Venezuela y el oportunismo de los chantas

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Es sabido que las redes sociales se convierten en el Festival de los Chantas cada vez que un evento, crisis, o polémica está en permanente PALESTRA, como diría un panel de farándula. También es sabido que Chile ha devenido de país de poetas en país de columnistas, cuyo espíritu de posesión de verdad se despliega como bomba de racimo en Twitter y Facebook.

Desde la semana pasada, cuando se conoció de la muerte de tres estudiantes venezolanos, de pronto todos los chilenos con acceso a Internet se presentaron como vastos conocedores de la situación política y social de aquel país, de su historia y de su geografía más allá de las canciones de Ricardo Montaner y el extinto programa de humor “Bienvenidos” (¡y se divertirán, ta-ta-ta!).

Es así, como a partir de fotografías mulas y una animadversión clasista hacia el “ridículo” Nicolás Maduro, se expandió la tirria antirrevolucionaria por el mundo, impulsada por una explosiva sensibilidad con “los estudiantes”, órgano al que miles salieron a defender como si se tratara de una obligada solidaridad gremial. Es esa concepción funcional del movimiento estudiantil (Si en Chile SIRVE para conseguir la educación gratuita, en Venezuela SIRVE para sacar al gorila Maduro) la que rechazó con fuerza la Fech a través de una declaración pública. Con ese texto, la Federación señaló una realidad para la que al parecer la aún despolitizada sociedad chilena no está preparada: Los movimientos sociales son políticos, no procesiones corporativas.

La liviandad del análisis de moda, que con la premisa de la democracia liberal como tope ideológico no concibe la complejidad de un proceso revolucionario -en que los poderosos intereses de la burguesía se ven amenazados por el sometimiento popular-; condena todo lo que no tenga que ver con las normas establecidas como guión moral por los medios internacionales, editoriales influyentes y el sentido común neoliberal.

El neoliberal sentido común del país, que camina de la mano con grandes grupos económicos, la explotación mediante flexibilidad laboral y concesión de la riqueza pública; no acepta que los manipulados Derechos Humanos en Venezuela -reducidos a “libertad” de expresión en favor de la oposición a un gobierno- se salgan de la plácida estructura de la que gozan en Chile. Placidez que está garantizada por la asumida opresión de una clase sobre otra, la mayor desigualdad en el mundo de países en perspectiva de desarrollo, y la nula presencia de medios de comunicación antagónicos al modelo, que –por cierto- tengan posibilidad de influencia en la toma de decisiones.

Es decir, la pregonada inalienabilidad de los Derechos Humanos sólo es tal cuando es funcional a la estructura de la explotación neoliberal.

Así, por ejemplo, es repudiable para quien no acepta una efectiva disputa de poder, que el gobierno venezolano haga uso de sus facultades constitucionales para revocar licencias a medios que juegan un rol decidor en la batalla que se está dando por evitar la desestabilización del Ejecutivo; pero no es repudiable que una gran parte de los trabajadores chilenos no tengan contrato y para efectos de atención en salud lleven la etiqueta de indigentes.

Porque, claro –dirán-, primero está la “libertad de expresión”, manoseado concepto cuya original nobleza hoy está convertida en acción política y principal instrumento para socavar la en ejercicio autodeterminación de un pueblo. Pero, ¿Saben los Raúl Shor en 3G que en Venezuela hay más prensa opositora que oficialista? ¿Les exaspera que en Chile no existan canales de televisión opositores? ¿Les indigna que no haya un medio influyente que cubra el caso del confeso infiltrado de Carabineros en la Araucanía? Si esa “libertad de expresión” existiera en Chile como instrumento de acción política, el Director General de Carabineros habría sido el primer conminado a renunciar tras el infrahumano caso del detenido que murió olvidado en un carro policial, en Rancagua. Pero no, la acusada “falta de libertad de expresión” en Venezuela es una violación de Derecho Humano más grave que aquella tortura con resultado de muerte.

La posibilidad de tratar esa muerte más allá de la anécdota, o de interpretar la segregación educacional chilena como profunda violación del derecho humano a educarse, no existe en el mundo de fantasía liberal construido en las mentes críticas de las redes sociales, en los columnistas escandalizados y en los dirigentes políticos sinvergüenzas.

Para ellos, ilusos por conveniencia, los medios opositores de Venezuela permanecen inofensivos cuando estalla la lucha de clases y la disputa de los medios de producción. Los ilusos por convivencia, omiten que en realidad los medios se convierten en trincheras al servicio de objetivos políticos.

Y esto, sin contar la patudez de los chilenos que intentan dar cátedra de democracia y libertad, desde un país cuyos ejes vitales los rige una Constitución elaborada por una de las más cruentas dictaduras, en el más fraudulento proceso constituyente de nuestra historia.

