Homenaje a 10 juegos electrónicos que nos acompañaron en nuestra infancia

por Paloma Grunert

Sobre Paloma Grunert

Hace unos años, en la bella vida, no habían tantas personas inventando tantas cosas, ni esas cosas eran tan importantes o asequibles para nosotros, los nacidos por ahí por el durante y después del terremoto del 85 y antes de la llegada de la “democracia”. La infancia era más pausada y provechosa, nutriéndose de actividades físicas tan enternecedoras y educativas como “El palo y el burro” o “El sooo”. También existían dinámicas referentes al álbum de turno (jugar laminas, a la verdad y a la mentira / sacar pica por tener la lámina clave / vender lámina clave/ lámina holograma /cambiar láminas / ir a Salo a comprar las que faltaban y cagar la magia) o las promociones temporales de Evercrips en sus tóxicoloridas variedades (no olvidar a Filitos o Chirricos, hoy extintos).

Pero sin duda, lo más alto a lo que podía llegar todo niño, después de Fantasilandia, Mundo Mágico y Los Juegos Diana, era “IR A LOS JUEGOS ELECTRÓNICOS” también conocido como “IR A LOS VIDEOS”/”IR A LOS FLIPPERS”. Práctica cívica sobre todo en poblaciones y que, durante las vacaciones en la playa, aparecía como panorama icono después de la once -cuando la familia bajaba a la lotería- o como alternativa a los días nublados, habituales en el litoral central..

Sin ánimos de melosa nostalgia (estamos chatos de la moda noventera, nuevamente el mercado se apropia de símbolos under) queremos hacer un escarmiento social a los hábitos tecnológicos de hoy y recordar 10 juegos de máquina y computador que nos causaron placer, tensión y mucha pica. Programas que pese a sus colores bastardos, gráficas miserables y sonidos monoaurales, lograron pixelar nuestro corazón en limitadas (plata pa las fichas) jornadas veraniegas y barriales, donde exhibíamos toda nuestra pulenta mini-lolería.

 

Rally X 

Juego bendito, uno de los símbolos de nuestra infancia. Sin duda la música es un elemento importante en Rally X, aquella melodía inolvidable, mezcla de inocencia y alegría, pero a la vez desesperante, repetitiva y tensa, como queriendo decirte “hay cuatro autos rojos que te están persiguiendo, sé feliz”. Era horrible, pero hermoso. Siendo niños, nos sometíamos a ese morbo de ESCAPAR y APURARNOS (tal vez Rally X quería aleccionarnos sobre tópicos de la adultez). Los más inexpertos/temerosos avanzaban puro tirando humo, por todos lados humo y humo, si bien resultaba una medida parche, al momento de aparecer un auto rojo ya no quedaba humito y la explosión era inminente.

 

Prince of Persia

Qué nivel, dios mío. Prince of Persia era una obra maestra de juego, con música envolvente, desconocida y misteriosa, rostros sin cara, movimientos suaves y precisos. Silencio. Detalles. Sonido ambiente. La muerte de Prince era algo realmente espantoso, más aún que los Fatalitys del Mortal Kombat, porque en Prince of Persia, lo que más primaba en esas gráficas minimalistas, era la realidad. La muerte graficada en su más sencilla pureza. Larga vida a Prince of Persia y su desafío a la inteligencia y al método de quien osaba jugarlo.  

 

Cadillacs y dinosaurios 

Si eras niñas elegías a Hannah y si eras hombre, elegías a Jack. Al menos así lo hacía la mayoría. Pero a veces, luego de que te mataran, metías una ficha y te tocaba uno aleatorio (random). Era bacán este juego, porque unía a hombres contemporáneos y a dinosaurios en un mismo tiempo. Además, los enemigos eran punkys desadaptados que se habían unido a pandillas comandadas por un traficante en las sucias calles de Nueva York. Bonus si lograbas tomar la bazooka. Repudio al que despertaba al dinosaurio durmiendo y homenaje a los niños/niñas que, jugando de a dos, le pegaban al compañero de juego.

