Dime dónde te sientas en el Transantiago y te diré quién eres

por Monserrat Lorca

Sobre Monserrat Lorca

Por Monserrat Lorca / Fotos por Felipe Pinto

En el mundo, la llegada del nuevo milenio trajo consigo los terrores futuristas al descontrol de las máquinas y predicciones apocalípticas. Sin embargo, en Chile esos temores no estaban siquiera cerca de la pesadilla oculta que empezaría a gestarse en marzo del 2000. Con su llegada al gobierno, Ricardo Lagos comenzaría a diseñar un plan para renovar por completo el sistema de transporte de Santiago.

Como siempre, el equipo a cargo se reunió entre cuatro paredes y muy orgullosos le traspasaron a Michelle Bachelet, al comenzar su gobierno, la misión de implementar el fabuloso plan. ¿Resultado? Desastre absoluto.

Con el fin de las micros amarillas y la multiplicación de las notas en los matinales que daban cuenta de cómo se había doblado el tiempo que los santiaguinos necesitaban para llegar a sus casas en la tarde, comenzó primero el descontento y después la costumbre.

Hoy los buses del Transantiago son parte de nuestro paisaje y todos nos hemos acostumbrado a esperarlos y a pasar incontables horas en ellos. La única gracia es que eso ha hecho emerger a los más variopintos usuarios de este transporte, plenamente identificados por cualquiera que use este medio de transporte diariamente. ¿El factor común entre todos ellos? El celular en la mano, en el que Facebook y WhatsApp lideran las aplicaciones más usadas. Pero ahí se acaban las semejanzas y comienzan las diferencias de la particular fauna micrera. Dime dónde te sientas y te diré quién eres.

mapa

1. EL ALIENADO ADELANTE

Lo tomarás apenas lo veas, ya que sabes que ahí nadie te va a molestar y puedes irte viendo el paisaje sin molestias. Eso sí, te convertirás en un miedoso paranoico, ya que verás todas las maniobras del chofer, el casi choque o colisión con el ciclista o auto. Lo bueno es que estarás seguro de que nadie te pedirá el asiento, porque si no se lo da el que está al lado tuyo, se lo darán un poco más adelante. Para egoístas y alienados.

1 alienado adelante
Miraré para afuera, así no me pedirán el asiento

2. EL ASIENTO DE LA ABUELITA

Apenas vea este cómodo y de fácil acceso asiento, el abuelito o abuelita lo tomará y nunca más lo dejará. Pondrá sus bolsas y su bastón en el lugar de al lado sin el menor remordimiento. Si no conoce la parada en que se tiene que bajar, le irá preguntando cada cierto tiempo al chofer, a no ser que este se pegue una paleteada y le avise justo.

2 asiento abuelito
No me pienso mover de acá

3. EL ASIENTO DE SEÑORA

El trono de las señoras de Chile, ubicado adelante, justo atrás del chofer y de espaldas al resto de la micro. Acá no puedes ni siquiera pensar en gozar del asiento creado para las dueñas de casa de nuestro país. Junto a sus lentes y su bolsa (o “matutera”), apenas lo vean se irán a sentar mientras guardan su tarjeta Bip! -envuelta en algún tarjetero que agarran con sus dientes mientras se acomodan-. Saben que les pertenece y lo defenderán en todos los momentos posibles, incluso si se sube una embarazada. Si eres joven, ni se te ocurra ocupar su trono, pues te encontrarás con ellas y su mirada de “ese asiento es mío”. Puede pasar que también, y en pocos casos, algunos jóvenes se sienten acá. En general será porque los asaltaron al fondo de la micro y guardan malos recuerdos. Nunca subestimes a alguien que opte por este asiento.

3 asiento señora
Mijito, ¿por qué no me da el asiento?

4. EL QUE VA PARADO

Si tomas este espacio será por dos opciones: o no te gusta irte atrás o va muy llena la micro y es el único espacio disponible. De seguro la persona que opte por este lugar se afirmará del fierro más cercano y observará el paisaje (si se ubica al lado de la ventana) o se dedicará a observar a quienes transiten por el pasillo. En la mayor parte de los casos, se irá escuchando música con sus audífonos (porque el que usa el altavoz lo abordaremos más adelante) o, en algunas y menores ocasiones, se irá leyendo. Hay gente que está todo el día sentada en el trabajo y les gusta irse parado.