Y esto, sin contar la ignorancia respecto a que un factor clave en la situación venezolana es el carácter caribeño propio de su cultura, que a nuestros institucionales y sobrios ojos se presenta como el más sórdido día de Macondo.

Y esto, sin contar con que todo proceso revolucionario tensiona al máximo las contradicciones de un país de clases; choque reforzado por el vacío dejado por la muerte de un líder y la dura tarea de estabilizar un modelo. Choque agitado por la más que evidente vocación golpista de un lote de dirigentes que aunque vestidos de progresismo y socialcristianismo, ya fueron protagonistas en el golpe de Estado de 2002, condenado por la comunidad internacional sólo después de la heroica defensa del pueblo.

Estas son cuestiones que, claro, los consumidores de conocimiento sintético no considerarán para el sistemático ejercicio de sus juicios simplones, imbuidos de ideología burguesa, y del tratamientos de los Derechos Humanos como cartas en un juego de poker.

Mejor, dirán los especuladores, que Venezuela vuelva a tener el 60% de pobreza (antes de Chávez) en lugar del 20% actual, y que pierda su calidad de ser uno de los países menos desiguales de Latinoamérica. Ambas realidades miserables de los 90, motivaron el ascenso del chavismo, cuando el venerado carnaval de libertad televisaba cualquier frivolidad, menos la exclusión de los trabajadores desgraciados, actores secundarios que hoy luchan por conservar sus conquistas.




31 comentarios sobre “Venezuela y el oportunismo de los chantas”


  1. dale.. una cosa es el proceso de Revolución Grandiosa Venezolana. Lo que quieran, se respeta, autodeterminación y todas las vainas. Pero de que el sr. presidente Nicolás Mauduro (ridiculín) le hace un flaco favor a su país, no hay duda. Parece un personaje sacado de una novela de Orwell, a mi gusto alguien que desprestigia la idea de socialismo.

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    • Francisco

      “la Federación señaló una realidad para la que al parecer la aún despolitizada sociedad chilena no está preparada”… por lo mismo es inutil creer que nuestra consecuencia ideológica en el discurso importa realmente para la política revolucionaria: ir y quemarse con los chilenos en una cancha rayada por El Mercurio, la burguesía y sus mascotas políticas no es ser de izquierda: es creerse de izquierda pero no hacer mucho por construirla. Hablarse a sí mismo (“el imperio el imperio la revolución la revolución”) es declararse de izquierda, pero no serlo materialmente; es fortalecer la posición de tu enemigo. Es cuático que en este artículo se señale (correctamente) la imposibilidad que tiene el progresismo de entender la complejidad de lo que pasa en Venezuela, cuando la izquierda acá (y allá a veces) tampoco parece entender que esa misma complejidad acusa un manejo político muy poco exitoso por parte del gobierno, acarreando ahora problemas económicos que la burocracia del estado podría evitar si estuviera más preparada. A Chávez difícilmente le metían un gol como este, y no por ser el “comandante supremo”, sino por entender la política. Es cuático porque él tuvo todo para perder el 2002 (a diferencia de Maduro), y cachó que la barricada ideológica, en un contexto como aquel, sólo generaría una cancha más amplia para el fascismo local a internacional

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    • Carlos C.

      chistes aquí no! no ves acaso que están los filósofos mejor instruidos resolviendo problemas de indole mundial? cómo te atreves a echar tallas con tanto cerebro brillante rondando. noesnalaferia, puaj!

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  2. Entonces, no puedo estar en contra del sistema chileno y al mismo tiempo criticar a Maduro?
    No puedo odiar a El Mercurio y dudar de teleSur?
    No puedo reírme de Espina cuando decía que los mapuche tenian vinculos terroristas con las FARC, y al mismo tiempo dudar cuando me dicen que TODAS las muertes en Venezuela son culpa de infiltrados antirrevolucionarios vendidos al sistema imperialista gringo?
    Gracias por recordarme que todo en la vida es blanco y negro cabros, hacía falta.

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    • Ese es justamente el problema de la posmodernidad: en contexto de post guerras, todo se repliega a la estética, “ni de izquierdas ni derechas”, los post estructuralistas y toda esta sartalada de sujetos relativiza todo y te posiciona en la nada, al medio… algo que esta sociedad ha aprendido muy bien, para no ensuciarse con fango cuando hay que hacerlo, luchar contra el capital y con la burguesía transnacional, implica muchas cosas, incluso la noción de Estado hoy en día es compleja, (incluye partidos políticos, medios de comunicación, fuerzas del Estado, etc.). Lo que te quiero decir es que la instalación de un socialismo en estos tiempos, es sumamente difícil cuando tienes un neoliberalismo en los países más poderosos y que más encima generan alianzas para golpes blandos por medio de justamente esto: llamar al caos, retener alimentos, etc.
      No es que veas si es blanco y negro, es que en estos momentos hay que blindarse, y siempre ser autocríticos (como izquierda) porque si Venezuela cae, significa que la posibilidad de hacer una América morena unida estaría mucho más lejos de lo que ya está. Y yo si creo en la lucha de clases, en ese paradigma no transo.

