Descubre tu estilo según tu parque de diversiones

por Paloma Grunert

Sobre Paloma Grunert

La infancia de los niños de hoy ya no es la misma de años atrás. Sus juegos sedentarios se reducen a la pantalla del computador o consolas hiper-modernas con sensores de movimiento.
Cuando los niños de antes, sobre todos los que fuimos niños en los 90′, vivíamos la fortuna de interrumpir nuestras entretenidas tardes en la calle jugando a la escondida, al caballito de bronce, al pillarse o a mojarse con la manguera o el grifo, porque nuestros papás nos decían “Vamos a ir a…” nuestra emoción no daba para más. Toda la semana se reducía a ese gran momento: visitar un parque de diversiones.

No es Ná la Feria ha preparado para ti un especial de atracciones mecánicas. Descubre tu estilo, según el lugar donde jugaste cuando aún todo parecía un juego.

 

DISNEY WORLD
Si fuiste de ese 0,1% de niños que durante los años 90’ viajó a DisneyWorld, eres un maldito millonario. Esas historias que solían llegarnos casi como una fantasía, corrían de boca en boca en el liceo. “Conozco a alguien que fue a DisneyWorld”. Existían mitos, nada muy claro, sobre una montaña rusa que simulaba viajar por el espacio, o de un ascensor que caía desde el último piso de una tétrica torre. La prueba de un viaje a Disney eran esos gorros de Mickey y una foto con un planeta de fondo. Para ellos “Florida” no era la comuna y “Orlando” no era el nombre de un tío.

Ellos no conocían Chile

“Jugando a saber”, el mítico programa conducido por Savka Pollak, se dio cuenta que este era el deseo máximo de todos los niños chilenos influenciados por el boom de monos Walt Disney en los 90’ y otorgaba como premio máximo un viaje a Disney al que se accedía subiendo los escalones de un avión ficticio. Era una tortura infantil.

 

 

MAMPATO
Cuando no estaban en Disney o cuando no se tenía tanta plata, los cuicos más sobrios pasaban los domingos en el Mampato. También frecuentado por la clase media alta, el Mampato era el parque de diversiones para aquellos que vivían de Plaza Italia para arriba. Con sucursales en Lo Barnechea y Las Vizcachas, Mampato era una especie de parque campestre, bajo perfil y familiar. Dentro de lo fome, la adrenalina la ponía un bus escolar amarillo que se elevaba por sobre los 6 metros.

Esa guagua hoy es estudiante de la Adolfo Ibáñez

La gracia del lugar, o por lo que era conocido, era por sus ponys, el animal fantasía de los 90’. Sí, un carrusel real, conformado por un grupo de deprimidos equinos enanos que pasaban 12 horas diarias caminando en círculos con niños a cuestas.

 

 

MUNDO MÁGICO
El Mundomágico era algo maravilloso. El parque de diversiones de la zona poniente era el Edén de los colindantes con menos dinero y mucha imaginación. Ir no era barato, pero valía la pena al menos una vez al año. Ubicado en el metro Pajaritos, ad portas de Lo Prado, prevalecía un público de clase media y media baja.

Lejos del formato establecido de los parques de diversiones, el fuerte del Mundo Mágico estaba en su creatividad. Pese a que lo más fome era Chile en miniatura, cuánto daríamos por volver a recorrer el país en ese corto viaje en tren. Lo más brígido era ver la Torre Entel a escala o tener la suerte de toparse con el Osito Willy saludando desde algún puente.

Reivindicando a la gran comuna de Maipú, Willy y su colega en el Templo Votivo.

Cómo olvidar el Laberinto de espejos o el fascinante Jardín Gigante. El genio que diseñó este juego de seguro lo hizo luego de tomar un LSD. En el Jardín Gigante había una telaraña enorme con un huevo en su cúspide, un rollo de fotos develado que hacía de tobogán y un caracol que funcionaba como ruedita de hámster para niños.

Uno de los lugares más lindos del mundo.

El entrañable inspector Metete ni se comparaba con los desagradables integrantes de “Los mágicos del ritmo” y ese León líder, llamado Leoncio, que todo el rato decía “¡que buena onda!”. Merecían todo el repudio de la mayoría de los niños cuando les hacían la burla y el bullyng. Sobre todo ese león.

Chanchini Cecini, el legado de los Chicago Boy, igual sabía hacer feliz a los niños de los 90'.

Plan Z también homenajeó a este bello paraíso B, burlándose del Osito Willy y la Tía Paula, clásicos del canal 5.

 

 

JUEGOS DIANA
El viejo y querido Juegos Diana, ubicado en la esquina de San Diego que da al Parque Almagro, era visitado con más frecuencia por aquellos que iban una vez al año al Mundo Mágico. El ticket de entrada era un papelito que se iba perforando con círculos por cada juego usado. La parte triste del asunto era darse cuenta, de repente, que tu ticket parecía un colador y no podías usar ni otro juego más.

