Homenaje a las mujeres de la Iglesia del pueblo

por Gonzalo García - Campo

Sobre Gonzalo García - Campo

Por Gonzalo García – Campo

 

En Noesnalaferia solemos constantemente recordar a los “curas rojos” o “curas de antaño”; aquellos que dieron lo mejor de sus vidas, o aun su vida misma (basta pensar en Juan Alsina o André Jarlan, por ejemplo) para echar suerte con el pueblo de Chile, haciendo suyos los anhelos que clamaban por un país libre de la feroz represión de la dictadura cívico militar y por el respeto a los más.

Algunos de ellos siguen luchando hasta el día de hoy (homenaje a Mariano Puga, hasta hace poco recorriendo las islas de Chiloé, hoy de vuelta, a sus 84 años, en Villa Francia; al Pepe Aldunate, cerca de cumplir cien años y contagiando lucidez y audacia en los más relevantes debates públicos); otros ya partieron (homenaje a Pierre Dubois, a Ronaldo Muñoz, a Raúl Silva Henríquez).

Pero hasta ahora, no habíamos hecho un reconocimiento a las luchadoras religiosas. En este artículo, relevamos el rostro de aquellas mujeres que constituyeron esa Iglesia de los pobres y para los pobres. Pues si el rostro más visible es el de los curas, el semblante profundo de esta Iglesia es el de mujer.

Vaya, entonces, una brevísima lista-homenaje a aquellas mujeres que se jugaron su suerte por un pueblo aplastado. Y vaya, también, como homenaje a todas las mujeres anónimas que en aquellos años terribles sostuvieron la vida.

 

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1. Blanca Rengifo

Nació en 1923. A los 26 años entró a la Congregación del Amor Misericordioso, a la que perteneció hasta su muerte. En 1972 se fue a vivir al entonces campamento Puro Chile, que dio origen a la población El Montijo, en la zona norte de Santiago. Ahí participó en las Juntas de Vecinos, en la (auto) construcción de la población y fue parte de las JAP. Las primeras noches después del golpe de Estado las pasó sacando cadáveres del Mapocho, para poder darles un entierro digno. Participó desde sus inicios en el COPACHI (conocido como el “Comité pro Paz”) y luego en la Vicaría de la Solidaridad, que dejó en 1980 para fundar el CODEPU, a fin de dar asistencia y protección a quienes “en un momento determinado usaron las armas de acuerdo al derecho legítimo de rebelión contra la opresión”. Murió de cáncer en 1988.

 

Fotografía del Movimiento Sebastián Acevedo
Fotografía del Movimiento Sebastián Acevedo

2. Odile Loubet

Nacida en Francia, llegó a Chile en 1965, siendo religiosa de la Congregación de las dominicas. En 1972 partió, junto a Blanca Rengifo, a El Montijo. Juntas entraban a las aguas del Mapocho para dar entierro digno a las víctimas de la dictadura. Trabajó como obrera –para poder llegar a la gente, había que vivir lo que ellos vivían, decía– en diversas fábricas, hasta que fue despedida el año 1978 por unirse a la huelga de hambre de los familiares de los Detenidos Desaparecidos. Sus críticas a la dictadura derivaron en que tuviera que dejar su congregación. Participó, también, en el movimiento Sebastián Acevedo. Murió en abril de 2010.

 

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3. Anita Gossens.

Nació en Bélgica en 1934. Aunque de joven fue religiosa de la Congregación de las hermanitas de Jesús, problemas de salud la obligaron a dejarla y unirse al instituto secular de dicha congregación. Se unió entonces, como laica, a la misión de la misma. Así, en 1964 llegó a Chile, inspirada por los nuevos aires que soplaba el Concilio Vaticano II. Aunque también vivió en las poblaciones Los Nogales y La Viñita, la mayor parte de su vida la ha pasado en La Legua –hasta el día de hoy reside ahí–, donde ha sido parte de la historia activa de la población; fundadora del hogar para personas con discapacidad “Cristo especial” y vecina de la cotidianidad sufriente de uno de los sectores más golpeados y estigmatizados –y luchadores– del país.

