Por qué queremos tanto a 31 Minutos

por Sebastián Flores

Sobre Sebastián Flores

Por Sebastián Flores

El 2003 es un año paradigmático en la historia del Chile actual. No sólo es el año en que se suscribe el histórico Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que, de la mano de la canciller Soledad Alvear, disipaba cualquier duda sobre el rumbo que la administración socialista de Ricardo Lagos estaba tomando. Tampoco es únicamente el año donde se destapan escándalos de corrupción e inmoralidad tales como el Caso Spiniak y el MOP-GATE (que ponían en tela de juicio la institucionalidad chilena, sindicada como la menos corrupta de América Latina) o el año en que el errante Roberto Bolaño, tótem de la narrativa internacional y referente de cualquier aspirante a intelectual de nuestros días, muere en España sin que acá se le otorgará en vida ningún reconocimiento a la altura de su obra.

Claro que no es sólo eso, porque el 2003 es también un año clave para una generación completa, pues en él se fundan muchos de los códigos que marcarían pauta en la cultura pop chilena durante más de una década. Es el año del quiebre cultural definitivo con los ‘90 (todos sabemos que los tempranos ‘00 seguían siendo muy noventeros), el año donde nuestra juventud -que ya te ocupa MSN Messenger y c 100te bkn xq ya t usa lnguaje xat n el cel :)- se encuentra en busca de nuevos referentes en los que creer e identificarse.

Es en este año, el mismo en el que el “nuevo camarín” de la Roja de Juvenal Olmos inicia su fallido proceso rumbo a Alemania 2006, donde la televisión crea un nuevo leitmotiv para que los llamados hijos de la transición comiencen a adueñarse del Chile del siglo XXI. Mientras Rojo y Mekano gobiernan las tardes de los chilenos disputándose punto a punto la audiencia adolescente, Machos arrasa en la guerra de las teleseries de las 20 horas (homenaje total a la derrotada Puertas Adentro) y Protagonistas de la Fama, primer reality show de impacto nacional, sienta las bases del rumbo de la TV chilena durante más de un lustro.

¿Qué culpa tiene Álvaro Ballero?
Yo amo a Ballero

Pero el 2003 tampoco es sólo eso. El 2003 es, finalmente, el año donde se da vida a uno de los proyectos televisivos más exitosos de la post-dictadura. Porque a las 13:30 horas del sábado 15 de marzo, mientras miles de chilenos se reponían de la caña del carrete del viernes, TVN estrena el primer capítulo de la 1° temporada de 31 Minutos. Este nuevo programa, financiado con fondos del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) y a cargo de la Productora Aplaplac, tenía la apenas modesta misión de levantar la alicaída franja infantil de los fines de semana, tan venida a menos desde el deceso y decadencia de Cachureos, de Marcelo y de sus muñecos.

Por lo mismo, nadie podría haber previsto que lo que se estaba transmitiendo aquella mañana del ’03 se transformaría en un fenómeno que, a más de diez años de su estreno, seguiría influyendo en la siempre pacata sociedad chilena. Y esto porque la creación original de Pedro Peirano y Álvaro Díaz (feat. Rodrigo Salinas y Daniel Castro) supo no sólo leer con claridad el momento sociocultural del país, sino también conquistar el corazón de niños y adultos tanto en Chile como en el resto de la América hispanoparlante.

31 Minutos es un show de noticias realizado por títeres. Un show donde el protagonismo lo tienen menos las noticias que los periodistas y donde los personajes están hechos a imagen y semejanza de muchos de los más importantes rostros de la TV chilena. Un show donde muchos de los valores y antivalores de nuestra sociedad se plasman mediante el filtro de la ternura, donde la irreverencia se mezcla con la inocencia y donde los irónicos remedos de las celebridades locales (Policarpo Avendaño es Ítalo Passalacqua y Balón Von Bola es el Sapito Livingstone, por nombrar sólo dos) alcanzan una universalidad tal que logran generar empatía en prácticamente todos los sectores de la población.

