Homenaje a la abuelita Eliana, el triunfo de los buenos

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Diabética, 84 años y la mayor de 12 hermanos. Eliana Hernández, nacida y criada en San Bernardo, ha cautivado Chile en apenas unas semanas y se ha convertido probablemente en el personaje más querido del año en el país. Muñequitas con su figura, calendarios y toallas con su arrugado rostro sostenido por lentes de mala calidad aparecerán en cualquier momento por Meiggs, el persa Estación o el Bío-Bío, los barrios a los que su perfil, historia de vida y gracia, representa. Porque la abuelita Eliana de Master Chef, antes de patrimonio de Chile, es patrimonio de una forma de vida austera, sacrificada y popular. He ahí el punto de ebullición del amor que hoy la satura: la valoración de una forma que creíamos sólo residente en la nostalgia, una nostalgia que evoca las antípodas del gourmet que la televisión quiere mostrar como la onda del presente. Lo que la televisión no sabía es que paradójicamente se iba a encontrar con que la virtud de nuestra gente está en la oposición de la sofisticación.

Eliana, más que la abuelita que todos quisiéramos tener, es la abuelita que todos tuvimos y tenemos. Porque da lo mismo si nuestras welis son más pesadas, si cocinan como las reverendas o si se ríen tarde, mal y nunca. Lo relevante es que en sus canas y espalditas aplastadas por la escoliosis hay una historia que reconocemos: la historia de lo que los viejos tuvieron que hacer para que nosotros seamos lo que somos. La historia de una mujer que perdió una guagua porque el sistema público de salud no garantizaba un tratamiento adecuado de una afección pulmonar (“La guagua nació sin defensas y me duró siete meses y siete días” recuerda Eliana), pero que de todas formas se levantó para criar a los cuatro hijos que sí le vivieron. Es también la historia de una mujer que se moría de ganas por ser enfermera, como hoy lo son sus nietas, pero que debieron abortar la ilusión cuando el papá les dijo “no se puede, porque no me alcanza”. La historia de una mujer abandonada por su marido tras 20 años de relación, lo que la llevó a trabajar como asesora del hogar y luego en una empresa de alimentos a los 66 años, donde sufrió un desprendimiento de retina “por el vapor de las ollas”, para nunca volver a ver como antes. Solo los que sienten estas historias como propias -la mayoría de Chile-, son los que se dan cuenta que la abuelita Eliana no produce amor por la ternura cliché de la anciana de caricatura, sino por la transmisión mágica de los triunfos y derrotas de una clase: la clase trabajadora.

La diabetes -presente siempre en sus cachetitos rosados-, el lumbago, la hipertensión, los juanetes, las várices, el colon irritable y las hemorroides gritan presente cada vez que Eliana presenta un plato, que en realidad es lo que menos importa de su presencia. Lo que importa es la manifestación de, pese a todas las dolencias de las postrimerías de la vida, cumplir el sueño de ser feliz haciendo lo que plazca; en este caso, la sencilla intención de “cocinar sabroso”.

Y en esa sencillez, nosotros nietos, vemos a la abuelita que te pasa las cinco lucas pacallao como si estuviera cometiendo un delito. Vemos a la “mami Rosa” que cuando la vai a ver el domingo entrai pesando setenta kilos y salis en ochenta y cinco. Vemos a la “Yoli”, que nunca ha estado enojada en su vida (o al menos eso creemos). Vemos a la abuela pilla, bien chilena, que la sabe hacer, como cuando Eliana le fue a robar clientes a la Annelore, el opuesto de lo hasta aquí descrito.

Y la boca te queda ahí mismo. (vía Bárbara Orellana )
Y la boca te queda ahí mismo. (vía Bárbara Orellana )

En ese romance con su figura vamos sintiendo que Eliana es esa abueita que crió a tus compañeros de básica abandonados por sus madres, esa que cocinaba todas las empanadas posibles para juntar fondos para el curso. Esa que daba la vida para que su “hija” tuviera buenas notas, a sabiendas que la niña era la más porra del curso. Esa que vendía ensaladas en bolsa, en la esquina, a la vuelta del colegio, con 35 grados de diciembre.