Ambiente encerrado y con poca luz. Hermoso.

Los Juegos Diana eran una especie de galpón con una rampa metálica por la que uno caminaba escogiendo las atracciones a las que se subiría. Techado, oscuro y lóbrego, con aspecto de fábrica. Lo más bacán eran las camas saltarinas, el “gánele al toro”, la pisicina de pelotas y sin duda, la rueda de la fortuna que escapaba de ese ambiente de fierro y salía por el techo, girando con vista al parque. Otra gracia era una montaña rusa cuyos carritos tenían caritas de animales. Qué Lindo.

 

 

FELICILANDIA
Felicilandia era una alusión a Fantasilandia y la felicidad. Una felicidad sin noción de riesgo. Todos los parques de diversiones que llegaban cada cierto tiempo a los sitios eriazos de las poblaciones o a las playas del litoral central en Chile se llamaban Felicilandia, Divertilandia o sucedáneos. A pesar de que sus atracciones apuntaban a los adolescentes, el cero control y seguridad, hacía que todos los niños de cualquier edad subieran a sus juegos.

Mientras más lleno y colapsado, tanto mejor.

Si bien tenían las mismas instalaciones de los demás parques, su toque peligroso le otorgaba el sello. El tobogán era bañado en parafina y cuando a uno se le salía el saco de harina, quedaba todo manchado y pasado a estufa. La montaña rusa (de dragón) parecía desarmarse a cada descenso, igual que la rueda de la fortuna, cuya gracia estaba en balancearse y sacar brazos y piernas durante todo el recorrido.

Pero sin duda el rey de Felicilandia era el Tagadá. Se llenaba. Nunca fallaban las viejas guatonas que producto del exceso de grasa, no resistían los violentos golpes del juego y se soltaban provocando la gracia del operador que, lejos de detener la máquina, hacía reír al público deslizando a la guatona por toda la pista.

Esta era la parte más entretenida del asunto, siempre había una que tenía que caer, sólo era cosa de esperar. Cuando una guatona se soltaba, él o los cabros que estaban bailando al medio se sentaban, dando paso al show. La idea del resto de los ocupantes del Tagadá era levantar los pies cuando la guatona trataba de agarrase de alguno, porque si te llegaba a pillar desprevenido, su afán de sobrevivir podía arrastrarte con ella y formar parte del espectáculo. No olvidar la música techno de fondo.

Sin Dios Ni Ley.




21 comentarios sobre “Descubre tu estilo según tu parque de diversiones”


  1. Fernanda

    Se les salió el centralismo. Lo que ustedes llaman Tagada, en todos los centros del litoral chileno y cuanta población albergaba los “felicilandia”, este juego se hacía llamar SAMBA!

    Es uno de los conflictos existenciales entre un santiaguino y un regionalista. A mi parecer, Tagada era el samba cuico de Fantasilandia, pero siempre será para mi el Samba

    Well-loved. Like or Dislike: Thumb up 14 Thumb down 1

  2. Richard Sandoval
    Richard Sandoval

    Está bacán, pero falta Fantasilandia, que independiente de su precio, era el verdadero placer y premio para los pobres que se querían divertir. Ir a Fantasilandia era el regalo de cumpleaños, de navidad o del día del niño. De repente en la empresa del papá regalaban entradas. Y lo mejor de todo era cuando iban a los colegios municipales a regalar entradas a los que hicieran el mejor dibujo de “lo que quiero ser cuando grande”.

    La primera vez que fui a Fantasilandia fue a los 12 invitado por mi tía y casi me morí en el Barco Pirata. Ese día juré no volver, pese a que el viaje en botecito por un túnel hecho para que te dé miedo me gustó caleta, de la misma forma que el Splash.

    Well-loved. Like or Dislike: Thumb up 7 Thumb down 1

    • Paloma Grunert

      Fantasilandia era bacán, pero estaba echa para los lolos, no te dejaban subirte a los mejores juegos, porque no pasabas el metro 1.20 ni los 12 años. 🙁

      Ese botecito que mencionas, llamado La Cueva del Pirata, más la Monga, la Casa Embrujada y el Barco Pirata era lo único a lo que se podía acceder. Al Splash y el Misisipi te subías con un poco de suerte, pero el Tagadá, la montaña rusa Galaxy, el Ciclón, el Kamikaze y todas esas cosas bacanes eran para los lolos y no había cómo entrar.
      Sí pensé poner a Fantasilandia, pero aclarando que era un poco frustrante, por que estabas destinado a juegos de menor calibre, porque casi todo era para grandes.

      Homenaje o Repudio: Thumb up 2 Thumb down 0

    • Jajaja, me acordé que mi papá nos llevó unas tres veces a Fantasilandia, yo creo cuando hacía horas extras como chino, y cómo no era para tanto el bono estaba toda la mañana friendo hamburguesas que escondía en las mangas de un chaleco que se anudaba en la cintura, para ahorrarse la plata del almuerzo, jajaja. En esa época si que moríamos de miedo en la casa embrujada o en la monga! Uno era feliz en el splash o en el Mississipi.