Jugó con Maradona en México '86
Jugó con Maradona en México ’86

Ya desde el nombre y el logo del programa –inspirado en 60 Minutos, noticiero central de TVN durante la dictadura de Pinochet- se intuye el esfuerzo de presentar constantes dobles lecturas, pues éste es un show pensado para que hijos, hermanos y padres dialoguen generacionalmente. Pero antes que el creativo mensaje entrelíneas dirigido a los adultos, el verdadero potencial de la serie está en que tiene la facultad de ser tan atractivo para el segmento sub-12 como lo podría ser Pokémon, Malcolm o Bob Esponja.

Esta simbiosis logró que la popularidad de la serie se disparara a niveles impensables en muy poco tiempo. Ni Mazapán ni Patio Plum ni Mundo Mágico habían logrado que, en apenas un par de semanas, todo un país siguiera atento cada nuevo episodio. Porque éstos no eran títeres al estilo Plaza Sésamo que enseñaban a distinguir los colores o las letras del abecedario, éstos eran títeres que traían consigo toda una lectura política y social del proceso de la transición a la democracia (una lectura concertacionista, claro, pero una lectura política al fin y al cabo).

Así fue como conocimos a Tulio Triviño (un conductor de noticias millonario y engreído que recuerda demasiado a Bernardo de la Maza), a Juan Carlos Bodoque (periodista estrella, ludópata y mujeriego, inspirado en Rafael Cavada) y a todo el elenco que, de una u otra forma, remite a clásicos personajes del periodismo nacional. Así fue como estuvimos todo el ‘03 atentos a las encuestas callejeras de Mico el Micófono, acompañando al justiciero Calcetín con Rombos Man en su lucha pro-Unicef para salvaguardar los derechos de los niños y aprendiéndonos las canciones del Ranking Top como ‘Mi muñeca me habló’, ‘Bailan sin César’ o la chanchopiedrística ‘Mi equilibrio espiritual’.

Luego del exitoso primer año, donde superaron todas las expectativas de sus creadores, el programa no hizo más que crecer. La serie se renovó por dos temporadas más y desde el 2004 se comenzó a emitir para toda América Latina por Nickelodeon (alcanzando una fama inusitada sobre todo en México, donde fue y sigue siendo furor), se editaron tres discos que encabezaron ránkings de venta por doquier (si algo hay que reconocerle en vida a Pablo Ilabaca, compositor y productor de dichos álbumes, es esto) y comenzaron a tener apariciones en publicidades, convirtiéndose en una suculenta marca con un merchandising asociado altamente lucrativo.

Accionistas mayoritarios en Aplaplac Ltda.
Accionistas mayoritarios en Aplaplac Ltda.

Tras finalizar la 3° temporada, el 2 de octubre del 2005, 31 Minutos deja de producir capítulos aquejando desgaste y luchas internas dentro de Aplaplac, pero expande y diversifica su modelo de negocios por los más diferentes caminos. Mientras Rodrigo Salinas y Daniel Castro se distancian por conflictos económicos con la dupla directiva de Aplaplac, Peirano y Díaz venden los derechos de transmisión del show a Canal 7 de Argentina y TV Once de México y se aventuran -Corfo mediante- en el ambicioso proyecto de llevar su creación a la pantalla grande. Así, en marzo del 2008 se estrena ‘31 Minutos, la película’; una cinta mediocre comparado con la calidad a la que nos tenía acostumbrada la serie, pero que de todas formas se transforma en éxito de taquilla y logra mantener al producto en la primera línea.

Luego del film, los personajes de 31 Minutos continúan pituteando como rostros comerciales. No sólo aparecen protagonizando el videoclip de la canción ‘Una nube cuelga sobre mí’ (2009) de Los Bunkers, sino que ahora extienden sus servicios a propagandas gubernamentales. Es el ‘09, precisamente, cuando todo el espíritu irreverente de los inicios se comienza a caer. Ese año, Triviño y Bodoque encabezan una campaña en contra de la evasión en el Transantiago en la cual Juan Carlos, junto a otros pasajeros, increpan a Tulio por subirse a la micro sin pagar.