 

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4. Karoline Mayer

Nació en Alemania en 1943. En 1968 llegó a Chile como misionera de la Congregación del Verbo Divino. Con el propósito de interiorizarse en las condiciones de vida del país que la recibía, especialmente de sus sectores empobrecidos, ingresó a estudiar enfermería a la Universidad de Chile, carrera de la que se graduó en 1973. En la misma época se fue a vivir a la zona “Área Verdes” y dejó la congregación del Verbo Divino, para fundar la “Comunidad de Jesús”. Junto a sus hermanas de dicha comunidad, Maruja Cofré y Teresa Winter, partieron a vivir a la población “Quinta Bella”, en la comuna de Recoleta, donde residen hasta hoy, en una calle llamada “Justicia social”. Fue activa luchadora contra la dictadura pese a las constantes amenazas que recibía, varias veces de muerte, siendo arrestada en una ocasión. En 1990 fundó la organización Cristo Vive, la que existe hasta hoy, atendiendo a niños y niñas sin hogar, entregando capacitación técnica a adultos y ofreciendo rehabilitación a alcohólicos y drogadictos.

 

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5. Francisca Morales

Pertenece a la Congregación del Amor Misericordioso, de la que fue superiora muchos años. Dentro de su congregación fue de las primeras en quebrar los moldes de vida religiosa tradicional. En el año 1967, cuando aún se recibían y procesaban los aires del Vaticano II, un año antes de que los obispos latinoamericanos se reunieran en Medellín y comenzaban a elaborarse las primeras intuiciones de lo que luego sistematizaría la Teología de la Liberación, partió a vivir a Pudahuel, a “aprender del pueblo”, a “hacerse pobladora” y luchar por la justicia. Luego de vivir en Pudahuel se fue a vivir a la población Malaquías Concha, de La Granja, donde residió muchos años, siendo protagonista importante de una población que aún no terminaba de construirse. En tiempos de la Unidad Popular participó en el movimiento “Cristianos por el socialismo”. Actualmente tiene más de ochenta años y vive en Estación Central, donde trabaja, entre otros, con grupos de personas alcohólicas y drogadictas.

 

Clarita, de rojo, junto a sus padres
Clarita, de rojo, junto a sus padres

6. Clarita de Larminat

Aunque de padres franceses, nació en Buenos Aires, donde entró a la Congregación de las hermanitas de la Asunción de Muñiz. Prácticamente toda su vida la pasó en la población Malaquías Concha de La Granja, a la que llegó en 1968 invitado por Esteban Gumucio, y donde conoció a sacerdotes de la coherencia de Ronaldo Muñoz y Pablo Fontaine, entre otros, además de una muy activa comunidad local. Con el objeto de vivir “como una más”, Clarita dejó su congregación, y desde entonces trabajó como enfermera en el consultorio local. Fue, desde 1973, una decidida y activa opositora a la dictadura cívico–militar, durante la que fue torturada. Su profesión de enfermera le permitió trabajar, desde el principio, en programas de nutrición de niños/as e implementar múltiples programas de salud física y mental, así como dar auxilio a los múltiples heridos por la represión que llegaban a su casa buscando ayuda.

 

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7. Donata Cairo

Donata Cairo es italiana. Pertenece a la Congregación de las Hermanitas de Jesús y hace 25 años que vive en Chile. Una vez llegada al país, comenzó a trabajar como temporera en Copiapó, labor que realizó por más de 20 años. Agobiada e indignada por las condiciones de vida de las trabajadoras, y con el objeto de poder generar ingresos para los meses de invierno, fundó junto a sus compañeras de trabajo una cooperativa de artesanías hechas con arena del desierto. El florecimiento de esta pequeña cooperativa ha permitido a muchas mujeres que eran temporeras mejorar sustancialmente sus condiciones de vida y desarrollar aptitudes artísticas realmente valiosas. Hasta el día de hoy vive en la población La Victoria –cerca del lugar donde vivieron Pierre Dubois y André Jarlan- junto a dos compañeras de su misma congregación.

 

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8. Elena Chaín

Suiza de nacimiento, también perteneció a la Congregación del Amor Misericordioso. Junto a Blanca Rengifo y Odile Loubet, también, vivió en El Montijo y pasó junto a ellas las primeras noches posteriores al golpe recogiendo cadáveres del Mapocho. Vivía, entonces, de su salario de profesora. Las tardes las dedicaba, vinculada a múltiples organizaciones de derechos humanos, a ayudar a los/as perseguidos/as a asilarse en las embajadas dispuestas a recibirlos. Una vez terminada la dictadura, se fue a vivir a “la toma de Peñalolén”, donde colaboró con todos los procesos que vivía la misma. Infatigable, años después partió a la población “Las compañías” de La Serena. Murió en 2012.




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