      Homenaje o Repudio: Thumb up 3 Thumb down 0

  3. Siempre íbamos con mi papá a los Juegos Diana, fijo una vez al mes. Cachábamos al tiro cuando le habían pagado porque nos compraba un ticket de 10 juegos a cada una (a mi hermana y a mi) y estábamos toda la tarde subiéndonos a los juegos o mirándonos en los espejos. Cuando mi papá estaba pato, nos compraba un cartón para las dos. Cómo olvidar que en los juegos “electrónicos” salían vales que uno canjeaba por premios, como eramos chicas nos alcanzaba para canjear un peineta simil Barbie, que era el premio más humilde. Qué tiempos tan hermosos!

    Well-loved. Like or Dislike: Thumb up 8 Thumb down 0

  4. Paloma Grunert

    Yo amaba el Mundo Mágico.
    Una vez en mi liceo no me acuerdo por qué, le dieron entradas a todos los cabros del curso de abajo, que era el curso de mi hermano, los más desordenados y pinganillas de todo el liceo. Fue uno de los mejores paseos de mi vida. Los cabros no tenían ley y se colaban en la fila de todos los juegos, me colaba con ellos y ningún otro niño reclamaba porque los cabros eran terrible chorizos. Jajaja.
    Después le pegaron patadas a uno de los mágicos del ritmo, jaja!!

    Y uno de los momentos que nunca olvidaré de mi infancia fue cuando me subí con el Care’raja (Andrés, le decían así por que tenía el poto grande) y el Tetón (Ismael, era guatón con pechos) a unos carritos que volaban y nos pusimos a cantar “que pulentiiiito, que pulentito, la la la la la la la la la la lá” terrible nerds y niños. :’-)

    Homenaje o Repudio: Thumb up 3 Thumb down 0

  5. belenci

    una vez mi hermano mayor -talentosísimo él- se ganó el premio del típico concurso de dibujo de colegio pavre y fuimos toda la familia a mundo mágico. la verdá es que apenas me acuerdo, pero por las fotos yo cacho que lo pasé bien.

    del que sí tengo grandes recuerdos es de felicilandia. antes siempre se instalaba uno en un peladero que quedaba cerca de mi casa. desde que pusieron un colegio ahí, el barrio es tan triste…

    Well-loved. Like or Dislike: Thumb up 6 Thumb down 0

  6. me dio cualquier pena cuando murió mundo mágico y sus personajes, por necesidades laborales, tuvieron que desclasarse yéndose a fantasilandia. perdieron toda la magia.
    cabe destacar que el mampato se roteó (?) cuando abrió una sucursal en el quisco.

    Homenaje o Repudio: Thumb up 1 Thumb down 0

  7. En regiones íbamos al “Meli Park” unos juegos ambulantes que eran de Melipilla (de ahí el nombre) cuyo máximo atractivo era una montaña rusa con forma de dragón, el barco pirata, y sólo a la mitad de los 90s empezaron a traer tagadá, la fantasilandia de los pobres y huasos como uno. Una sola vez fui al mundo mágico cuando chico. Fantasilandia es su versión pero para adolescentes.

    Homenaje o Repudio: Thumb up 0 Thumb down 0

  8. Mundo Magico y Fantasilandia eran lo máximo, el primero enfocado en el público más infantil, el segundo en el “tineiyer” pero ambos eran el “premio” de fin de año si te portabas bien. Tengo un recuerdo medio tétrico con ambos, me acuerdo de estar entrando a mundo mágico cuando era bien pendejo con mis papás y en la boletería había una familia de como tres cabros chicos, más el papá y la mamá, todos los pendejos llorando, por que a los viejos simplemente no les alcanzaba la plata para pagarle la entrada a todos los niños (papás que hicieron mal el cálculo, se notaba que era gente humilde) lamentable por donde se le mire, me dió una pena. Y en cuanto a Fantasilandia, me acuerdo haberme subido a la atracción llamada “Missisipi” que era un barco blanco grande que ahora permanece cerrado que está en la laguna del parque. Era como una casita del terror acuática, con esqueletos fluorescentes, ruidos tenebrosos, disparos de humo repentino que te hacían cagar del susto (de esos que suenan “pSSSSSSS!!!”) ETC… también tenía un piso móvil que te hacia perder el equilibrio. A la semana siguiente me enteré que lo cerraron porque un niño había muerto la misma semana que fui producto de haberse quedado con su ropa enredada en el piso móvil, el cuál poco a poco se lo fue “comiendo” haciéndole palanca en los huesos y triturándolo hasta matarlo. Doloroso, macabro y espeluznante.

    Homenaje o Repudio: Thumb up 0 Thumb down 0

Deja un comentario