Esta campaña -que era una mierda- fue un golpe bajo para muchos de sus fans. Porque si bien siempre hemos sabido que Díaz y Peirano son fieles representantes de la intelligentsia concertacionista (incluso en la época de Plan Z), aquel mensaje contra el pueblo se ganó la decepción y el repudio de parte de su fanaticada más consciente. Miren:

Para peor, el 2012 firman contrato con el área de marketing de Claro Chile S.A. para promocionar smartphones y planes 3G, compartiendo incluso en comerciales con Don Francisco. A estas alturas, todo el aire fresco que trajeron en los tempranos ’00 se había perdido en las garras de la comercialización. No obstante aquello, el anuncio de su participación en el Lollapalooza 2012 y posteriormente en el Festival de Viña 2013 coincide con un revival nostálgico que puso a los títeres nuevamente en la palestra y que sirvió para dar cuenta que, pese a todo, el cariño de la gente estaba intacto.

Así es como el 27 de febrero del ’13, 31 Minutos da uno de los mejores shows artístico-musicales que hayan pasado por la Quinta Vergara. Una puesta en escena nunca antes vista, con Pedro Piedra (batería), Felipe Ilabaca (bajo), Camilo Salinas (teclado) y Pablo Ilabaca (guitarra) conformando una selección musical goleadora y con divertidos sketchs que aludían incluso al movimiento estudiantil y al conflicto mapuche. 53 puntos de rating alcanzó su performance, máximo histórico en la historia del Festival y la constatación definitiva de que, querámoslo o no, 31 Minutos es parte vital de nuestra historia cultural reciente.

Porque finalmente ése es el valor de 31 Minutos: ser una de las más acertadas sátiras de nuestros tiempos. Un experimento audiovisual que, al alero de las brillantes mentes de Díaz y Peirano, supo por fin traspasar a un formato masivo todo el talento creativo que habían plasmado en Plan Z, icónico espacio de la irreverencia noventera que, sin embargo, nunca pudo ampliar su audiencia fuera del nicho intelectual pop. Por eso mismo, por la capacidad de llegar a todo tipo de público, es que 31 Minutos es por lejos su obra más importante: porque le hace sentido a la inmensa mayoría.

Por eso 31 Minutos vuelve a las pantallas el 2014 con una 4° temporada, para recordarnos porque los queremos tanto y para actualizar la mirada de un país que ya no es el mismo que el del 2003. Esta temporada, estrenada el sábado 4 de octubre en horario prime, ha dejado ver en sus primeros capítulos que la dupla Peirano-Díaz está al día con lo que pasa en el Chile post-2011. Desde la publicidad previa al estreno, donde se informa que Tulio Triviño atraviesa una crisis recluido en su lujosa casa de veraneo, se da cuenta del ánimo que hay de acoplarse a los nuevos tiempos (crisis que, por cierto, recuerda a la que sufrió Pablo Longueira el 2013 durante su fallido intento presidencial).

Del mismo modo, el show ha sido viva imagen del cambio cultural vivido en esta década. En el tercer capítulo, por ejemplo, se dejó entrever que Guaripolo podría ser bisexual al verse envuelto en un triángulo amoroso con Patana y Mario Hugo travestido, inclinándose finalmente por el perrito antes que por la pajarita (algo que en el 2003, sin duda, habría sido escándalo). O la trama del cuarto capítulo, que estuvo centrada en la cobertura de un repentino terremoto, infortunio celebrado por el conductor Triviño con un “somos un noticiero, vivimos de la desgracia ajena” y con múltiples situaciones que hacen referencia al alarmante y sensacionalista actuar de la prensa chilena luego del 8.8° del 27/F.

Por otro lado, La Nota Verde de Juan Carlos Bodoque ha vuelto mucho más politizada que en otras temporadas. Si en el primer capítulo ésta generó polémica por criticar la influencia de los transgénicos en el problema de la desaparición de abejas, en el segundo indagó en el conflicto del Bosque Panul en Santiago de Chile -problematizando por primera vez un tema que se está debatiendo en la opinión pública y que tiene actualmente a los vecinos de La Florida enfrentados a la voracidad de las inmobiliarias que quieren destruir dicho ecosistema-.