 

Duck Hunt 

Clásico de aquellos, uno de los primeros de Nintendo. Lo bacán era la incorporación de esa pistolita blanca. La simpleza de este juego contrastaba con el -hoy de moda- cuidado del medio ambiente, ya que incitaba a la caza indiscriminada de patos silvestres y a la esclavización del perro, que además de ser un soplón para con su especie animal, se reía de ti si fallabas. Al final, ni siquiera te llevabas a los pobres patos, por último para cocinarlos y darle sentido a la muerte; pero nada, juego feo y malo.

 

Prehistorik

En esos años, los dinosaurios estaban de moda: Jurassic Park, Piecito, la genial familia Dinosaurios, los Dinoplativolos , Denver, etc. Y asimismo, los prehistóricos, en la jerga popular llamados “cavernícolas” no se quedaban atrás. Inolvidable es el clásico Wonder Boy (ver aquí), aquel niñito rubio cavernícola que andaba en skate, infaltable en los juegos electrónicos. Pero Prehistorik marcó trascendencia: era bacán, porque el monito parecía muy buena onda, estilo hippie sesentero, con pelo largo, siempre feliz y jadeando. Lo más entretenido era cuando saltaban hamburguesas, frutillas, donas, joyas y había que correr para alcanzarlas.

 

Out Run 

De los primeros juegos de computador, el Out Run tuvo, con los años, una versión más moderna y que te permitía poner música en la radio, además de incorporar paisajes coloridos y sexys californianas en bikini que daban la partida. Pero este es el clásico, con sonido de celular polifónico y gráfica de tres colores. Era fácil y monotemático. Hoy: añorable.

 

Pong

Parece chiste, pero sí, jugábamos a esto. Al menos aquellos que tuvieron Atari en sus primeras versiones. El papá se cachiporreaba aludiendo a la tecnología y al “ya niños, miren lo que les traje” y pasaba un cassette plomo con etiquetas amarillas donde venía el Pong. En esos tiempos resultaba totalmente adrenalínico y emocionante, wow, no había que dejar ir esa pelota! Pero hoy parece terapia para gente con stress o diversión de monjes budistas. Terrible arcaico.

 

SkiFree

¡¿Por qué aparecía ese monstruo?! ¡¿Por qué decidíamos jugarlo si sabíamos que el monstruo iba a aparecer?! ¿Alguien alguna vez zafó del mosntruo? ¿Cuál es la finalidad del juego? ¡¿Cómo se gana?!. Muchas incógnitas indescifrables y dolorosas rodean al SkiFree. Tal vez, la intensión de sus creadores era simplemente hacernos cagar la mente y proponernos una nueva forma de diversión: el absurdo, lo fatídico inevitable, la metáfora austera de la vida: por más que corras, perderás. Era terrible darse cuenta que ya llevabas mucho tiempo descendiendo y que en cualquier momento aparecería esa bestia desbocada. Desde que hacía su aparición hasta que te devoraba de cabeza, eran los segundos más intensos del juego. Ese era el juego. Quizá allí radica su gracia: el placer del masoquismo.

 

Speed Race

Inocentemente apostabas tus fichas a este juego, atraído por su armazón a la usanza de un auto. Te acomodabas dentro de una fantástica cúpula negra, con manubrio y palanca de cambio y empezaba la frenética carrera. Era una tensión constante, primero por el ruido ensordecedor del motor, luego por el zigzagueo de los autos y la locura de esquivarlos a velocidad full. Repudio a cuando se hacía de noche y sólo dependías de tus luces. Repudio a chocar y quedar aplastado mientras todos pasan por encima tuyo. Un juego oscuro, con predominación de colores opacos y tristes, especial para gente con depresión o futuros suicidas.

 

Wolfstein

Ícono de todo niño y niña de los noventa, y el primer acercamiento pobre a la llamada “realidad virtual”. Es una obra en cuanto a diversión. Dotado de muchas etapas, complejos laberintos e instinto de valentía y supervivencia. El Wolfstein permitía cierto grado de realidad al hacerte dueño de las manos que sostienen la pistola y al enseñarte, en la barrita inferior, tu estado de salud según el deterioro de tu cara. Además, era bacán porque peleabas contra Hitler y los nazis (símbolo de maldad histórico y transversal, sobre todo en los noventa, al ser la única maldad conocida por los niños: Estados Unidos era bacán en ese tiempo, y Pinochet era tema tabú para algunos papás). Homenaje a los sonidos que emitían los soldados al morir como “uojoh”, “ahhjí”, “aaggjj”, o “¡brian!” cuando te veían.  Repudio a matar a los perritos nazis.

