Repudio a Nadie está libre: la masacre hecha espectáculo

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Encontrarse en la tele con el programa “Nadie está libre” pone nervioso, provoca que uno cierre los ojos y busque rápidamente el control remoto para tratar de olvidar lo que el Canal 13 está exhibiendo. ¿Cómo puede ser posible –pensamos- que la realidad de la cárcel, el gran drama humanitario de Chile, sea usado como una locación de reality show? “Si no dejan de carretear van a estar como ellos”, dicen los conductores del espacio, convirtiendo inmediatamente a los reos, hombres y mujeres que cumplen penas dictadas por la justicia, en el demonio a evitar, en los parias de un país al que parece gustarle que se mueran apilados entre chinches y parásitos. Y la tele los muestra como juguetes coleccionables, les saca fotos, les hace zoom y da sus nombres completos, el alias y la condena que están cumpliendo ¿Le habrán pedido permiso a los reos, a sus familias, para informar a millones de televidentes sus prontuarios, estampando una marca que jamás se podrán sacar, haciendo más difícil aún una reinserción que a nadie le interesa?

No hay nada en contra de los jóvenes desordenados que muestran como chivo expiatorio para echar a andar el show, pero ¿cómo se le ocurre a la producción invitarles, para cambiar, a vivir un día “extremo” como si de un deporte se tratase? ¿Y qué pasa con la dignidad de una población penal que funciona como una simple herramienta para el shock de otros; los niños bien que se pueden ir por el mal camino? ¿Cuál es la posibilidad catártica de los que sólo tienen la función de “asustar a estos cabros chicos”? Si te sigues comportando como un diablito te convertirás en un demonio, parece ser el mensaje subliminal del espacio, que no escatima en recursos para mostrar una precariedad que, literalmente, mata. Este año se cumplen seis diciembres desde que se consumió la torre cinco de la cárcel de San Miguel, y de ese lugar, las condiciones que propiciaron el fuego, la asfixia y la conversión en calcio de algunos reos de baja y nula peligrosidad, no distan de las presentadas de modo carnavalesco por Canal 13 en la Penitenciaría. Sábanas abundantes dividiendo piezas, colchones irregulares puestos entre medio de las camas, hilos de agua saliendo por las llaves por falta de potencia, y habitaciones tan estrechas que convierten en una odisea un escape ante un caso excepcional. Pero el carnaval de la miseria no importa, lo que importa -recalca Mariano Gallardo, director de contenidos de Canal 13- es la integridad de los chicos reality. “Siempre estuvimos resguardados por personal de Gendarmería. Los chicos nunca estuvieron solos“, dice orgulloso Gallardo, dando por hecho que el resguardo a la imagen de los presos -más allá de alguna venia verbal- no es ni siquiera una opción que haya pasado por sus mentes sedientas de rating.

La falta de higiene, la precariedad del personal y la idiotizante práctica de solucionarlo todo con cárcel sigue hacinando en pantanos a reos que continúan muriendo, asfixiándose en la violencia impuesta como sino por el Estado chileno en las vidas de tantos, un sino impuesto por la permanencia de 46 cárceles nacionales que rebasan el 100% de su capacidad y seis con niveles críticos por sobre el 200%. En tanto, La televisión, la misma que hace seis años corrió a preguntar a mujeres llorando en el piso cómo se sentían tras saber que sus hijos se había evaporado, prefiere entrar a esas piezas hacinadas, a esos pasillos atiborrados de gritos constreñidos, para mostrarlos sin mayor cuidado como el escenario que su programa de niños carreteros e irresponsables necesita.

Joe González, presidente de la Asociación Nacional de Suboficiales y Gendarmes, reclamó que “Nadie está libre” “lo único que hace es atentar contra la dignidad de las personas y estigmatizan el sistema penal, en una flagrante violación al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”. A ello habría que agregar que este tipo de programas -donde también se ubica Alerta Máxima, de Chilevisión-, sensasionalistas y musicalizados como un thriller mientras en sus casas los familiares de los presidiarios deben ver a sus hijos e hijas dirigidos como animales de circo, representan una verdadera apología de la masacre como espectáculo, la masacre que da lo mismo si se arregla, pero de la que todos debemos arrancar, escupir y arrancar. La masacre de tratar de sobrevivir y rehabilitarse en una cárcel chilena.

Y por favor, por enésima vez lo pedimos, que no salga nadie a argumentar la tontera de que estamos aplaudiendo a delincuentes. Se trata de un problema de Estado, de Derechos Humanos y de nada más que la posibilidad de la dignidad. Dignidad a secas, ni en particular contra ni defensa de nadie.




5 comentarios sobre “Repudio a Nadie está libre: la masacre hecha espectáculo”


  1. Trabajé un año y medio en Colina II como Diseñadora de un proyecto de reinserción social. Terminó por la falta de ayuda y burocracia en papeleos de fondos ganados. Terminó por culpa del paupérrimo sistema. Me hiciste llorar pero te lo agradezco, te lo agradezco porque es innevitable que tus palabras pasen desapercibidas. Te lo agradezco porque volví a recordar el olor y la miseria que mantiene activa mi lucha social. Desnutrición, hacinamiento, droga, miseria. Dos jarrones de aluminio para dar comida a módulos de 3 metros de ancho que contienen hasta casi 200 hombres. Gendarmes protagonizando los índices más altos de suicidio en Chile. ¿Cómo es posible? Ni siquiera me atreví a ver el programa. Bastaba con ver los comerciales para que tiritara el cuerpo. Gracias por tu nota, espero remueva el sentir de muchos y potencie el actuar de muchos más.

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  2. Vanessa Zurita

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  3. Yo tampoco estoy de acuerdo con tu rechazo, Cabe destacar que a esto se le llama terapia de shock (sí, hay una programa con ese mismo nombre), que al ver que la persona que está haciendo mal las cosas y no entiende que le pueden ayudar a terminar con esto, entonces se recurre a esta terapia, asustar, y resulta.
    Los padres son quienes acudieron al programa para recibir ayuda, y los chicos al ser menores de edad están al alero de sus papás.
    Ahora, por parte de los reos, si te fijas, ellos les hacen saber que allí la vida es difícil, les recuerdan que tienen oportunidades que están dejando de lado, a ellos también les sirve eso, enmendar caminos.
    Pero sí estoy de acuerdo con la molestia de que exponen nombres, apellidos, sobrenombres y condenas, no es bueno entregar tanta información.
    Ahora, el Estado es quien los mantiene en pésimas condiciones, son ellos que debieran recibir el reclamo.

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