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      • Johnny Cien Pesos

        Ok, hay posmodernidad porque el mundo vivió períodos de totalización del sujeto, si eras rojo odiabas a los azules, y si eras azul odiabas a los rojos. Esa dialéctica malsana ya no cuenta, pero repasen cualquier libro de ontología marxista, y siempre se recalca la idea de enfatizar en lo ideológico o la totalidad.

        La dialéctica de lucha de clases es un fracaso, un fracaso deductivo, un fracaso en lo científico social, en todo orden de cosas.

        Pero algunos insisten en ella, y la ocupan como batallón de sus vidas.
        Los felicito, es así como se riega sangre por los pueblos.

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        • Ese es el problema de los posmodernos: leen fotocopias de franceses amanerados para tener la razón, pero tener la razón es solo el principio, y ahí se quedan. Puras ficciones teóricas acomodaticias.

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          • Me gusta lo de “amanerados”. El uso peyorativo de la palabra para quitar valor insinuando que son homosexuales. Me gusta. Sigue así.

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  3. Hidden due to low comment rating. Click here to see.

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      • Daniel Díaz

        Burp, me equivoqué =P

        Una weá absolutamente innegable son los errores graves que la revolución bolivariana ha cometido, como por ejemplo el no remediar la característica de país monoexportador, el no arreglar el problema de la alta tasa de criminalidad en el país, el no acercarse a la oposición y darle fuerza a los líderes moderados (como debieron hacerlo con Capriles) sino que enfrentarse a ellos tontamente, el control de precios (país que tiene control de precios, país que queda la cagada)…. no pensemos que todo es porque la oposición fascista y EEUU, porque es falso, hay que aceptar cuando la weá no se ha hecho bien.

        También hay que ser crítico con las acciones para avanzar hacia el Socialismo, sino, puede venirse una nueva URSS y un nuevo fracaso, lo que obviamente no quita defender la decisión del pueblo venezolano visto en las elecciones, que apoyan mayoritariamente al proceso bolivariano, contra un oportunismo de un sector de la oposición.

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      • Veo que, en tu opinión, estar en desacuerdo contigo equivale a no tener comprensión de lectura. Al hacer este ejercicio, estás transgrediendo el principio de relevancia argumentativa (argumentar con respecto al tema discutido) y caes, por lo tanto, en una falacia: la falacia ad hominem en este caso (atacar a la contraparte). Te felicito: supongo que no todos los días tienes la oportunidad de decirle que no entiende lo que lee a un profesor de castellano.

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        • Jajajajaja, bueno, lo reitero: no entendió nada. Ahora bien, el recurso más facilón es responder con una falacia formal que no está presente en nada de lo que escribí.

          Le explico, porque insisto, parece que no entiende un carajo de lo que lee: cuando dije que no entendió nada de lo que leyó, en ningún caso me estaba refiriendo a su persona (porque es obvio que no nos conocemos más allá de la tontera que posteó), sino que a su -al parecer- limitada capacidad de procesar lo que escribieron más arriba. Una cosa es muy distinta a otra, y atribuir mi argumento a un supuesto ataque personal cae en otra falacia, la cual es la del hombre de paja. No le explico de qué se trata, porque supongo lo sabe, señor profesor.

          Y en mi opinión nada, simplemente hice presente un hecho (que no entiende lo que lee), lo cual no implica que haya mostrado mi parecer sobre el tema en comento. Ahí nuevamente una muestra de lo mal que razona, señor profesor, porque sencillamente está simulando mi manera de pensar.

          No me felicite, porque decir que alguien razona mal, y peor si es un profesor, no es motivo de alegría (y claramente hemos constatado el hecho en personas mucho más inteligentes que usted, así que no se agrande tanto). Que personas como usted le enseñen castellano a los niños (o adolescentes, adultos o a quien sea) me parece, a lo menos, preocupante. Pero bueno, todos sabemos lo mediocre que está la profesión docente por estos días, así que tampoco es una novedad.

          Saludos, y si siente que está al nivel de lo que se discute en este tema (cosa que dudo, al hacer una simplificación tan ridícula del problema venezolano), discuta sobre eso (sin ir más lejos, yo posteé mi parecer más abajo), pero no caigamos en burradas como los “atropellos a la libertad” y la “dignidad”. De lo contrario, váyase a discutir a emol; allá el nivel intelectual está más o menos en la idea de que la tiranía marxista leninista venezolana atropella todo derecho (que curiosamente se reduce a dos).