4 va parado
Voy piola

5. EL ASIENTO PARA TODO TIPO DE PERSONA

Justo arriba de los escalones (coronados por un letrero en el que usualmente el “Cuidado con el peldaño” ha sido reemplazado por “Cuida el ano”) está este asiento, en el que podemos encontrar desde un abuelito, una embarazada, un estudiante, un trabajador, un NINI (ni estudia ni trabaja), un niño, un escolar hasta, bueno, cualquier cosa. Podrá ir leyendo el diario que le dieron en el metro, escuchando música (de nuevo), mirando la calle y si es viejo verde, a la chiquilla que pasa por la vereda. Cabe destacar también a los trabajadores que pasan la mayoría del tiempo en su trabajo parados y que no lograron tomar el asiento de adelante; asumen que esos están ocupados por abuelitas y, derivado de esta situación, acuden como pirañas a los asientos que se presentan en la parte de arriba de la micro.

cuida el ano
CHILE
5 todo tipo personas
Que no se suba ningún vendedor, quiero dormir

6. EL ALIENADO DE ATRÁS

Llegamos a la parte de atrás, centro neurálgico del bus y zona de carrete si es de noche y la micro es una 210. El que usa este asiento puede estar alienado por varias cosas, está escuchando música muy fuerte (de nuevo) o va leyendo. Este último estará mentalizado en entender el libro o los apuntes de la prueba que le toca dar en unos minutos más. Sabe que nadie lo molestará, a no ser que llegue el siguiente tipo de pasajero…

6 alienado atrás
Voy playa

7. EL QUE PONE REGGAETÓN CON ALTAVOZ

Este pasajero invita a la comunidad de la micro a escuchar las melodías de sus canciones favoritas, que generalmente serán coreadas por autores como Farruko, Arcángel, De la Guetto o Ñengo Flow. Llevando el ritmo a la micro, este pasajero que se sube al bus con toda la personalidad cree que su banda musical será del gusto del común de la audiencia. Entonará canciones que hablan del amor no correspondido, de la cita en la noche que tendrá con su “damisela” o del party” al que va con sus panas. Si se va pegado a la ventana, observará todo lo que pase fuera de la micro, piropeando a las “wachas” o “wachos” -como les gusta decirles- que pasen por la calle.

7 reggaetón
Si necesitas reggaetón, dale

8. EL ASIENTO DE ESPALDAS

Existe un mito en torno a esta cómoda butaca, por eso que venimos a descifrarlo con física pura. Hagan el ejercicio: si se suben a estos asientos se darán cuenta de que la micro frenará con una fuerza no menor. El impacto hará que tu cuerpo tienda a inclinarse hacia atrás. De este modo, nunca te encontrarás en zona de riesgo, a no ser que la micro acelere a tal nivel que tu cuerpo se dispare hacia adelante. Comprobado, pero esto no pasará: son más numerosas las veces en que acelera fuerte, que las de frenado continuo. Lo que sí puede pasar es que te marees o te caigas en el intento de subirte a este asiento mientras la micro va en movimiento.

8 asiento espalda
Me marea

BONUS: EL CONDUCTOR DE BUSES DE OTRA EMPRESA (EL COLEGA CHOFER)

Este trabajador se subirá a la micro, le dará la mano al chofer por el solo hecho de ser colega y se irán conversando sobre muchos temas, entre ellos la situación del sindicato o de las “máquinas”, como les dicen a las micros. En algunos casos servirá de un afanoso fiscalizador al momento en que se suban pasajeros, mirándolos a los ojos y poniéndose al lado del validador de la Bip!

bonus
No, y no sabí drama que tuvo el Pepe de la 106 con su señora
transantiago
Y tú, ¿qué tipo de pasajero eres?



4 comentarios sobre “Dime dónde te sientas en el Transantiago y te diré quién eres”


  1. El manque

    Te faltaron las viejas del pasillo, que molestan no dejando avanzar a la gente esperando a que se desocupe un asiento, y que cuando pasa, ponen el brazo en el asiento de adelante cosa de asegurarse la wuea.

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  2. Fabián Idrobo

    Jaja muy buen análisis, pero les faltaron tres ubicaciones estratégicas, las escaleras para subir a los asientos de la galería, las escaleras de la puerta de atrás y la planicie que está atrás de la puerta de adelante, son los asientos por excelencia de los que no tienen nada que perder, evasores por excelencia, adolescentes a los que ya no les importa una mancha más en sus pantalones, obreros que llegan a su casa con una lata de becker en sus manos. Rebeldes con causa, frustrados, en un sistema de transporte inhumano donde la evasión es castigada con penas mayores que a los que desfalcan al estado. Santiago tiene dos fechas de fundación, esta es la segunda, donde realmente se terminó de fundir a la clase obrera, volviéndonos seres aún más grises y poco solidarios. Con todo lo malo que tenían las amarillas al menos me queda la sensación de que había algo más de humanidad y honradez, no de los empresarios, ladrones de turno; sino de la gente, que incluso cuando subían por atrás pasaban la plata ayudados por el resto de pasajeros para pagar el pasaje, o del clásico, me lleva por 100, que más que evasión era un acuerdo de caballeros.

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  3. Te faltaron los que van con coche de guaguas, podrían incluirse los carros, pero el transantiago aunque nadie lo mencione,trajo algo bueno, que es los espacios para discapacitados, aunque las rampas no funcionen, ahí están, nunca antes esas personas pudieron viajar en micro. Pero tenemos a estas “mamitas” que siempre piensan en el bien de bebé y vas todo el viaje con la guagua ocupando el espacio del discapacitado, anda a pararte tu ahí, por que con la pura rueda del coche te va a aplastar el pie para que te ascurras y te corras. Repudio! Y doble repudio a cuando las minas dejan el coche ahí (con guagua incluida) y se van a sentar.

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