Homenaje a La Ofis

por Sebastián Flores

Sobre Sebastián Flores

Editor general de El Desconcierto. Ex director de la Revista Bello Público, ex colaborador en Reportajes de Las Últimas Noticias y ex editor general de MQLTV.

Acordarse del 2008 es un ejercicio un poquito difícil. No fue como el 2006, el 2010 o el 2011, años que resaltan por sí solos en la línea de tiempo de nuestra sempiterna transición a la democracia. Pero el 2008, aunque menos evidente, también posee hitos que, de una u otra forma, marcarían la historia reciente de Chile.

Mientras ‘Callejero’ de Juanafe se convertía -de la mano del revival tropical de La Noche y Américo- en una de las canciones más populares del verano, Michelle Bachelet enfrentaba el segundo tiempo de su primer gobierno con un nuevo ministro del Interior: Edmundo Pérez Yoma, un vicepresidente que marcaría el comienzo del fin de exactos 20 años de administraciones concertacionistas. A hechos terribles como el asesinato a Matías Catrileo en La Araucanía o la erupción del Volcán Chaitén en Los Lagos, se sumaban otros que sí nos alegraron un poco la vida. Marcelo Bielsa, acallando las críticas iniciales, encontró en la generación de Gary, Alexis y Arturo a quienes por fin pudieron interpretar su testarudo 3-3-1-3, haciéndolo de una manera tan espectacular que terminaron el año en zona de clasificación directa a Sudáfrica 2010 (triunfo histórico 1-0 ante Argentina mediante).

En la música, Teleradio Donoso lanza ‘Bailar y Llorar’, Manuel García ‘Tempera’, Fother Muckers ‘Justo y Necesario’ y Chico Trujillo ‘Plato Único Bailable’. Otra música, María Música, mantenía viva la llama del por entonces intermitente movimiento estudiantil lanzándole un jarro de agua a la ministra -y sostenedora de colegios- Mónica Jiménez (DC), un refrescante chorro de vitalidad en medio del desgaste tras la derrota de la Revolución Pingüina y las tecnócratas mesas de negociación del Mineduc ante la Ley General de Educación (LGE).

maría música jarrazo
2008

Pero hay un hito subvalorado que aconteció en aquel año. Al mismo tiempo que Daddy Yankee presenta su grandioso “Talento de Barrio” (‘Salgo pa’ la Calle’, ‘¿Qué Tengo que Hacer?’ y ‘Pose’), al mismo tiempo que la crisis subprime hacía entrar al mundo en una dura recesión económica, al mismo tiempo que los Juegos Olímpicos Beijing 2008 se aprestaban a comenzar (medalla de plata para Fernando González), una noble serie de inspiración anglo y factura chilena se estrena por los pantallas de Canal 13, el miércoles 6 de agosto a las 23:45 horas GMT -3:00.

Creada originalmente por Ricky Gervais en Inglaterra, ‘The Office’ es una de las sitcoms más populares y divertidas del siglo XXI. Su estreno en la BBC el 2001 fue un éxito instantáneo en el Reino Unido y con tan sólo dos temporadas emitidas logró alcanzar una popularidad que traspasó fronteras. Países como Francia, Alemania, Canadá y -era que no- Estados Unidos compraron la franquicia y sacaron versiones locales de la obra de Gervais, siendo la gringa la que se hizo más famosa a nivel mundial. Transmitida por NBC, The Office US tuvo tanto arrastre que estuvo 9 temporadas al aire (2005 al 2013), convirtiéndose en un neo-clásico y alcanzando el olimpo de comedias como Friends, Married With Children o Seinfield.

theoffice
That’s what she said

No se llamó ‘La Oficina’ porque ese nombre lo tenía patentado la mítica sección de Zañartu y compañía en el Jappening con Já, así que la versión chilena de The Office tuvo que ser bautizada como ‘La Ofis’. Dirigida por un joven Nimrod Amitai (de entonces 27 años), el argumento es el mismo que el de la original: un equipo de documentalistas llegan a grabar lo que ocurre en la cotidianeidad de una oficina, entrevistan a los empleados al estilo reality show y luego simplemente los dejan ser.

Para quienes seguían la versión gringa por el canal Sony (y para quienes luego lo hicieron vía Cuevana, Netflix, Torrent o SeriesPepito), la versión chilena fácilmente podría ser un bodrio olvidable. Pero Chilecorto, la productora a cargo del proyecto, reunió a algunos de los mejores guionistas de su generación -Ignacio Arnold (‘El Reemplazante’, ‘Juana Brava’), el escritor Pablo Toro (‘Los 80’, ‘Bala Loca’)- y realizó un minucioso casting que dio como resultado un elenco único e irrepetible, el cual desde el primer capítulo sorprendió a una audiencia que esperaba poco y nada de esta propuesta. 