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          • Poner en duda mi capacidad para discutir el tema parece bastante pretencioso de tu parte: no creo que me hayan aceptado por nada en Mensa. Pero me llama sobre todo la atención que trates de «burradas» cosas tan importantes como la libertad y la dignidad de las personas. ¿Por qué sería una burrada la libertad?

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          • La libertad como concepto y como derecho no es una burrada en sí misma; lo que sí es un despropósito es la manera en que es utilizada para discusiones como ésta, porque son terriblemente antojadizas y no vienen al caso más que para sesgar el tema y llevarlo a extremos torpes pero efectistas.

            La libertad entendida como los medios la entienden, y que es básicamente la idea liberal moderna, es que sea entendida como una libertad negativa genérica de la cual surgen varios derechos relacionados: la propiedad como elemento fuerte, la libertad de expresión (como sinónimo de libertad de “informar”), de culto, y de emprender (ligada con el derecho de propiedad en cierta medida), entre otros. El núcleo liberal de estas libertades suponen una esencia de “no intervención”, o sea, son libertades propiamente individuales.

            Ahora bien, ¿tiene alguna relación con lo que ocurre en Venezuela? Desde luego, pero no es la discusión fundamental. Dicho de otra forma, el tema de las “libertades” son accidentales en el problema, del mismo modo en que podemos hablar de libertades en cualquier otro país del continente y del mundo.

            Una visión excesivamente centrada en la “libertad” y la “dignidad” sugiere un sesgo propio de la visión de esos derechos que impera en Chile, que es el de un modelo neoliberal en donde parte de esta retórica libertaria también se forjó como un ejercicio de empatía de las clases pobres (proletariado propiamente tal, mal llamada “clase media”) impuesto por las clases dominantes (una misma oligarquía que ha venido muñequeando en el país desde hace más de 150 años). La razón es muy obvia y pasa por el desarrollo del capitalismo contemporáneo en donde precisamente son esos valores los que priman, en desmedro de otros. En consecuencia, usar la libertad individual como argumento es, por decir lo menos, pobre, y desvía el problema de lo que es realmente importante.

            Por eso, la crítica del chileno promedio en redes sociales está fuertemente influenciada por esta noción de “libertad” que es solamente teórica. A todos les enseñan que la libertad es fundamental, y les enseñan que desde ahí hay que argumentar, pero ¿cómo andamos por casa? Acá en Chile al obrero se le enseñó a cuidarle el bolsillo al patrón; por eso habla de “libertad” y de emprendimiento en una tierra en donde se habla todo el día de la “meritocracia” que yo al menos nunca he visto. Es más, Chile es una especie de feudalismo capitalista en donde algunos derechos liberales tienen cabida mientras que otros simplemente no.

            Hablemos de derechos entonces: como punto de partida, en Venezuela hay más canales opositores que oficialistas. Eso podría sugerir, en principio, que la prensa es más libre que acá en Chile, en donde los medios escritos están regidos por dos megaempresarios (uno de los cuales es banquero y el otro fue subvencionado durante la dictadura para realizar montajes informativos, todo probado al día de hoy), mientras que los medios audiovisuales pertenecen a: iglesia/universidad confesional (en una mínima porción) y a otro banquero; a un grupo económico heredero del ser humano más despreciable que ha pisado la tierra; al “gobierno” de turno en donde el directorio está representado sólo por dos bloques políticos (casi reducido a derecha+dc); a otro grupo económico gringo y a otro grupo económico más. O sea, la parrilla informativa es homogenea a cagar. Con esta falta de contraste, es lógico que todo lo que consuma el obrero medio sea caca destinada a mantenerlo en un estado de imbecilidad absoluta. ¿Una persona común y corriente en Chile sabe un mínimo de sus derechos laborales? ¿Sabe la diferencia entre un diputado y un senador? No, porque todo el día ve: matinales, programas faranduleros, fútbol y de noche ve cómo los cumas que podrían ser sus vecinos andan matando gente. Eso, de acuerdo a los medios chilenos, es todo lo que ocurre en Chile. Instala, dicho sea de paso, esta retórica de “rotos contra rotos” que es bastante productiva para quienes dirigen las políticas públicas, porque generan una realidad y una sensación en la población que le es útil a una mayor represión por una vía y mayor liberalización de otras vías (sin ir más lejos ocurrió con todas las predicciones chantas que daban por ganador a casi todos los candidatos de derecha en las últimas municipales, lo cual resultó ser falso). Esto se facilita porque tienes a la gente pensando en cuestiones básicas e inofensivas.