Por cosas como ésas es que a Triviño, Bodoque y compañía les perdonamos -casi- todo, porque los queremos. Los queremos tanto que les perdonamos lo de Claro, lo del Transantiago e incluso el hecho de que muchos momentos de esta temporada han estado medio fomes (de hecho, en ninguno de los 5 episodios emitidos han podido superar en rating a su competencia: Morandé con Compañía). Pero se los perdonamos, porque aunque malgasten el presupuesto de 89 millones de pesos que el CNTV les pasó para realizar los 12 nuevos capítulos de esta temporada, da lo mismo. Da lo mismo porque, más allá de lo que opinemos nosotros, puta que hacen felices a los niños y adultos de mi patria.

Por eso Chile quiere tanto a 31 Minutos, porque nos recuerda todo lo penca que es no sólo nuestra mediocre televisión, sino también nosotros mismos. Porque todos somos un poco avariciosos y alumbraos como Tulio Triviño, derrochadores como Juan Carlos Bodoque o chantas como el Tío Pelado. Pero también nos recuerda algunas de las cosas bacanes que tenemos, porque a veces somos humildes como Juanín Juan Harry, dedicadas y laboriosas como Patana Tufillo o tiernos y friendzoneados como Mario Hugo.

Porque así como Joe Pino le enseñó a quienes luego encabezarían la Revolución Pingüina 2006 y el Movimiento Estudiantil 2011 que opinar era necesario; 31 Minutos dejó entrever de una manera muy entretenida que en realidad Chile es una mierda, pero es nuestra mierda y nos corresponde hacernos cargo de ella. Y es por eso, por esa moraleja, que nosotros también los queremos tanto.




11 comentarios sobre “Por qué queremos tanto a 31 Minutos”


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  2. Juan Eduardo

    No me había percatado de algunos guiños y sólo gracias al artículo, los noté. No sé si viene al caso, pero puta que es de culto “La Señora Interesante”, canción ícono de cuanto pastel en un carrete se las da de hispter, cultural o lo que sea hablando de un tema muy fome para un carrete y diciendo un par de palabras en inglés o francés y tratando de parecer muy cool.

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  3. Francisco Osorio

    Queremos a 31 minutos por muchas cosas que están acá escritas y más. Lo queremos en esta temporada porque -al igual que el pueblo- aborrece la clase política. En un capítulo ridiculizaron a Sebastián Piñera, cuando el oso de peluche presidente dice, textual: “… No importa, construyo algo y volverán a votar por mi” haciendo guiño al pésimo gobierno pasado, pero que por tanto número macro-económico en azul nos parece razonable votarlo de nuevo. Queremos a 31 minutos, porque calcetín con rombos-man ya no es pro-unicef sino que es pro-todos. En un capítulo dijo: “TODOS tenemos derecho a ser felices y cumplir nuestros sueños”, siendo que el 2003 habría dicho algo como: “todos los niños tienen…”.

    Lo que queremos porque se ríe de los canones de belleza y ese fanatismo por la juventud de la gente de TV, lo queremos porque dice sin anestesia que los noticieros viven de la desgracia ajena, lo queremos porque sus canciones hablan de cosas idiosincrásicas más profundas que las de muchos artistas pop, lo queremos porque debe ser casi el único programa en TV abierta que puedo ver con mi sobrina de 8 años y ambos nos reímos y podemos abstraer cosas distintas.

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  4. Cristóbal Chávez

    El tecladista es CAMILO SALINAS, mismo de los Pettinellis, los tres, banda sonora en Los 80, Los Archivos del Cardenal, etc. (Puta que es seco el hueón). Horacio Salinas es su padre

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  5. Los queremos porque oportan en la tolerancia y la creatividad de los niños, que ellos cuestionen y se rían con cosas simples y a la vez profundas. Homenaje total.
    Y por incluir a un travesti -Coágulo Espanto, con su canción “Drácula Caligula…”- y puta que nos han hecho bailar!

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