Crónica de dos chilenos promedio en el Subway

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Con Franco Pardo íbamos rumbo a la marcha del jueves 29 de septiembre, el día mismo en que la Confech se sentaba a dialogar con el ministro Felipe Bulnes. La convocatoria era a Plaza Italia, la manifestación no estaba autorizada, y nosotros, con varias piscolas aún en la sangre, íbamos dispuestos a caminar de todas formas por la Alameda, para ejercer efectivamente nuestra soberanía.

Sin embargo, las copas de más provocaron que nos desentendiéramos absolutamente de revisar el “correo electrónico”, cuestión que en nuestros tiempos es similar a un delito. Por esta razón jamás supimos del cambio del lugar de reunión, que implicaba haberse bajado en metro Usach en vez de Baquedano. Nuestros amigos ya estaban reunidos hace rato en Estación central, por lo que con Pardo decidimos no ir, ya que ambos teníamos que trabajar a eso de las doce. Ahí surgió la magistral idea de mi amigo, quien generosamente me convidó a gastar su acumulada cuenta de la Junaeb (aún no congelada por el Mineduc). Buscamos por todo el espectro bellavistiano un local piola que aceptara la hermosa tarjeta blanca, tan parecida a la de gratuidad del consultorio, mas búsqueda fue un fracaso.

De esta forma, nos vimos obligados a dirigirnos al McDonald del Patio Bellavista, que por ser antes de las once de la mañana, sólo vendía escuálidos desayunos. Caminamos un poco y apareció por primera vez ante mis ojos ese cosmopolita lugar llamado Subway.

Para Pardo también era la primera vez. Entramos con temor, nos miramos haciendo un tácito pacto para apañarnos ante cualquier desperfecto que pudiese causar nuestra ignorancia ante la globalización culinaria. Con nuestra cómoda chilenidad, que buscaba saciarse con lo más simple, una sopaipa o un cuarto de libra, entramos a este extraño espacio, donde la fineza del paladar es más importante que el hambre salvaje que nos caracteriza.

E hicimos la fila, nerviosos ante la indecisión de no saber qué cresta pedir. Cuando nos tocó el turno, sólo atinamos a decir “ese” y apuntar a una de las ventanillas con publicidad. La leyenda “combo 1” nos salvó la vida.

Paso siguiente, la vendedora preguntó cuál de las tres versiones de pan aceptábamos. Con Pardo, desconociendo totalmente el nombre de las variedades, nos miramos como poniéndonos de acuerdo para responder “el mismo de ellos”, apuntando a los experimentados jóvenes que elegían sus ingredientes.

Y luego vino esa extraña etapa en nuestras vidas, la de tener la libertad total de elegir los ingredientes que quisiésemos sin culpa. Entonces sólo atinamos a decir “con todo”, para así aprovechar estas oportunidades que poco se dan en la vida. Claro que todos los escollos de la aventura no estaban superados. Cuando nos preguntó con qué queso queríamos el sándwich, nuevamente quedamos en vergüenza cultural, exigiéndole a la niña que lo sirviera con queso Gauda, el que claramente no estaba entre las opciones. Nuevamente el dedo apuntando y la frase “con ese”, nos salvó.

Y el sándwich ya estaba listo y nosotros alegres ante la inminente desaparición del hambre. Pero la variedad nos jugó otra mala pasada. Nos ofrecieron tres tipos de mostaza, cuando nosotros sólo queríamos el clásico “queshumostazají” del Portal Fernández Concha. Y otra vez “con todo”.

Nos sentamos, comimos y el hambre se extinguió. No así nuestra voracidad chilena, acostumbrada a la grasa con tutti, inexistente en esos panes rebosados de pepino y pimentón. Y con Pardo decidimos que los sándwich del Subway no eran ricos, mucha verdura, mucha sanidad, mucho Elige vivir sano, mucha Cecilia Morel. Es el gusto del chileno promedio, que explica la abundancia de Doguiss y McDonald por todas las esquinas, y el escaso éxito de gastronomías más sofisticadas ná que ver con Chile.
Y decidimos también que la próxima vez que se acumule la Junaeb, o que invite yo, el destino será el Kentucky.

Esperemos que para la ocasión el Gobierno ya haya otorgado educación gratuita y de calidad para todxs lxs chilenxs (¿o chilen@s?).

La preferimos a ella por sobre todas las cosas
La preferimos a ella por sobre todas las cosas



10 comentarios sobre “Crónica de dos chilenos promedio en el Subway”


  1. margarita

    ¡Morí de risa! Recorde q tuve una experiencia similar. También quise turistear por aquel local en bellavista, resultado: un asco! Partiendo por el asalto de su precio, siguiendo con: luego de ofrecerme la variedad de ingredientes y yo elegir magicamente ninguno quedaba. Al momento de comer: un sandwich enano e insípido

    Frase mítica: “Con todo” “Ese” “kechumostazaji”

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