Manuel Cerda (Luis Gnecco) es el gerente de la sucursal Santiago Centro de Papeles Lozano. Tiene a su cargo a 15 oficinistas y a otra docena de empleados que están en la bodega. Manuel es ignorante y engreído, incompetente y desubicado. Es bueno pa la talla, pero en realidad es fome y su humor nadie lo celebra, sólo incomoda. El único que lo apaña es Cristian Müller (Mauricio Dell), el autodenominado “gerente asistente” (asistente del gerente, en realidad) que además es el mejor vendedor de la oficina. Nerd, asperger y fanático de la autoridad, Müller sigue en todo a Manuel y está dispuesto a dar la vida por su jefe.

cerda manuel
¿Y si la mujer del prójimo lo desea a uno?

El reparto de los secundarios replica casi exactamente a los personajes originales de Ricky Gervais, imprimiéndole a cada uno un marcado sello criollo. Jimena Ibarra (Liliana García) es la gerenta general de la empresa, viuda del Señor Lozano y la jefa de Manuel. Benito (Vittorio Yaconi) es el nervioso sicólogo de Recursos Humanos, odiado por Manuel por considerarlo un “sapo” de gerencia que viene a destruir la buena onda de su lugar de trabajo.

Jesús (Marcelo Valdivieso) es un culto y refinado peruano que trabaja en ventas y sufre las bromas xenófobas y racistas de Cerda. El obeso e hipocondriaco César (Alfredo Portuondo), la tímida y silenciosa Yanni (Jimena Núñez) y la conservadora y severa Teresita (Luz María Yacometti) forman el equipo de contadores de la sucursal. Dante (Cristián Quezada) es un cleptómano que nadie sabe muy bien cuál es su pega y se la pasa durmiendo y robando cosas. Don Hugo (Vicente Quezada) es un viejo mañoso que trabaja de junior y tampoco hace nada, pero lleva tantos años en la compañía que no les conviene echarlo; él, consciente de aquello, se aprovecha y sólo flojea.

Felipe “Pipe” Tomic (César Sepúlveda) es el joven practicante de la empresa, estudió Ingenieria Comercial, es muy cuico y también muy mino. Pipe se agarra a la Trini (Karla Matta), la sensual chiquilla que está a cargo de la sección de atención al cliente. El plantel lo completan Marcos (Marcelo Maldonado), su polola Rocío (Nathalia Aragonese) y Diego (Pablo Casals).

Estos últimos son quienes dan vida a la linda historia de (des)amor que sostiene el relato. Diego tiene 30 años y también es parte del equipo de ventas. Es simpático, divertido, inteligente, buena onda, tierno y melancólico. Las tiene todas, pero aún así sigue soltero. Rocío es la secretaria de la oficina. Es bonita, tranquila y sueña con algún día casarse. Rocío pololea con Marcos, que trabaja de obrero en la bodega. Es bruto y machista, pero eso a Rocío le da una sensación de seguridad. Diego es el mejor amigo de Rocío y está secretamente enamorada de ella. A Rocío también le atrae Diego, pero su compromiso con Marcos le impide cualquier cosa más allá de la amistad.

rocio-pablo-la-ofis
OTP favorita <3 (busquen en Google qué es OTP)

El soterrado amor entre Diego y Rocío es uno de los ejes principales de la trama, la cual oscila entre las peripecias de los trabajadores para huir de la rutina (Diego y Rocío dedican gran parte del horario laboral a hacerle bromas a Müller) y los desesperados intentos de Manuel Cerda por caerle bien a sus dirigidos. Así, “la ofis” pasa por las más insólitas y a la vez típicas aventuras de cualquier oficina chilena: recibir al alumno en práctica, pelear por la temperatura del aire acondicionado, urgirse porque van a haber despidos o simplemente retratar el noble y gentil arte de sacar la vuelta.

Los 12 episodios que componen la primera -y única- temporada de la serie no tienen desperdicio. Hay un capítulo donde van de paseo de oficina al Parque Intercomunal y Manuel realiza los Premios Lozano 2008, dándole el Premio “Superación de la Pobreza” a Jesús. Hay otro donde los trabajadores de la bodega se van a huelga por mejoras laborales y se toman la oficina mientras suena ‘El Pueblo Unido’ de fondo. En otro hacen una encuesta de Recursos Humanos y como Cerda salió mal evaluado usó los exámenes para hacer fuego en un asado dentro de la oficina, lo que activó el sistema contra incendios y mojó a todos los trabajadores. En otro resuelve un conflicto laboral entre Teresita y Jesús poniéndoles un cartel con su nombre en el pecho y obligándoles a hacer un “cara a cara” como en Protagonistas de la Fama.

