Vivencial: Crónica de una funa en el Congreso chileno

por Wladimir

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La mañana del miércoles 19,  las tribunas de la Honorable Cámara de diputados, y la tensión al borde de la explosión. La política tradicional, destruida, simbolizada en Rodrigo Hinzpeter y la testera de Patricio Melero. Muchos observábamos, desde los cómodos asientos del salón plenario, la indolencia de nuestros gobernantes ante el pueblo que cree que la calle es el lugar para poder generar los cambios  que exije el país. Estábamos ahí para defender el derecho a manifestarnos, que este año se ha expresado con gigantescas e históricas marchas que ha puesto en debate conflictos como Hidroaysen, la Educación, la salud, y tantas otras, que tanta sangre, lágrimas y sacrificio han dejado entre los ciudadanos luchadores que no se cansan en búsqueda de la justicia y el reencuentro con su soberanía.

Estas formas tan válidas de protesta hoy están siendo cuestionadas y censuradas por el señor Rodrigo Hinzpeter, quien estaba ahí felizmente sentado, con su cara de indiferencia ante las intervenciones de los diputados contrarios al  nefasto proyecto de la nueva ley maldita, que para colmo, no trae nuevas incorporaciones, sino tan sólo un endurecimiento de las penas  ya existentes, cuya fundamentación “filosófica judicial” viene del mismo mentor que iluminó a Jaime Guzmán para la constitución de 1980, el histórico don Sergio Diez.

De pronto las tribunas cesan en su espera y comienzan los impotentes gritos contra los diputados de la UDI “popular”, contra Hinzpeter , y otros tantos en apoyo al movimiento estudiantil.  Melero invoca la campana y empiezan a desplegarse las fuerzas de orden público, precisamente protagonistas de la ley en cuestión. Los defensores del orden nos acorralan y nos piden que desalojemos el lugar, cual universidad tomada de la V región costa. Ante esto decidimos no hacer caso,  por consiguiente, comenzaron los forcejeos con nuestros compañeros, y se da inicio a una batalla campal, una épica nunca vista en el edificio del poder legislativo desde el regreso a la “democracia”. Puños iban y puños venían, aplacando por momentos la mítica pelea entre Iván Moreira y Jorge Schaulson, aquella del clásico “la política chilena es una mierda”. Y volaron gorras de oficiales, nadie temió, la energía y la rabia acumulada durante cinco meses de mal tratos nos hinchaba el pecho. No los vimos como amenaza, les faltamos el respeto y les dimos a entender que estábamos en nuestro legítimo derecho a manifestarnos en contra de la ley que se estaba sesionando de forma especial ese día.

Ante tan complejo escenario, pasó algo que nadie en su sano juicio pudo prever… la entrada de Fuerzas Especiales, gorilones con armaduras, cual caballero del zodiaco, quienes comenzaron a desalojar de manera violenta a la gente que estaba en la tribuna, sin escatimar fuerza incluso ante las mujeres. Muchos lentes de cámaras de video y de foto quedaron inutilizables. La violencia irracional era su móvil.

No problem.
No problem.

Pasaban los minutos y todo se tornaba muy confuso, se podía ver a honorables forcejeando con los pacos, nadie entendía lo que estaba sucediendo.  Y las imágenes se convertían en un símbolo, una ironía, una pintura de la fractura política, de la división medieval entre el mundo político y el mundo social. Sólo cuando diputados de oposición llamaron a la cordura e instaron a que losgorilones salieran del Congreso, la cuestión menguó. Tras ello, nosotros nos retiramos a llevarles comida a nuestros compañeros detenidos.

Ese día, se evidenció el gran cuestionamiento al  actual modelo democrático, al actual sistema de vida. Ese día la fascista derecha chilena sacó todas su garras y arsenal, sin miedo a nada. A ellos pareciera ya nada importarles con tal de salvar su modelo de privilegios, total los costos políticos ya han sido pagados, con escaso 30% promedio de aprobación en el último año.

Al terminar el día, ninguno de los amigos que fueron detenidos sufrieron golpes,“nos toco el grupo piola, si hasta los pacos nos ofrecieron papas y jugos”comentaba un compañero al preguntarle cómo lo había pasado adentro. Así es Chile, el país que funciona con la fortuna de salir ileso. Donde no haber sido herido es un privilegio.

Pero gracias al destino, La era está pariendo un corazón.

 




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