            Sigamos: la Constitución chilena dice que tú eres libre, o sea, eres titular de varios derechos asociados: expresión, petición, vida e integridad, propiedad, salud, y también dice que todos somos iguales en dignidad y derechos. Se ve súper lindo, ¿pero es verdad? Bueno, contrastemos el asunto. El sistema electoral venezolano, en el cual fue elegido Maduro ha sido considerado por observadores internacionales (incluso Forbes le dedicó un largo artículo) como un lujo. Un lujo en cuanto a eficiencia y transparencia. Igualito que el sistema de papeletas rascas chilenos. Despejando ese punto, hay que señalar, además, que a Maduro fue votado por más de 14 millones de venezolanos (a la Bachelet, con suerte 3 millones y medio), por lo que a la derecha (eternamente golpista) no le quedó el argumento de la legitimidad en ese caso.

            Volviendo a los derechos, en Chile eres libre, claro que sí. Así que trata de ir a atenderte a la Clínica Alemana después de haber esperado más de 6 o 7 horas en el San José o en el Barros Luco, teniendo Fonasa A. Lleva a tu hijo a un colegio en donde te cobren por educarlo mientras al mismo tiempo no sabes si usar parte del sueldo mínimo en cargar la bip o comprar el pan. O bien, trata de formar un sindicato en una empresa chilena. Ahí podrás notar qué tan libre eres en este país.

            El fundamento básico de la libertad en su faceta operativa es la de un sustrato de igualdad de condiciones. Eso significa que si tú quieres un país genuinamente libre debes tener una condición de igualdad para que todos los habitantes puedan serlo (lo que implica salud y educación igualitaria y pública, un sistema laboral que propenda a la distribución de riquezas, apoyado por un sistema tributario digno y un sistema de seguridad social igualmente digno). Sin eso, es imposible ser libre. ¿Puedes ir a meterte a la Pincoya y decirle a un pendejito pastabasero que es libre? ¿O ir al colegio más pobre de este país a decirle eso a los niños? ¿Que son libres para qué? ¿Para llegar a la mejor universidad de este país, para emprender, para ser lo que quieran? Entonces compadre, si vamos a hablar de libertad, al menos conozcamos bien dónde estamos parados y lo que estamos criticando.

            La libertad que sí existe en este país es la económica, y de ahí se hizo una genialidad mediática para convencer a la población de que es la única libertad válida (como digo, los medios de comunicación están comprometidos en eso). En Chile te cobran una TMC que en cualquier país europeo constituye un delito bien claro: usura. El retail se encarga de comprarte sueños en cuotas para que, a su vez, sigas esclavizado trabajando por un salario de porquería para cumplir tus deudas. Es un círculo vicioso. Por eso, la poca y mala educación de Chile tiene a la gente de estratos bajos más preocupada de comprarse un iphone en trescientas cuotas que de preguntarse cómo es posible vivir en semejante nivel de desigualdad.

            Que Chile es un país desigual no es algo que se me ocurrió a mí. Puedes leer toneladas de estudios sobre cómo el sistema tributario, laboral, educativo, sanitario y de seguridad social nos tiene como un país terriblemente segregador y reproductor de una desigualdad que sencillamente contradice cualquier mínima noción de libertad que quieras venir a usar aquí como argumento. Entonces, antes de criticar a los bananeros de Venezuela, que tienen una salud pública, que tienen educación gratuita, que tienen sindicatos mucho más fortalecidos y cuyo régimen de gobierno fue elegido por cuatro veces más personas que el que escogieron al nuestro, date una vuelta por tu propio país y trata de dirigir la misma crítica de atropello a la dignidad hacia nosotros mismos.

            Y claro, en Chile la dignidad es un tesoro. Por eso tu sistema electoral se basa en el reparto equitativo de cupos para grupos intermedios que no se preocupan por ti; por eso tenemos un atraso salarial de antología, una población sindicalizada por el suelo, medios de comunicación que creen que toda manifestación es: a) terrorista; o b) contraria a la seguridad interior del Estado; por eso tenemos un sistema de salud estatal que da lástima y en el que te puedes morir esperando una atención mientras sobran camas en las clínicas a las que NO puedes ir si: a) no tienes plata; b) no estás dispuesto a endeudarte de por vida; una educación cuya dignidad y calidad varía de acuerdo a cuánto estás dispuesto a desembolsar. Me imagino que tú como profesor eso lo puedes notar perfectamente.

            Venezuela está en una crisis en cuyo contexto muchos medios han abusado de la mentira y la manipulación. Eso quedó demostrado. En ese orden de cosas, que un medio intente desestabilizar al gobierno mediante desinformación o manipulación de masas requiere respuestas fuertes. No niego que la situación es tensa y en momentos da la impresión de que Maduro se está volviendo autoritario, pero hay que tener dos dedos de frente nada más para notar que la estrategia del desabastecimiento y el pánico colectivo es nueva de puro vieja. De hecho te invito a estudiarla en un caso muy cercano: CHILE.

            Y bueno, ahora sí me gustaría saber en qué medida tu concepto de libertad mercurial puede servir solamente como crítica hacia Venezuela y no como crítica a nuestro propio país.

