Homenaje a 12 artículos escolares bacanes de la infancia

por noesnalaferia

Sobre noesnalaferia

Cuando uno era niño y la avalancha publicitaria comandada por Fernando Larraín disfrazado de pescador artesanal avisaba la llegada de marzo, mediante ofertas para pagar el permiso de circulación o para repactar deudas con los bancos, lo único que nos importaba era el cambio absoluto de estilo de vida que implica “volver al colegio”. Y como en Noesnaenlaferia no nos quedamos fuera de las ceremonias relevantes de nuestros líderes del futuro, hoy homenajeamos a los artículos más importantes en esos días en que el olor a cotona nueva era el aroma protagonista de la vida.

Mientras más crecía el país y por lo tanto, más amplia era la oferta para llegar a tirar pinta al Séptimo A, la competencia por ser el más bacán del curso se tornaba aún más ardua. La lista de útiles que nuestro equipo presenta a continuación ha sido ordenada cronológicamente para que no se espante si su jovialidad o vejez no le permiten entenderlos.

1- Estuche-zapatilla: En un minuto, sacar un lápiz o una goma de un estuche con forma de zapatilla chapulina (estilo Converse) era lo que la llevaba. Ahora, si la zapatilla-estuche era multicolor, te convertías inmediatamente en la envidia del Séptimo B.

2-Mochila de mezclilla: Por ahí por el 91′ su uso se institucionalizó, y por el 95′ su compra era parte importante de la ceremonia de pasar a la “jornada de la mañana”. Eran la sensación del bloque, y quienes la tenían validaban su paso de niño a “lolo”. Había muchos tipo de azules para comprar y generalmente traían una muy mula placa “Ranglers”. Los cabros que usaban la de tonos negros eran los más flojos del curso, o en su defecto: metaleros (en la media sobre todo).

3- El lápiz gordo que traía todos los colores de lápiz pasta

Prestarlo era un acto kamikaze. Todo el curso quería tenerlo. Este lápiz era difícil de encontrar y siempre tenía una cobertura transparente. A veces se atascascaban dos colores juntos, y había que abrirlo y subirle los palitos. Hoy al parecer está en extinción.

4- El lápiz corrector: Todos quedaban locos cuando el profesor sacaba de su estuche de cuero un lápiz que no era lápiz, sino una goma larga que borraba tinta de lápiz pasta. Este artículo al parecer era muy caro, porque nuestro equipo no lo encontró jamás en las manos de un alumno.

5- Liquid Paper versión lápiz: Es un paso fundamental. Pasar del corrector de pincel al modernísimo lápiz blanco con guata era incluso un reflejo de ascenso social. Además el Liquid Paper, llamado top y arribistamente “Licuid”, no dejaba grumos ni dedos manchados. Cuando el fierro que tenía metido adentro sonaba como metralleta, se había acabado el sueño, porque obviamente los papás te lo compraban sólo una vez (si es que) y de ahí de nuevo volver a pedir a viva voz “¡¿quién me presta el corrector?!”. Luego apareció el Liquid-Roller, corrector con forma de caracol que se aplicaba como una cinta adhesiva. Fracasó por su diseño y por que se salía como un scotch.

6- Estuche de lata: En la primera etapa del animé (Ranma, Sailor Moon, Los Caballeros del Zodiaco), se estilaron los estuches minimalistas de lata. Una cajita de metal con bordes redondos y motivos japoneses-tiernos. Si tenían una ventanita redonda en la tapa o una bandeja adicional, aumentaba su esplendor. Estos fueron los sucesores de unos estuches que mantenían el estilo “caja” pero eran de plástico, forrados con motivos acolchonados y de apertura magnética. La gracia estaba en que tenía útiles incorporados: al apretar un botón aparecía el sacapuntas (con recepcionador de basura incluído) y también llevaba goma, regla, lupa y un cajoncito extra para guardar clips.

7- Zapatillas Donors de colegio

causaron furor

Una vez instalada la moda del terraplén impuesta por las Spice Girls, que llegó a Chile en las zapatillas Donnors de variados colores y hormas, el mercado escolar lanzó las Donnors para el colegio. De inmediato, gran parte de las niñas del curso apareció repentinamente más alta. Las Donnors de colegio eran bacanes porque mantenían la norma del zapato negro, pero con el tremendo terraplén de goma. Mientras más números tuviese el nombre del colegio, más Donnors se podían encontrar en sus patios, y si llevaban polainas en su parte superior, cuánto mejor.