Párrafo aparte merece la deslumbrante actuación de Luis Gnecco. Si en la versión gringa Steve Carrell convirtió a Michael Scott en una leyenda, Gnecco hace lo propio con Manuel Cerda. Gnecco -el mismo que hace de Neruda, de Karadima y de rostro de yoghurt Griego de Danone- brilla como no lo ha hecho en ningún otro papel en su carrera. Sus imitaciones a famosos chilenos (Sergio Lagos, Julio Martínez, Willy Sabor) y sus errores de vocabulario (cuando está molesto dice “esta es la gota que mece la cuna”) provocan risas de esas donde te duele la guata. En esa dinámica, el rol de Mauricio Dell como Cristian Müller es fundamental, conformando una versión inteligente -y con tensión homosexual- de la clásica dupla chupamedia Zañartu-Espina que hizo escuela en el Jáppening.

¡Power!
¡Power!

Aunque la serie hoy es un clásico subterráneo que sus fans atesoran como quien escucha esa desconocida banda indie pop islandesa que nadie cacha, en su época las cosas no fueron tan bacanes: tanto el elenco como sus seguidores fueron víctimas de la llamada “parrilla flexible” de Canal 13. En su primer capítulo, emitido poco antes de medianoche, La Ofis tuvo una buena recepción de crítica e incluso de audiencia. Pero Vasco Moulian, en ese entonces director de programación del 13, nunca comulgó con la serie y la ninguneó relegándola al horario de trasnoche, después de Telenoche, a las 1 de la mañana.

Bajo esas condiciones, Gnecco y compañía resistieron únicamente con el apoyo de su fiel fanaticada, quienes estoicamente esperaban despiertos para ver un nuevo episodio de la obra de Nimrod Amitai. Cada semana crecía la bronca de los fans, quienes incluso crearon un grupo en Facebook llamado “Yo también quiero ver La Ofis más temprano”, desde donde se organizó una protesta en las afueras de Inés Matte Urrejola 0848 -actores y productores también se hicieron presentes-. Allí exigieron a Vasco Moulian que el programa sea emitido en horario prime y que se realice la segunda temporada, la cual estaba escrita, pero que finalmente nunca fue apoyada por el director de programación.

Vendepatria

Pero ese desaire editorial de Moulian no mermó ni un ápice en su calidad de obra de culto, dejando para la posteridad una serie incomprendida y adelantada a su tiempo. Su inteligente ironía, sus despampanantes referencias a la cultura pop chilena y a nuestra idiosincracia laboral serían hoy un éxito asegurado. Porque todos podemos identificar en Manuel y sus idioteces a las de nuestro jefe -las cuales nos hacen pensar “¿cómo ese conchesumadre incompetente llegó a ese cargo?”-, en Müller a ese compañero de pega ahueonao, en Jesús al culto colega inmigrante o en Rocío a esa amiga de la oficina con la que tenemos onda y de la cual nos enamoramos cada día un poco más, sólo compartiendo el aburrido devenir de un trabajo que no nos realiza como personas.

Porque La Ofis es también un reflejo de quiénes somos en ese duro espacio autoimpuesto en esta sociedad posindustrial llamado “la oficina”. Ese lugar que se parece tanto a la sala de clases, donde tenemos hora de entrada y de salida y no podemos faltar. Ese lugar donde todos somos como Diego, donde a punta de bromas intentamos huir de la alienación y a ese profundo deseo de dejar la pega y hacer algo más que vender papel en nuestras vidas. Ese lugar del cual todos aspiramos a escapar algún día para cumplir nuestros verdaderos sueños.

lozano-huelga
Los obreros de Lozano votando la huelga

A casi una década de su emisión, La Ofis ya es un clásico. Muchos de quienes somos sus fans tenemos la costumbre de volver a verla al menos una vez por año. Para volver a reírnos de Manuel, pero también para volver a sufrir con Diego en ese terrible momento del último capítulo en que se declara a Rocío. Ese terrible momento en que la trama te deja más intrigado que nunca y la cortoplacista visión de los ejecutivos del 13 -una vez más, repudio a Vasco Moulian- impidió la anhelada segunda temporada. En una época donde Twitter no tenía la influencia de presión en los medios que tiene hoy, La Ofis fue condenanda a la extinción, sin valorar el peso de un producto que hoy sin duda alguna sería grito, plata y trending topic.

Para quienes la seguimos sagradamente el 2008, Manuel Cerda, Müller y Diego viven y vivirán por siempre en nuestros corazones. Para quienes jamás la vieron, nunca es tarde para hacerlo ahora mismo. Homenaje a La Ofis. Homenaje total:



Deja un comentario