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          • El problema en Venezuela surge precisamente del hecho de que no se respeta la libertad. En Venezuela no hay medios de oposición: todos están obligados a transmitir lo que no le moleste al gobierno. Si no, te echan, te cierran o te expropian: así lo ha han denunciado organizaciones de derechos humanos y así ha sido comunicado por el propio gobierno venezolano en varias oportunidades.
            El hecho de que la situación de la libertad sea penosa en Chile (porque nos cobran impuestos y hay muchas regulaciones) no implica que no podamos criticar los atropellos a la libertad en Venezuela o en cualquier lugar del mundo. La presencia de un gobierno sobre un territorio es una señal inequívoca de que se está atropellando la libertad de quienes viven ahí. ¿Por qué, pues, habría limitaciones territoriales en cuanto a la crítica de esta falta de libertad?
            No se puede hablar de libertad cuando tus derechos están sujetos a lo que decida la «mayoría» de personas que no conoces, pero que por ventura viven en el mismo territorio definido por la mafia gubernamental como la «república». Si justificas el atropello democrático de los derechos, tanto en Chile como en Venezuela, puedo decir tranquilamente que tú no sientes respeto por nadie y crees que las personas son objetos manipulables y desechables.
            El excesivo interés del autor y tuyo por defender el gobierno venezolano me demuestra que no están focalizando el problema apropiadamente, porque el problema aquí sí es la libertad (incluso antes de que empezaran las manifestaciones o de que Chávez fuera electo presidente) y porque están defendiendo la causa del problema y el origen de los atropellos. La solución no pasa por reemplazar el gobierno de Venezuela con uno similar al de Chile, sino que por transitar hacia la ausencia de un gobierno. Porque poner a una persona con una jerarquía superior a otra sin que haya mutuo acuerdo entre las dos para que esto funcione así conlleva a todas las vulneraciones que vemos a diario tanto en Chile como en Venezuela.

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          • Creo que no entendiste el punto. Por lo demás, asumes muchas premisas que nadie ha señalado por estos lados. Que uno contraste la situación de Venezuela con otras no implica una defensa al gobierno. No creo que sea el motivo de la columna tampoco (aunque no puedo hablar por el autor de ella).

            En Venezuela sí hay medios de oposición, y es básicamente la fuente de la información que tú y muchos perciben de lo que está ocurriendo allá. Asimismo, hay abundante información en internet disponible, tanto de adherentes como de opositores al gobierno. En cuanto a la presión por dirigir ciertos contenidos, es lógico, ya que hay muchos intereses creados tanto de una como de otra parte (un gobierno de izquierda puede muñequear con el poder acumulado mientras que la derecha, en esas circunstancias, puede muñequear con el poder económico, tal como está ocurriendo actualmente), y para tu sorpresa, ocurre en todos los países, porque es parte del ejercicio mismo de la política (en Chile se censuran los allanamientos a comunidades mapuches y en general se censuran o tergiversan casi todas las manifestaciones sociales en diversas materias).

            Por otra parte, tu concepto de libertad es ingenuo, por decir lo menos, y denota un desconocimiento pero casi absoluto de lo que se ha discutido en filosofía política durante los últimos años. Es más, yo diría que argumentos como los tuyos (que te voy a señalar a continuación) son más propios de un pendejo que cree que descubrió el agua tibia leyendo a economistas austriacos de escaso valor intelectual. Por ejemplo:

            “El hecho de que la situación de la libertad sea penosa en Chile (porque nos cobran impuestos y hay muchas regulaciones) no implica que no podamos criticar los atropellos a la libertad en Venezuela o en cualquier lugar del mundo”. Parece que quieres entender lo que se te da la gana cuando lees. De hecho mi crítica era por todo lo contrario. Decir que en Chile cobran impuestos (sugiriendo que ello en sí es malo) y hay “muchas regulaciones” es entender pero absolutamente nada en materia jurídico-política. La crítica era precisamente la carencia de ambas cosas en un país como Chile, y ello nos lleva a una situación en donde la libertad está constantemente amenazada.

            “La presencia de un gobierno sobre un territorio es una señal inequívoca de que se está atropellando la libertad de quienes viven ahí”. Asumo que eres una especie de anarcocapitalista o algo por el estilo, pero esta clase de argumentos son descriptivamente falsos. De hecho, la existencia misma de una regulación (sea cual sea su estructura formal) ya tiene un correlato muy atrás en la historia. Para eso no hay ni que explicar, mejor trata de leerlo tú mismo.