8-Lápiz-goma: Un lápiz que en vez de tener pasta o minas, tenía una torre de gomas. Era bonito por su diseño transparente y motivos chinos. Si una goma cumplía su ciclo, se sacaba y se metía por la parte de atrás, empujando a una nueva gomita. También existieron en versión portaminas.

9- Lapices de cera Jovi Rhein: El jingle “Jovi Rhein, Jovi Rhein, todo me sale y me sale bien” ahora nos puede parecer perno, pero quién no lo cantó en su época. Incluso, daba paso a modificaciones amateurs que hacían gala de una creatividad que sólo un niño puede poseer: “Jovi Rhein, Jovi Rhein, todo me sale y me sale mal“. El lápiz de cera nunca fue un elemento agradable de ocupar: las manos quedaban grasientas y los dibujos, feos (a alguien le quedó bonito alguna vez un dibujo con esos lápices del grosor de un dedo gordo?), pero lo guardamos en nuestro corazón porque estuvo fijo en todas nuestras listas de útiles escolares, cada marzo hasta séptimo-octavo básico. Su equivalente cuico eran los lápices pasteles, llamados arribistamente “pentels” (por su marca).

10- Zapatos Teener: Nivel intermedio entre el arribismo de usar zapatos de colegio Cat y la indignidad de usar su copia que vendían en el persa, Gat, el zapato Teener debía ser cambiado cada marzo, pues se desgastaban por tanta pichanga y “bautizados” que sufrían. Sus competidores no tuvieron tanto éxito: Pluma y Jarman.

11- Chalitas Pelo Lais: Nacieron desde el barrio alto, pero rápidamente se expandieron por todo Santiago. Eran unas chalitas-zapato con la zuela de goma de color café claro. Usarlas le subían los bonos en alrededor de 50% a una mina.

Con respecto al artículo número 12, nos fue imposible ubicarlo cronológicamente ya que existen desde tiempos inmemoriales.

12- Cuadernos de marcas pencas: Mientras los bacanes del curso llegaban con cuadernos envidiables: Torre, Austral o Rhein universitarios, de tapa dura y hojas blanquísimas, con diseños ad hoc, como Colo Colo, Dragon Ball, Taz o los Backstreet Boys en el caso de las mujeres, los desdichados llegaban con cuadernos pésimos, Auca, Mistral o derechamente sin marca, de hojas amarillentas y tapa que se doblaba con facilidad y por el interior no tenía los clásicos recuadros para poner el nombre, el “establecimiento” y el a quién llamar en caso de emergencia. Los diseños eran bien fomes y parecían fondo de pantalla de Windows: un tipo haciendo motocross, una flor cualquiera. Pero nada era más fome que el peor de los diseños: el cuaderno de un solo color, LISO. Los cuadernos pencas se vendían por lote y cuando la mamá veía el precio en el supermercado el niño cagaba con todos los cuadernos bacanes de luca cada uno que ya tenía elegidos en la mano.




8 comentarios sobre “Homenaje a 12 artículos escolares bacanes de la infancia”


  1. Aunque no se llevara al colegio falta el maletín con un montón de lapicitos y hasta temperas que te regalaban en el ETC por llamar. La llamada salía la módica suma de 200 pesos el segundo IVA incluido.

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  2. SpaZz

    Nada, absolutamente NADA, va a superar a los sacapuntas varitech que vendian cuando era chico, sencillamente eran lo mejor que se podia obtener para jugar mientras se estaba en clases

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  3. mazúrquica

    el estuche donde se afirmaban los lapices con elastico??, los lapices paper mate!!!??, las gomas con olor ( que eran de plastico y no borraban ), etc, etc…

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  4. Les faltó la infaltable regla, y/o sacapuntas con hologramas. Generalmente la regla tenía 3 escenas, y el sacapuntas era con forma de tele. Cuando movías estos artículos, veías como los monos cobraban vida. Un verdadero clásico!

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