Y ese compañero criado por su abuelita, vestida de eterno delantal, no puede ser otro más que Ignacio (recolector de basura), acusado por la facha pobre Karla con K de creerse héroe de la sociedad por llevar como banderas de lucha la ética del trabajo y el esfuerzo para ganarle a la vida en una y cada una de sus circunstancias. La alianza tácita entre Eliana e Ignacio reside en una atmósfera de solidaridad de clase donde se encuentran todos los sacrificados a quienes representan sus historias. Pasa algo muy interesante con estos personajes, porque los triunfos de su alianza, posibilitados casi siempre por el reconocimiento que les otorga el público al que los someten en las pruebas, los televidentes los sienten como los triunfos de una forma de vida que no es otra que una forma proletaria, profundamente honesta, que no tiene trancas para decir “nunca he comido congrio, pero estoy aquí para demostrar que la precariedad material no constituye mis valores”. Es la sanidad de espíritu que está en los corazones pobres, que nunca han tenido ninguna riqueza que proteger, ni grandes propiedades que perder; por el contrario, siempre han tenido conciencia pura de que comer es trabajar, y trabajar es la herramienta de los sueños.

En la Abuelita Eliana no hay envidias, rencores ni la mala leche para la que el salvaje neoliberalismo de los tiempos actuales es caldo de cultivo. Esa forma de pensar el mundo en comunión con los vecinos de un pasaje es la que choca con el mundo de Karla con K, criada en un circuito de competencias donde todo se mide en virtud de su precio. Por eso Karla con K, junto a Annelore, se enojan cuando la simpatía y ángel de Eliana cautiva al público, porque en su cognición de mercado ese ángel es un valor agregado que nunca podrán comprar ni conseguir. “Tengo sentimientos encontrados, como que me dolió” dijo Eliana respecto a la actitud de sus oponentes que la tuvieron a punto de renunciar al programa. A nosotros también nos dolió abuelita. Duele ver cómo se comportan las pasiones humanas ante el triunfo de los buenos. Porque el tuyo, abuelita Eliana, es el triunfo de los buenos.

Ilustración de Fabián Rivas
Ilustración de Fabián Rivas



23 comentarios sobre “Homenaje a la abuelita Eliana, el triunfo de los buenos”


  1. esta hermoso, lo que escribiste de ella y si cuando la vi en la tv por primera vez creo creí estar viendo a mi mamí! con su delantal y su carita 🙂 ….. y admito que seguí viendo el programa solo por ella! ……

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  2. Que lindo artículo. La abuelita Eliana logra un acercamiento con la gente que obviamente causa envidia con algunos de sus compañeros, la gente la quiere porque logra ver la transparencia de su persona, la sencillez, la humildad. Lo mismo pasa con Ignacio.

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  3. Es amor innato hacia la weli Eliana… Lloré con tus palabras y se me vinieron mil recuerdos de mis viejis… Yo tb seguí viendo el programa solo por ella.. Por q me encanta…me encanta el amor que pone al cocinar… Ese que a ninguno de los participantes de le ve… Por q ella fue a disfrutar… El resto a competir… Asumo ser una Eliana lovers!

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  4. Fernanda morado

    La abuelita eliana se gana el amor de todos nosotros con su ternura, simpleza & serenidad que nos entrega & deja ver en cada programa, que pena que sus compañeras no tengan nada mejor que tirarla para abajo, siendo que la abuelita no le hace mal a nadie, por el contrario el amor qué demuestra en cada plato que entrega o al alegrarse cuando uno de sus compañeros gana o logra algo eso es tener un gran corazon. GRANDE ABUELITA ELIANA TE QUEREMOS <3'

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  5. danila jorquera

    me emocione me acorde de mi abuelita carmen.que era la mejor meica que conoci.no sanaba con sus cataplasmas de barro y sus jarabes de caracoles.que nosotros recogíamos del jardin.con sus grandes cocimientos campesinos.la amaba mucho era mi cuenta cuentos.su humildad era

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  6. Francisca

    Precioso artículo. Que bonito ver como nosotros, el pueblo de chilito se reconoce en rostros como el de ella, en las marcas que deja el sistema público de salud, una vida de trabajo, y una escuálida jubilación.

    Que la abuelita Eliana genere tanto cariño no es gratuito, es el reconocimiento a una clase que con todo en contra ha luchado toda su vida… Son esas empatías las que me hacen pensar que quizás, y solo quizás no esté todo perdido. =)

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  7. una weona sin abuelas.