            “No se puede hablar de libertad cuando tus derechos están sujetos a lo que decida la «mayoría» de personas que no conoces, pero que por ventura viven en el mismo territorio definido por la mafia gubernamental como la «república». Si justificas el atropello democrático de los derechos, tanto en Chile como en Venezuela, puedo decir tranquilamente que tú no sientes respeto por nadie y crees que las personas son objetos manipulables y desechables”. El primer argumento es igual de infantil que los demás. Alegar que la población es un agregado de individuos es también desconocer siglos de historia y orientación sociopolítica, y es además un argumento antojadizo y bastante útil para cuestionar cualquier cosa. Es en el fondo un argumento vacío (es además el argumento del perdedor: cuando no me gusta el resultado de un proceso en el que participé, le resto legitimidad. Es lo que intentó hacer la UDI luego de la segunda vuelta presicencial). En cuanto a tu segunda idea, yo no justifico el “atropello democrático de los derechos” ni aquí ni en Venezuela: a lo que apunto es precisamente a su existencia. Y da la casualidad de que en Chile hay muchos más argumentos (y más datos) para sostener que se atropellan más derechos que en muchos otros países, y por lo mismo estaba de acuerdo con la columna, que expone la hipocresía del chileno promedio frente a esa situación.

            “La solución no pasa por reemplazar el gobierno de Venezuela con uno similar al de Chile, sino que por transitar hacia la ausencia de un gobierno. Porque poner a una persona con una jerarquía superior a otra sin que haya mutuo acuerdo entre las dos para que esto funcione así conlleva a todas las vulneraciones que vemos a diario tanto en Chile como en Venezuela”. Es tu opinión y creo que tienes todo el derecho a pensar así, pero me parece un argumento totalmente pendejo y falto de conocimiento. Insisto, tu idea sugiere que sólo conoces a minarquistas y esa clase de pensadores que nadie en su sano juicio toma en serio, no porque sean fachocapitalistas o anarcocapitalistas, sino que porque sus ideas no se corresponden con la realidad. El acuerdo para que una sociedad funcione es precisamente una cuestión fáctica que deviene en jurídica a través de la constitución. De tanto en tanto hay momentos de cambio (lo que algún autor esquematizó como “momentos constitucionales”), como lo que está ocurriendo en Chile, en que la gente cuestiona no la existencia de un gobierno, sino que la manera en que la institucionalidad debe ser estructurada. Si no es una salida civilizada el problema empieza a estallar en diversos estratos. Pero sea como sea vamos a llegar a una situación similar en términos de gobernabilidad. De hecho es eso lo que posibilita un desarrollo más o menos libre, porque entender la libertad en un sentido casi animal como tú lo haces la verdad nos lleva a una situación de negación de la libertad (en cualquier caso o cualquier situación de agrupación de personas habrá que tomar una voluntad general como válida. Y en eso estaban de acuerdo personajes tan dispares como Locke, Hobbes, Rousseau y etc.).

            Ahora bien, terminando con el tema de Venezuela, es crisis, claro que sí, pero no creo que la solución venga de la mano de un gobierno derechista (que es más o menos el sector que está presionando en la dirección de generar caos) ni tampoco que la cuestión sea una discusión exclusivamente sobre la “libertad”, y menos en el sentido en la que tú la señalas. En fin, si eso te parece que es una defensa cerrada del régimen allá tú, pero no deja de ser un argumento simplón parar marcar blanco o negro.

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          • Es una lástima que tu respuesta se limite a decir que argumento «pendejadas».
            Jamás he leído a un economista austriaco.
            Tu creencia de que en Chile se atropellan más derechos parece condicionada por el hecho de que vives acá.
            Por último, no existe una voluntad general: yo solamente tengo conciencia de lo que yo deseo o no deseo, pero no de lo que otros desean. Ellos pueden decir algo al respecto, pero una voluntad general requeriría que yo sienta con ellos lo que deseamos. Lo cierto es que solamente puedo sentir lo que yo quiero. Y así cada uno de nosotros.

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  4. Buen artículo. Me gustaría agregar que, como descripción general, la crítica que uno normalmente encuentra en redes sociales es casi idéntica a la crítica instalada desde la institucionalidad informativa. O sea, lo que los medios en Chile (Chile es un ejemplo de libro porque todos los medios relevantes de comunicación están alineados con los mismos intereses sociales y económicos) hacen es básicamente instalar una empatía generalizada a sus líneas editoriales. Eso habla bien del manejo mediático de los que regentan dichos medios, y habla también del nivel paupérrimo de reflexión de la gente seudoilustrada que abunda en las redes sociales.

    Eso es fácil de comprobar cuando se publica una noticia roja. El odio al “otro” y su menosprecio que toma ribetes deterministas se puede notar leyendo cualquier sitio de noticias. La retórica alarmista entonces construye una lógica de odio entre personas de un mismo estrato social (el odio al “flaite”, al “ladrón”, al “delincuente” -como si tuviéramos categorías ontológicas determinadas de esa forma-, en el fondo, el rotos contra rotos) que se agota en eso: el garrote. Pero nadie habla de la desigualdad que posibilita el surgimiento de los actos delictuales; nadie habla de las condiciones de educación y trabajo que no entrega ninguna perspectiva de futuro a personas que, en vista de dichas circunstancias, prefiere cometer actos reñidos con la ley. Claro, eso implicaría una crítica de fondo al sistema jurídico-político que tenemos, y en eso los medios son muy cuidadosos. Hay que quedarse en la superficialidad. Nada más. La gente cae redonda en la estupidización de masas.

