Educación y selección en tres actos

por Nelson Sepúlveda

Sobre Nelson Sepúlveda

Por Nelson Sepúlveda

 

1er acto. La selección que no conocí

Al colegio que fui se llama Liceo Manuel Arriarán Barros (LAB), le decían el Bosco (inclusive el San George de la Cisterna, jajajajaja) y era un centro de atracción juvenil en la Grana (fútbol, religión y chiquillas/os).

Los curas nos hicieron creer que la cosa era diversa y que había que respetarla, cada uno en la suya, pero siempre ayudándonos. La solidaridad siempre es lo primero…

En mi curso los más porros se sentaban con las lumbreras, que luego sacarían puntajes nacionales y serían ingenieros, doctores o médicos de la Chile u otra pública o privada, ninguno de la PUC.

Algunos vivíamos por ahí cerca, otros lejos, otros sin plata ni pa comer y otros con mejor situación. No nos repelíamos, sólo jugábamos y sufríamos las penurias de la adolescencia. Siempre juntos…

2° acto. La selección que conocí

El mundo me cambió cuando entré a la U. Ya pocos jugaban en clases y muchos sabían más que yo. Sentí mi comuna, mi clase y mis valores. Varios quisieron subir rápidamente y se alejaron, porque es mejor olvidar ese pasado que huele a pobre. Es mejor olvidar el olor a coquito a la estufa, los zapatos rotos, el 558 o 527 del teléfono y el Liceo en el curriculum. De todos modos, nos apiñamos los juleros del curso, los de comunas periféricas (“los mismos” pero más lejos) y hasta el día de hoy andamos dando jugo juntos.

3er acto. La selección nos junta con los juleros de siempre

En el trabajo, no ha sido muy distinto. Muchos funcionarios públicos vienen de barrios similares, porque la mayoría de los barrios de Santiago son iguales: grises, llenos miedos y con gente pateando piedras.

Jutxs por siempre
Jutxs por siempre

Conclusiones y/o moralejas…

1) La intersección de estos tres mundos es similar: ¡nadie tiene casa en la playa! ¡Un símbolo del medio pelo!
2) La agrupación se mantiene en la clase con breves espacios de compartir con distintos.
3) La selección es un arma fina y afilada, una instancia perversa que corta a unos de otros para protegerse, por un “miedo horrible a la pobreza”. Eyzaguirre tiene en parte razón, el nombre del colegio pega, igual que una mejor comuna con niños “más claritos” y con mejores redes.
4) Todavía no sé qué es calidad en educación, es como calidad del amor, como que un producto certificado nos hace mejores personas.
5) Con el colegio se pagan las redes, los amigos más útiles y las mercancías más brillantes.
6) En definitiva, estamos los mismos con los mismos, porque:

“La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo y en estas mismas casas encanecerás. Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes- no hay barco para ti, no hay camino.” (Konstantino Kavafis)

O como diría el dicho: “mona que se viste de seda, mona queda”.




5 comentarios sobre “Educación y selección en tres actos”


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  1. Muy buen retrato de la vida, Nachín, Qué cierto y descriptivo eso de que a penas uno entra a la universidad, instintivamente busca y se agrupa con los weones que son como uno,, casi por intuición y de forma instintiva, esos 4 o 5 que no se han subido a un avión, que no se quedan hasta el final del carrete ni van a su continuación porque se vive a la chucha, y así. Mención especial si la vocación pesó más que el cálculo de costo/beneficio y se terminó estudiando una carrera de futuro incierto, en la que los con trabajo digno se lo deben a herencia familiar o redes: el círculo pareciera que se mantiene para siempre cerrado al barrio y los amigos del colegio. Lo que en sí no es malo, para nada, pero demuestra el determinismo social perverso de la sociedad en que vivimos.

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