    Me emocionó profundamente este articulo , por el hecho de no conocer el amor de abuela ( mis abuelas , ninguna de las 2 me ha tomado en cuenta nunca) y creo poder sentir y conocer lo que es una a través de esta linda y tierna señora.
    Al verla me causa una sensación de apego y protección indescriptibles,que jamás pensé sentir por medio de la nefasta televisión.
    Me declaro una nieta,fan y amante de la Señora Eliana <3

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  8. Aguante la Abuelita Eliana, que aparte de todas sus virtudes y el cariño que inspira, se las arregla para coquetear con el juez francés que es más pesado que la cresta, ganárselo y hasta sacarle sonrisas.

    La más grande.

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  9. No conocí a ninguno de mis 4 abuelos, pero si alguno de ellos hubiese dicho una frase como esta, de seguro la postulo al Nobel!!
    “Nunca he comido congrio, pero estoy aquí para demostrar que la precariedad material no constituye mis valores”.

    Arriba los que luchan!!!

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  10. Francisco

    Hermoso texto Richard… pura emoción e identificación con cada una de las palabras hasta que leí lo de “vestida con eterno delantal”… ahí boté mis lagrimones recordando a mi viejita hermosa, que dejó todo para criarme, que llegó hasta 8vo básico y sin embargo es seca pa’ las matemáticas, que siempre me ha escuchado cuando estoy mal, que lavaba ropa pa’ parar la olla en la casa… cuánto le amo viejita! Ahora que soy profesional y tengo recursos, pienso regalonearla y cuidarla hasta ese maldito día en que se vaya.

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  11. natu1024

    Demasiado perfecto el texto !
    Creo que al verla a ella … Solo recordaba a mi madre
    A la cual tengo lejos y que siempre que la veo esta
    Con su delantal puesto lista para cocinar o
    Buscar lo que sea para ayudar… La que no se queda quieta jamas y siempre busca algo con que mantenerse ocupada … La vamos a extrañar al ver el programa QUE VIVAN LOS BUENOS !

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  12. Uta a este cabro Richard yo quiero postularlo al novel, pulitzer y lo que pille.
    Me encanta como se emociona y transcribe los acontecimientos cotidianos, con ese lenguaje sublimado/docto/rebuscado pero lleno de lugares comunes y chilenismos. Buen embajador literario de la clase obrera tan enaltecida en sus textos, un cabro que es como el amigo del pasaje que lo entraban temprano pa hacer las tareas, que entró en una estatal y que se lo cagó el crédito corfo, un cabro que habla por un@ <3 le leo todo siempre y me retiro de la pág sin alumbrar el fanatismo, pero ahora no me aguanté, pq no he visto master chef por más de 3 minutos (me gusta mucho comer, sufro viendo como comen en la tele y me cuentan que está todo rico sacandopicamente) pero loco, me tuve que dar la paja de escribir esto pa felicitar al cabro Richard, caché la trama completa, amé a la awelita, me identifiqué con el texto y odié a la karla. quiero que gane ignacio, quiero que triunfe el nieto putativo!, quiero que alguna vez ganemos nosotros por la chucha! sigo sin querer ver el programa, pero no puedo esperar a cachar quien gana y leer como me narran el partido en esta página (por favor no se corrompan ni dejen que un conglomerado mediático o una marca culia que los invada de banners se los coma nunca). adios!

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  13. Maria Ignacia

    No soy muy pegá a la tele, menos al canal13, pero si veía el programa era pa ver como lograba seguir adelante y demostrarle a la ignorancia burguesa que un anciano si es capaz de mucho, con lentitud pero con mucha gracia. Y lloré con el relato, cómo se extraña a la mami cuando se va…pero ya le puso todo su empeño, le tocaba descansar

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  14. Rodrigo

    Igual le pusieron en el programa. Yo creo que la señora se dejó ganar (cuando ella hipertensa le va a poner más sal a un plato, o cuando en el programa va a ser un pescado con arroz, cuando había hecho cosas más elaboradas hace un programa atrás, si la señora era seca igual). Y ese guiño que le hizo a la Leonora? Se dejó ganar, probablemente porque no quería ocuparles el lugar a los otros que podían usar su triunfo como un trampolín social, laboral y económico.
    Pero la señora solo se fue del programa, y la gente reaccionó como si se hubiera muerto… ahí creo que le pusieron mucho. ¿o acaso al otro lado de la puerta de vidrio del programa, hay un hoyo sin fondo donde la gente que pierde está condenada a caer eternamente?

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