    Un poco lo mismo ocurre con el caso de Venezuela (y de Bolivia y Argentina). Los medios en Chile son lo que en cualquiera de esos países sería “oposición” (por ejemplo, sólo en Chile pasa desapercibido que El Mercurio en su editorial entregue ideas para una aplicación más eficaz de la ley antiterrorista, cuando en cualquier país medianamente civilizado esa práctica sería repudiada por personas con algo más que caca farandulera en la cabeza), por lo que acá juegan al mismo juego de crear empatía colectiva en torno a uno o dos derechos considerados por el liberalismo como claves para conformar una sociedad, y que son derechos básicamente individuales y negativos: la libertad de expresión, la libertad de empresa, y pare de contar.

    La crítica de los seudocríticos chilenos de redes sociales (que con mucho esfuerzo logran escribir sin faltas de ortografía) queda en eso, en la demostración del nivel de imbecilidad al que llegan reflejando un estatus quo perfilado por ciertos medios informativos. Entonces claro, quejémonos porque falta libertad de expresión y porque hay poca “libertad”; pero no nos quejemos de otros derechos igualmente importantes, como la educación, salud, trabajo, porque eso nos volvería marxistas leninistas. Ese es el éxito rotundo de un país que desde los 80 se encargó de articular tanto a sus medios institucionales como fácticos en torno a una finalidad bien clara: mantener a la población totalmente imbecilizada y pasiva respecto de lo que ocurre en su propio entorno. Así es fácil decir que Chávez era un gorila o un bananero; pero al menos en cuanto a lo que derechos respecta, tenía garantizada a su población cosas que aquí en Chile no ocurren.

    Y claro, eso abarca también a la bipolaridad con que los medios tratan a las manifestaciones. Para El Mercurio y La Tercera, que los estudiantes salgan en Venezuela es el ejercicio legítimo de un derecho, pero que salgan aquí en Chile es la arremetida de un marxismo latente y que es peligroso para nuestro país.

    En el fondo se trata de que los chilenos se creen más de lo que realmente son: una masa de hueones totalmente explotados y que ni siquiera son capaces de entender su propio rol en la sociedad. Uno es extremista porque sale a la calle a pedir educación gratuita (y los trabajadores públicos son flojos porque paran para pedir mejoras al sistema de salud, para pedir insumos; los portuarios son flojos y “politizados” por parar para que les den media hora para almorzar, y así por delante), pero en Venezuela son mártires políticos. Acá que muera un mapuche es natural, total, ellos son “terroristas”. Allá que muera un estudiante es un escándalo político, porque para eso las páginas de los medios chilenos tienen mucho espacio, pero no para mostrar cómo Carabineros infiltró a uno de los suyos en las comunidades mapuches ni cómo detienen a niños en los allanamientos a esas mismas comunidades.

    Ahí está. La crítica del chileno de redes sociales no tiene mucha validez porque es de un doble estándar asqueroso. De un cinismo profundamente católico. Pero su argumentación es ridículamente pobre, porque cae en lugares comunes muy simplones: la libertad de expresión. ¿Y acá, uno puede expresarse libremente? PERO CLARO, en lugares tan inofensivos para el medio político como twitter. Y es por eso que muchos medios (the clinic incluido) caen en la estrategia de elevar moralmente el contenido de los mensajes por twitter para dejar satisfechos a tanto hueón pajero que no es capaz de salir a la calle a reclamar sus derechos, sino que simplemente se contenta con teclearlos. Total, que se vuelva trending topic ya es su propia victoria personal.

    Así que sí. Vamos a seguir viendo cómo critican a un país como Venezuela, porque claro es super mal visto que se expulse a un medio de información que interviene para desestabilizar a un gobierno, no como en Chile que los medios están totalmente protegidos y subvencionados para no desestabilizar sino que todo lo contrario, mantener un ambiente uniforme que facilite la explotación. Así el odio sacohuea del chileno promedio se manifiesta en otras cosas, como criticar a Venezuela. Obvio, así las isapres, la afp, el retail y los bancos nos siguen cagando mientras nadie se da cuenta.

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  5. pregunta

    Si pensara en cincuenta o cien años más y quisiera estar en el lado correcto de la Historia, historia como en Historia Universal, ¿qué lado sería ese? No en el lado que “gana” o en el lado que es “mejor” para la economía a futuro , ni el que tiene menos muertos, sino que el lado correcto, el que estaría bien así como está bien no matar gente o no pegarle a la mamá.

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