 

Bonus Track: Pacman (por ser un clásico) Donkey Kong y Mario Kart (juegos que hacían picarse al dueño de la consola y terminaba acabronándose, apagándola o echando a los amigos) y la revolución del Street Fighter y el Mortal Kombat, que congregaban a decenas de niñitos al rededor de la máquina, viendo cómo jugaban los más grandes (lolos).

 

 




22 comentarios sobre “Homenaje a 10 juegos electrónicos que nos acompañaron en nuestra infancia”


  1. Pablo Romo

    Yo les traigo varios:

    Supaplex: https://dl.dropboxusercontent.com/…/clasicos/supaplex.png

    Skyroads: http://www.pcgaming.ws/screens/3/skyroads.gif

    Commander Keen: http://www.lgdb.org/…/files/node_images/2314/3930.jpg

    Adventure Island para los que tenían Creation: http://2.bp.blogspot.com/_nCj9FNcQ0xQ/SwgEDxlgX7I/AAAAAAAABrc/dBufLcSnSss/s1600/adventure_island_2.jpg

    Keystone Kapers para los que tuvieron Atari:

    http://www.gamesdbase.com/Media/SYSTEM/Atari_5200/Title/big/Keystone_Kapers_-_1984_-_Activision.jpg

    Uno más actual: Moto Racer – http://sponac.com/wp-content/uploads/2014/06/Moto-Racer-1.jpg

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  2. Homenaje Eterno a los juegos Diana y Centauro en San Bernardo.
    Antro de delincuencia y drogadicción según las mamitas, diversion y cimarras para los que odiabamos el colegio.
    Recuerdo con nostalgia no ir al colegio, irme a la plaza, tomarme un helado en la mañana con mi abuelo que iba dias enteros a charlar ahi, y despues con $500 irme toda la tarde a “los videos”.
    ¿alguno se acuerda de los videos que estaban al lado del San Francisco en la plaza San Bernardina?

    Que bonita infancia tuve.

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  3. Lindo post. Homenaje al conocido y extinto “Itakis” (no se como se escribía), de El Cortijo Conchali. Maquinas con juegos desde los ochenta a finales de los noventas, fichas a $30, taca-taca, flipers, pool, humo de cigarro en las tardes y filas de niños haciendo la hora para que abrieran el local en la tarde. Repudio al dueño que lo convirtió en un lubricentro y a la inflación por subir el precio de las fichas hasta $70, según lo ultimo que recuerdo.

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  4. Siempre soñé de pendejo tener una máquina de vídeos en la casa. Pensar q hoy en día tengo el emulador de esa wea con todos los juegos clásicos y con cuea lo pesco jajaj

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  5. La Corín Tellado

    Yo siento que acá faltó el Street Fighter 2 que es un clásico-clásico de los arcade. No concibo que se les haya ido. Me encantaba ir a los “videos” de la vuelta de mi casa y mirar cómo jugaban los weones que eran más grandes que yo, y que indiscriminadamente, me volaban la raja con Ryu. Amor profundo al Cadillacs and Dinosaurs. Me lo vine a dar vuelta una madrugada de invierno mediante el apañador emulador Snes.

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  6. Con el prehistorik 2 destruimos el -en ese entonces- valioso teclado del computador de la casa a puros mazazos cavernícolas 🙂 (si, porque antes eso de tener un computador pa cada uno era una wea que ni siquiera se te pasaba por la cabeza).
    Wolfenstein, como olvidarlo…uno de los únicos 2 juegos que me he dado vuelta en la vida, junto a plantas v/s zombies.

    No es na la feria: saudade a la vena.

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  7. Años mas tarde me enteraría que cuando aparecía el mounstro en el SkiFree tenias que apretar la S para ir mas rápido y arrancar de él.
    Homenaje al clásico juego de pool, ese en el que las chiquillas se iban quitando la ropa cuando ibas pasando de etapa.

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