que es la base de la institucionalidad que rige hoy las relaciones entre empresas y trabajadores, las condiciones de quienes tienen que levantarse todos los días a producir porque no poseen más que su fuerza e intelecto para sobrevivir, no ha variado mucho.

Haciendo una mirada rápida a los números, podemos apreciar que ser trabajador/a en Chile implica bajos sueldos, con un mínimo fijado en $257.500 pesos, monto irrisorio en un país en que, además de contar con un costo de vida elevado, todo lo que debería ser un derecho, se paga a un altísimo valor: salud, educación, vivienda, etc. Según estadísticas de la Fundación SOL, la mitad de los trabajadores asalariados del país recibe un sueldo igual o menor a $305.000 pesos líquido, y la constante creación de empleo de la que Chile se ufana como muestra de su estabilidad económica, esconde una realidad brutal: sólo el 28,7% de los puestos de trabajo creados en los últimos seis años corresponden a trabajos remunerados estables, mientras que el 70% restante son personas que trabajan por cuenta propia con baja calificación, subcontratadas, pocas horas o no reciben sueldo.

Pero si la realidad general de quienes trabajamos es mala, a veces pensamos que hay que darse con una piedra en los dientes por tener lo más básico cuando hablamos de empleo: un contrato que considere todos los precarios derechos que la actual ley laboral otorga a las y los trabajadores: cobertura de salud (Fonasa o Isapre), cotización previsional (en el perverso sistema de AFP, pero eso es otro tema), seguro de accidentes, una cantidad de horas fijas de trabajo, vacaciones, pago de horas extra y derecho a pre y post natal, entre otros. Pese a que estos derechos están garantizados por ley, es común ver empleadores que no los cumplen y se aprovechan de la necesidad de las personas para negar un siglo entero de precarias conquistas (y derrotas) laborales.

Y en toda esa precariedad del día a día, habemos algunos que somos el último eslabón de la cadena de trabajo, y no necesariamente por ganar menos, sino por carecer de cualquier derecho: los trabajadores y trabajadoras a honorarios, el “boletariado”.

Partamos de la base legal: según el Código del Trabajo, en el caso del sector privado, y el Estatuto Administrativo, en el caso del Estado, el empleo a honorarios sólo debe ser utilizado para contratar labores no habituales o puntuales, como quien va a cambiar una llave que se rompió en el baño de la empresa. Sin embargo, desde hace muchos años que el boleteo se usa indiscriminadamente para esconder a miles de nosotros que trabajamos de forma permanente en empresas o servicios públicos, cumpliendo las mismas labores que otros colegas contratados, con el mismo (y a veces mayor) nivel de exigencia, pero sin ninguna escala fija de remuneración, ni reajuste, ni beneficio alguno.

Bajo la boleta de cada mes se esconde un empleador que se ahorra plata cuando no paga cotizaciones ni seguros, se normaliza la crueldad de tener personas trabajando sin horario fijo, haciendo horas extras que no son pagadas, y que pueden ser despedidas en cualquier momento sin aviso previo ni reclamo ni indemnización. Además, bajo la vil mentira de “estar a prueba”, de que “ya viene el contrato” o de que tu pega es “free lance”, el jefe también se ahorra un problema: el trabajador a honorarios no puede organizarse, pues no está reconocido formalmente como parte de la empresa. Adiós sindicato. Para qué hablar de la ya desmejorada situación de las mujeres: las que boletean tampoco tienen derecho a pre y post natal, por lo que son miles las que trabajan hasta el día del parto y después son despedidas sin consideración.

En los organismos del Estado, las cifras del Servicio de Impuestos Internos revelan que son más de 300.000 los trabajadores a honorarios en los servicios públicos, casi LA MITAD de la planta total de empleados. Y si esta realidad se ha vuelto visible, es porque los honorarios del sector público, pese a todas las dificultades, se han organizado en los últimos años y han denunciado esta realidad. Este no es el caso del sector privado, donde los miles de boleteadores crónicos están ocultos, sin ser considerados como parte de la masa laboral. Pero, ahí estamos, y somos los que se quedan trabajando el día del paseo de la empresa, los que no pueden ir a la piscina de la caja de compensación porque no son parte del convenio, los que no reciben caja de mercadería para navidad ni aguinaldo para el 18, y que si se rompen una pierna en plena jornada laboral, tienen que ver ellos cómo llegan a un hospital y se las arreglan para pagar su atención. Trabajadores de segunda categoría que son vitales para el funcionamiento de cualquier institución.

Soy honorario, somos honorarios, somos trabajadoras y trabajadores precarizados. Levantémonos, profesionales que trabajan de noche para entregar productos a la empresa. Arriba, oficinistas que llevan años esperando un mínimo de seguridad laboral para poder vivir un poco más tranquilos con sus familias. No aguanten más, personal de aseo que debe elegir entre el subcontrato o la boleta por no tener cuarto medio. Digamos que no estamos dispuestos a seguir aceptando que el empleador se ahorre chauchas a costa nuestra, que no es verdad lo de “esperar unos meses” antes que te contraten, ni que sea “normal” llevar años boleteando. Chile necesita una nueva institucionalidad laboral para todos y todas, pero el primer paso es tomar conciencia nosotros mismos y no seguir agachando la cabeza. Soy honorario y, a mucho orgullo, me organizo para dejar de serlo.

 




8 comentarios sobre “Ser honorario en Chile: la pesada carga del “boletariado””


  1. Soy un profesional a honorarios por 15 años en una municipalidad de la región metropolitana, Tengo compañeros que llevan 5, 10 , 15 y hasta 20 años a honorarios en esta realidad socialmente aberrante y humanamente cruel, Tu artículo resume a la perfección el perverso sistema imperante, amparado tanto en una voluntad política históricamente nula, así como en aprovechamiento de la imposibilidad de activación de un sector maniatado y amordazado por el riesgo que implica luchar por derechos sin ninguna garantía. Chile un país que se jacta de estar enrielado hacia el desarrollo, con discursos ideológicos sustentados en la igualdad y la no discriminación, pero con un paradojal estado de doble cara, por una parte favorecedor ciego del abuso laboral y por otra potenciador del control de sus propios trabajadores. Felicitaciones y agradecimientos por al esperanza, ojala la organización continué con fuerza. Dejo mi correo si es posible contribuir de alguna manera.

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  2. Marcela Escanilla

    Trabajo hace tres años como administrativa en el hospital del Salvador como honorario y aún ni luces de ser contratada a pesar de estar fija y ser considerada parte del equipo de trabajo

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  3. derechiste

    aunque no venga al caso…………………….pero tambien esta dentro de la precariedad laboral que se vive hoy en chilito……………………esta la huelga d sodimac………………………los dueños y gerentes estan desesperados por esta huelga…………………..se les viene la teleton y de seguir el conflicto………..van a sufrir el papelon de sus vidas por miserables y tacaños……………………………..solo con dos o 3 dias de ganancias, arreglan todo el conflicto……………….noesnalaferia(jejej que curioso el nombre) podria hacer una nota tambien con este gran tema laboral…………………..

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